(SALTA).- (Por Diego Nofal)- La jueza salteña Mariana Catalano admitió públicamente que le gustaría integrar la Corte Suprema de Justicia, aunque aclaró que, hasta ahora, solo se trata de un trascendido periodístico sin ninguna propuesta formal. La magistrada de la Cámara Federal de Apelaciones de Salta reconoció que la mención de su nombre la tomó con cautela y sin demasiado entusiasmo desmedido.
El periodista Carlos Pagni incluyó a Catalano en una lista de posibles candidatas al máximo tribunal junto a otras dos mujeres de probada trayectoria judicial en el ámbito federal. La repercusión fue inmediata en los pasillos de tribunales salteños, donde algunos ya imaginaban a la jueza desfilando por los pasillos de la calle Talcahuano en Buenos Aires.
Sin embargo, la propia protagonista se encargó de bajarle la espuma al asunto con una honestidad que resulta casi sospechosa en el ambiente judicial. “Uno se siente congratulado de que lo mencionen, pero lo recibí como eso, como un trascendido, como una noticia periodística”, declaró Catalano con una prudencia que ya quisieran muchos funcionarios.
La jueza también dejó en claro que cualquier designación depende exclusivamente de una decisión presidencial y de un posterior acuerdo en el Senado con mayorías agravadas de dos tercios. Traducido al idioma de la política real, eso significa que su sueño podría quedar archivado en el mismo cajón donde descansan promesas electorales y proyectos de ley que nunca vieron la luz.
“Para mí sería un alto honor, es el sueño de mi vida, obviamente, como mujer, como idealista, como estudiosa del derecho”, afirmó la magistrada con una sinceridad que contrasta con la frialdad habitual de los tribunales. Acto seguido, agregó que le bajó los decibeles porque no hay nada concreto y que el año que viene será electoral, lo cual convierte cualquier nominación en una verdadera lotería.
Catalano también reclamó que la próxima nominación contemple la posibilidad de incorporar a una mujer al máximo tribunal, una demanda razonable en un país donde la justicia federal sigue siendo un club con demasiados socios de corbata y pocas integrantes con falda. Su planteo resulta oportuno, aunque llega en un contexto donde el Gobierno parece más preocupado por acomodar piezas políticas que por equilibrar géneros.
El sueño de la jueza salteña sigue siendo eso, un sueño que depende de decisiones ajenas y de un calendario electoral que promete complicar cualquier intento de renovación en la Corte Suprema. Mientras tanto, Catalano seguirá despachando fallos en Salta y esperando que algún día su nombre deje de ser un simple trascendido periodístico para convertirse en una realidad institucional.