(SALTA).-(Por Diego Nofal).- En un nuevo capítulo de la política salteña, Juan Manuel Urtubey volvió a instalar el debate sobre el uso del látigo gubernamental y el rol de la justicia en Salta, un tema que parece sacado de una comedia costumbrista más que de un expediente judicial.
El exgobernador calificó la investigación contra Emiliano Estrada como una causa desopilante y se preguntó cómo es posible que en un país donde muchos se robaron hasta las cenizas de los ceniceros exista tanto celo por una tiza en clase. «Este señor está haciendo todo un proceso de investigación porque tiró tiza en clase, digamos, vamos a ser honestos», disparó Urtubey, con esa honestidad brutal que solo aparece cuando el acusado es ajeno.
En un país donde la impunidad es moneda corriente, resulta casi conmovedor que la justicia se tome tan en serio una denuncia por acción política, esa vieja costumbre de usar asesores para tareas que nada tienen que ver con su función legislativa. «En un país como la Argentina, la discusión es algún asesor o empleado suyo laburaba en acción política con el funcionario, cosa que hacen casi todos los gobiernos que yo he visto», recordó el exmandatario, como si describiera el clima laboral de cualquier repartición pública del país.
El exgobernador también admitió haber sido víctima de fake news y criticó las feas reglas de juego de la política, aunque se cuidó muy bien de no señalar culpables directos en la causa. «Yo mismo fui perjudicado porque a mí también me criticaron en esa fake news o noticias falsas o lo que sea», expresó, dejando flotando en el aire esa duda razonable que todo político experimentado sabe instalar cuando le conviene.
A pesar de su defensa, Urtubey aclaró que respeta el accionar de la justicia y que la causa no le parece un chiste menor, aunque consideró fuertísimo que un proceso de investigación criminal se active por una denuncia que, según él, pertenece al barro cotidiano de la política. «De ahí a todo un proceso de investigación criminal y demás, me parece fuertísimo, vamos a ser honestos», sostuvo, como si la honestidad fuera un recurso retórico y no una virtud que se ejerce.
El exgobernador también apeló a la ironía para reclamar la misma celeridad en otras causas que, según él, siguen durmiendo en los cajones de Tribunales mientras el país se desangra en escándalos que nunca llegan a juicio oral. «Me gustaría que la justicia argentina esté investigando muchas otras cosas, no se sabe nada», afirmó, con esa nostalgia selectiva que solo los políticos en problemas saben invocar a tiempo.
La causa por la tiza ya dejó de ser una anécdota escolar para convertirse en un espejo donde la dirigencia salteña se mira y, con una sonrisa incómoda, descubre que el chiste lo vienen contando desde hace demasiados años sin que nadie se anime a cambiar el final.