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Política

Con sede y oficina, Julio San Millán toma posesión del PJ de Salta

El dirigente asumió la conducción partidaria tras un proceso que terminó en una lista única y generó cuestionamientos dentro del peronismo salteño.

Partido Justicialista

(SALTA).-(Por Diego Nofal)- Con sede y oficina, Julio San Millán toma posesión del PJ de Salta, y ya no quedan más pasos por cumplir. Le fue entregada la sede partidaria, los sellos, y es ahora el nuevo mandamás del Partido Justicialista de nuestra provincia, un título que suena imponente aunque el camino para llegar hasta ahí haya sido todo menos ejemplar.

El viejo dirigente justicialista asegura que llevará una gestión de puertas abiertas, algo que suena bastante raro habida cuenta de que llegó al poder al frente del partido mayoritario de la provincia de una manera bastante cuestionable. Prácticamente fue elegido a dedo por el gobernador de la provincia, que tal vez ni siquiera esté afiliado al Partido Justicialista de Salta.

Recordemos que luego de una primera intentona donde se presentaron alrededor de 24 agrupaciones políticas con la intención de conducir el Partido Justicialista de la provincia, el proceso terminó con una lista única y un dedo señalando al elegido. En Salta nadie se compra el discurso de la apertura democrática cuando las decisiones se toman entre cuatro paredes y a espaldas de la militancia.

Resulta profundamente contradictorio hablar de apertura y democracia partidaria cuando se llega al sillón mediante una intervención a rosca, sin elecciones internas transparentes y definiendo a la dirigencia entre unos pocos iluminados. La militancia peronista, esa que pone el cuerpo en cada elección, merece algo más que ser espectadora de cómo se reparten los sellos partidarios.

Mientras la estructura peronista busca reordenarse para no perder presencia ni cajas de cara a los próximos turnos electorales, los vecinos de a pie ven cómo los mismos de siempre se reparten los espacios de poder sin aportar una sola solución a los problemas reales de la provincia. El PJ de Salta parece más preocupado por su propia supervivencia que por los salteños que dice representar.

San Millán tendrá la oportunidad de demostrar que su conducción no es un simple apéndice del poder provincial, pero las señales iniciales no son alentadoras. La política salteña necesita partidos fuertes y democráticos, no estructuras vacías que se activan cada dos años para repartir candidaturas y después volver al ostracismo.

La sede y los sellos ya tienen dueño, pero la legitimidad de esa conducción sigue siendo una asignatura pendiente. El peronismo salteño tiene una deuda con su propia historia y con los ciudadanos que alguna vez creyeron en un proyecto de justicia social que hoy parece más un recuerdo que una realidad concreta.