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Las ojeras de la desmemoria, una confusión histórica

Esta historia alojada en la desmemoria merece ser contada en homenaje
a sus protagonistas.

Por Ricardo Federico Mena- Martínez Castro

Fue el coronel Yanzón un sanjuanino nacido durante la época aún virreinal, en el
año 1799. Ostentó durante el tiempo y espacio que las circunstancias políticas de la
patria se lo permitieron, la gobernación de su provincia desde el 4 de mayo de 1834,
hasta el 9 de enero de 1836. En aquel tiempo el hombre fuerte de la provincia era
Facundo Quiroga y sus dos candidatos a dirigir la provincia eran Yanzón y Nazario
Benavides. Correspondió el cargo al primero de los nombrados posiblemente por su
mayor grado militar, aunque ambos tenían el mérito de haber participado en la campaña contra los indios del sur.

Juan Roberto Yanzón-el genearca de la familia- era originario de New Castle
Inglaterra, y por esas cosas del destino, el barco en que viajaba, encalló en la isla de
Chiloé en el año 1739. Viajaba en la nave H.M.S. Wagner. Esta fortuita circunstancia le hizo que traspasara la cordillera de los Andes, para llegar primero a Mendoza y luego a San Juan donde contrajo matrimonio con doña Antonia Godoy del Pozo, perteneciente a distinguidas familias de la provincia. Su padre, de origen chileno, fue miembro de importantes familias de su país. Lo hizo en 1745 en la iglesia de la Merced. Siendo originalmente protestante, al casarse adoptó la religión de su nueva familia.

El apellido fue transformado varias veces, de Janson, Yhanson, hasta acriollarse bajo la forma de Yanzón, siendo conocido hasta hoy de esta misma manera.
La personalidad más importante de esta familia fue nuestro biografiado Coronel
José Martín Yanzón, hombre de militancia federal. Se incorporó al Ejército de los
Andes en 1818, pero no participó de la campaña a Chile. En sus primeros tiempos
apoyó a los gobiernos federales de San Juan, pero el hombre es producto de sus
circunstancias, y después de la batalla del Pilar, ocurrida en Mendoza en septiembre de 1829, se plegó al gobierno unitario de su terruño.

La batalla del Pilar fue un duro enfrentamiento entre las fuerzas unitarias y Federales, de ingrata recordación debido a la ferocidad con la que Aldao, caudillo federal de Mendoza, en calidad de jefe vencedor, ajustició a los prisioneros vencidos para vengar la muerte de su hermano. Esta muerte ocurrió mientras el fraile se encontraba en conversaciones con su adversario siendo esta situación la que enfureció hasta límites sin precedentes al sanguinario caudillo.

Participó también en la batalla de la Ciudadela, entre las fuerzas federales de
Quiroga y las unitarias de Gregorio Aráoz de Lamadrid, ocurrida en las afueras de la
ciudad de Tucumán en el año 1831. En esta batalla fue ascendido a Coronel por el ex gobernador de San Juan, Valentín Ruiz. Posteriormente hizo la campaña contra los indios del sur, en el año 1833 a las órdenes del fraile apóstata Aldao.
Al poco tiempo, en el año 1834, apoyado por Quiroga es nombrado gobernador
de San Juan y su primer problema considerado grave, fue cuando el coronel Lorenzo
Barcala, en el año 1835, organizó desde San Juan una revuelta fallida contra Aldao. Este coronel de raza negra fue fusilado por exigencias del fraile, a pesar de las protestas de inocencia de Barcala, quién acusó a Domingo Oro, a la sazón ministro de la provincia. Yanzón por exigencias del caudillo mendocino lo entregó y fue fusilado el 1 de agosto de 1835 a las 11 de la mañana.

