(SALTA).-(Por Diego Nofal)- Juan José Esteban, diputado provincial y ex ministro de Salud, contra Federico Mangione por los suicidios en Salta, mencionó 433 notificaciones relacionadas con suicidios durante el primer semestre de 2026. El diputado aclaró que el número reunía intentos y muertes, pero que no estaba desglosado por tipo de evento, un detalle no menor que cambia completamente la lectura de la cifra.
El dato no equivale a 433 fallecimientos, aclaró Esteban, quien explicó que no tenían el dato concreto de cuántas notificaciones pertenecían a intento y cuántas al desenlace fatal. Esta precisión, que debería ser básica en cualquier debate serio sobre salud pública, parece haber sido obviada por quienes difunden números sin contexto.
Esteban contrastó esa cifra con una declaración atribuida al ministro de Salud Pública, Federico Mangione, quien habría afirmado que los suicidios se redujeron un 28 por ciento. El diputado dijo desconocer el origen de ese porcentaje y señaló que no contaba con cifras discriminadas para compararlo, lo que deja en el aire la pregunta de dónde salió ese dato tan redondo.
Según Esteban, el año 2025 había registrado la mayor tasa de suicidio de la provincia, aunque la entrevista no aportó números, período de comparación ni una fuente estadística para verificar esa evaluación. El exministro consideró necesario ampliar la atención psicológica y psiquiátrica en distintos puntos de la provincia y dijo que estamos llegando tarde al referirse a la asistencia de personas en situaciones críticas.
El cruce entre Esteban y Mangione por los suicidios expone una realidad incómoda, que es la falta de datos confiables y actualizados para abordar un problema tan delicado. Mientras los funcionarios se tiran números como si fueran pelotas de tenis, las familias salteñas siguen esperando respuestas concretas y servicios de salud mental que realmente funcionen.
El exministro pidió un trabajo conjunto entre el sistema público, las organizaciones sociales y la comunidad, y también mencionó la necesidad de actualizar la legislación de salud mental y de fortalecer la atención comunitaria. Todas propuestas razonables, aunque suenan a discurso repetido cada vez que el tema vuelve a la agenda mediática por una tragedia.
Lo que queda claro es que el debate público sobre los suicidios en Salta necesita más rigor y menos chicanas políticas. Las cifras no son trofeos de gestión ni armas arrojadizas, son la expresión de un drama humano que exige ser tratado con la seriedad y la responsabilidad que la sociedad salteña merece.