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Salta

Gustavo Solís – Orozco: del sur, con graves causas penales a cuesta y ahora candidatos

Aunque ahora duros rivales, hay muchas coincidencias entre ambos: surgieron de un mismo espacio político, cada uno está aferrado a un cargo público, tienen cuentas pendientes con la justicia y ahora también quieren gobernar la provincia.

Gustavo Solís
Gustavo Solís
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SALTA.- Gustavo Solís Mónico, actual intendente de Rosario de la Frontera y Gustavo Orozco, diputado por esa misma ciudad, tienen muchas cosas que los une, más allá del mismo nombre, el que –curiosamente- también comparten con el del gobernador de la provincia, Gustavo Saenz, a quien ahora pretenden remplazar en las elecciones del 2023.

No hay que olvidarse tampoco que el propio Saenz cerró su campaña a gobernador, el 6 de noviembre de 2019, en Rosario de la Frontera, donde levantó la mano de Orozco, quien, en ese momento, iba como candidato a intendente, puesto que detenta Solís Mónico y, desde el cual, fundó una plataforma política que ahora pretender usar para llegar al Centro Cívico Grand Bourg.

Aunque Orozco no pudo ganar esa parada, la de intendente, siguió adelante con su carrera política como diputado provincial, desde donde también lanzó su campaña para gobernar la provincia, en otra coincidencia con el intendente.

Estos dos rosarinos, aunque Orozco nació en realidad en el departamento de Rivadavia, surgieron ambos de la mano de otro dirigente político famoso de Rosario de la Frontera, como lo es Alfredo Olmedo, quien podría decirse que es el padre de la criatura, en este caso de mellizos, pues los parecidos no llegan a ser totales.

“Yo entré por Olmedo, Solís también entró por Olmedo y yo continúo dentro del espacio de Alfredo Olmedo. Nunca se me ha cruzado por la cabeza irme, a diferencia de él, que hoy responde al oficialismo”, dijo alguna vez Orozco en una entrevista pública hace más de tres años, sin embargo, en octubre de 2019, el diputado se pasó también al espacio de Saenz.

Este viraje de ambos hombres del sur hacia el oficialismo, es otro parecido más, no tanto por el espacio donde recalaron, sino por su capacidad para seguir los pasos del ex diputado nacional Eduardo Lorenzo Borocoto, fundador de este vaivén político que se puso de moda y se conoce como panquequismo.

Hoy, después de varias idas y venidas, el intendente y el diputado vuelven a compartir otro anhelo. Cada uno expresó ya sus deseos de ser gobernador de la provincia, aunque todavía se desconoce por qué sector lo harían, pues la intención manifestada no pasa de algunas pintadas o primicia forzada.

Cuentas pendientes

Pero más allá del terreno de la política, donde sí se escarba podemos hallar otras coincidencias, Solís Mónico y Orozco comparten también lugares en la lista de funcionarios públicos con cuentas pendientes con la justicia, en este caso provincial.

Aquí, no hay banderías ni excusas, sino papeles y pruebas que, por lo menos, son suficientes para llevarlos frente a un tribunal de juicio y sentado en el banquillo de los acusados, uno por graves cargos por delitos de apremios, vejaciones y torturas, entre otros; y el otro también por serias acusaciones de corrupción, como fraude, peculado y demás.

Mientras Orozco adoptó una postura más de “choque”, tal vez propia de su pasado como integrante de la Policía de la Provincia, lo que lo llevó a tildar a Solís Mónico de delincuente, o bien, arremeter contra el gobernador como el jefe de una “mafia”.

El intendente, en tanto, se presenta más sutil con declaraciones de bajo tono, pero dirigidas a explicar las culpas en agentes externos, como la justicia, auditoría general, sin llegar a nombrar directamente al gobernador, pues depende del mismo para el financiamiento de su intendencia.

Lo ciertos es que ninguno apeló a una conducta que probablemente les hubiera valido el reconocimiento de sus electores, como la de presentarse a la justicia y, sin chicanas jurídicas, responder las acusaciones y dar las explicaciones del caso, juicio mediante.

Claro que pedir algo así, en una Argentina sumida en una corrupción galopante, es realmente una utopía, pero ello no exime a ambos funcionarios de dar respuestas a la justicia, contra la cual ambos, lejos de cumplir con ese deber ético, apuntaron al dejar entrever que se trata de una pieza más de un andamiaje político usado para amedrentar sus aspiraciones.

Este argumento, que no es nuevo, es ya un latiguillo ampliamente utilizado entre los funcionarios o dirigentes políticos que escapan de la justicia. Y como botón de muestra, basta con recodar a un ex gobernador local que nunca se presentó ni siquiera a prestar declaración, o más bien, a la propia vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández, con otro largo petitorio de causas penales en su contra por corrupción. Por lo que pedirles peras al olmo, incluso para dos hombres del sur, sería mucho pedir ¿no?