(SALTA).- Los números de Emiliano Durand tienen algunas particularidades difíciles de ignorar. La Municipalidad de Salta presupuestó casi US$3 millones para renovar la plaza Gurruchaga, mientras que para avenida Belgrano calculó apenas US$1,14 millones. La diferencia supera los US$1,8 millones. Una plaza demandaría bastante más dinero que una intervención sobre una de las principales avenidas de la ciudad. Y los antecedentes de ambas obras agregan nuevos interrogantes.
Las cifras figuran en las propias licitaciones municipales. La plaza Gurruchaga tiene asignados $4.575 millones y avenida Belgrano, $1.754 millones. Al dólar vendedor del Banco Nación del 16 de octubre, representan aproximadamente US$2,98 millones y US$1,14 millones. Dicho de otra manera, la gestión municipal presupuestó dos veces y media más dinero para una plaza que para una avenida. Una aritmética que, por lo menos, merece una explicación bastante más convincente que los habituales anuncios oficiales.
También están las dimensiones, un detalle que vuelve más curiosa la comparación. La plaza Gurruchaga ocupa una manzana, mientras que avenida Belgrano se extiende aproximadamente 25 cuadras, es decir, 50 frentes si se consideran ambas veredas. No son obras idénticas, naturalmente. Pero la Municipalidad tampoco aclara en su convocatoria desde qué calle hasta cuál piensa realizar la renovación. Los vecinos conocen el presupuesto, aunque no la extensión exacta de los trabajos.
Gurruchaga y una historia hidráulica que se repite
La plaza tiene, además, un antecedente que resulta imposible pasar por alto. En agosto de 2024, la propia Municipalidad anunció que había terminado las mejoras hidráulicas de Gurruchaga. Se instalaron nuevas rejas de captación y conexiones para aprovechar una cisterna de cuatro millones de litros. Aquellos trabajos fueron presentados como una solución para mejorar el escurrimiento del agua durante las lluvias. Apenas dos años después, el mismo lugar vuelve a necesitar una intervención millonaria que también comprende obras hidráulicas.
La nueva licitación contempla captación, conducción, bombeo e impulsión de agua, además de la renovación integral del espacio público. Y aquí aparece una incómoda pregunta: ¿qué ocurrió con las mejoras anteriores? ¿Fueron insuficientes o ahora se pretende ampliar el sistema? También sería interesante conocer cuánto se gastó entonces y qué parte de los casi US$3 millones corresponde exclusivamente a trabajos hidráulicos. No parece una curiosidad menor cuando se trata de una infraestructura intervenida recientemente por la misma administración.
En avenida Belgrano, las cuentas tampoco son demasiado tranquilizadoras. El presupuesto original era de $1.473 millones, pero menos de dos meses después apareció otro de $1.754 millones. Son $281 millones adicionales, un incremento del 19,1%. La primera contratación quedó sin efecto y fue reemplazada por una licitación pública. El salto presupuestario resulta considerable y todavía falta conocer qué modificaciones técnicas o económicas provocaron semejante diferencia en tan poco tiempo.
Hay otro dato pendiente. La apertura de ofertas para avenida Belgrano estaba prevista para octubre, pero en las publicaciones consultadas no pudo confirmarse qué empresas participaron, cuánto cotizaron ni si alguna resultó adjudicataria. Tampoco se conoce con exactitud cuántas cuadras comprende la intervención. Una cosa es anunciar una renovación urbana y otra es informar dónde comenzarán los trabajos, dónde terminarán y cuánto se pagará por cada tarea. Son detalles indispensables cuando se administran recursos públicos.
Emiliano Durand tiene varias cuentas por explicar, y una comparación permite ponerlas en perspectiva. Tomando como referencia un costo estimado de $75 millones por vivienda social de unos 50 metros cuadrados, los $1.754 millones presupuestados para avenida Belgrano equivaldrían aproximadamente a 23 viviendas. Una forma de dimensionar cuánto dinero está en juego y por qué merece explicaciones