En apoyo de Aldao, Benavídez exigió la renuncia de Yanzón, pero este lo
derrotó obligándolo a huir y refugiarse en territorio bonaerense. Esto le permitió
entablar próximas relaciones con Rosas. Se sucedieron luego de ello enfrentamientos varios entre el Coronel Nazario Benavídez y Yanzón, dos protagonistas principales de la historia sanjuanina. Este último acusó al gobierno de La Rioja de haber apoyado a Benavídez, y en alianza con Ángel Vicente Peñaloza invadió la vecina provincia. Se produce entonces el enfrentamiento con el general Tomás Brizuela en 1836, y al ocupar este San Juan, obligó a los vencidos a huir a Chile. El gobierno sanjuanino fue ocupado entonces por el general Benavídez, quién ocuparía por más de veinte años el gobierno.

El coronel Yanzón regresó a la Rioja a principios de 1840 en apoyo a la
coalición del norte, pero no tuvo suerte en desalojar a Benavídez. Posteriormente
participó en la batalla de Rodeo del Medio, para pasar luego a Chile. En 1841, como segundo jefe del Chacho, invaden San Juan y la Rioja, pero fueron derrotados por Benavídez cerca de Tucumán, en el Manantial en 1842. Allí ambos jefes se separaron.

Yanzón huyó hacia la provincia de Catamarca para intentar pasar hasta Copiapó por el paso de San Francisco, perseguido por las huestes del caudillo catamarqueño, general Eusebio Balboa. La historia y los historiadores repiten que fue alcanzado y muerto en Santa María, pero la verdad es que murió en combate en la localidad de Palo Blanco en el departamento de Belén, antes de tomar el paso de San Francisco.

Era el 29 de junio de 1842. Está enterrado en la iglesia histórica de Hualfín, donde yace acunado por la desmemoria de su provincia y la de sus descendientes. Tuvo un solo hijo, Abelardo Yanzón Almonacid. Algunos biógrafos consignan también en este episodio la muerte del Dr. Gordillo.

JUAN EUSEBIO BALBOA

Otra personalidad destacada de la provincia de San Juan fue el general del
epígrafe Juan Eusebio Balboa, nacido en la ciudad de Belén, Catamarca, en el año
1791 y muerto en la ciudad capital, en el mes de mayo de 1856. Desde su juventud se sintió inclinado hacia la carrera de las armas, pues ingresó a las milicias del oeste de Catamarca, en este caso en la localidad de Belén. Dentro de su foja militar diremos que durante los años treinta, fue comandante militar de su jurisdicción, habiendo también participado de la batalla de Chiflón, donde fue ascendido a coronel. Este combate se realizó entre las fuerzas del caudillo tucumano Alejandro
Heredia y las del gobernador catamarqueño Manuel Navarro.

Se desarrolló el 13 de septiembre de 1835. Las fuerzas de Catamarca estaban comandadas por el general Figueroa, pero los tucumanos pudieron vencer gracias a su mayor preparación para el combate. Después de algunas vicisitudes y renuncias finalmente el poder quedó en manos de Heredia que pasó denominarse “el patriarca federal del norte”, que fuera asesinado en el año 1838.

Participó de las guerras civiles del país y combatió en las batallas del Tala y del
Rincón de Valladares. La primera de ellas tuvo lugar en octubre de 1826, entre las
tropas del caudillo riojano Juan Facundo Quiroga y el gobernador de Tucumán Gregorio Aráoz de Lamadrid. Fue vencedor de la contienda Facundo Quiroga, apodado “el tigre de los llanos”.

Luchó contra la Liga del Interior junto a Felipe Figueroa en defensa de la
provincia. Esta Liga, llamada la Liga Unitaria, fue una unión política y militar
establecida en el año 1830 por las provincias de San Luis, La Rioja, Catamarca, Mendoza, San Juan, Tucumán, Córdoba, Salta, y Santiago del Estero, las cuales nombraron al general José María Paz jefe supremo al general José María Paz, Liga ésta que luego se enfrentaría con las provincias federales, Buenos aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes.

Estuvo en contra del gobernador Cubas y enfrentó en pequeños combates a las fuerzas unitarias de Lavalle y Mariano Acha. Mariano Acha fue derrotado en la batalla de Machigasta por las fuerzas comandadas por José María Flores en el departamento riojano de Castro Barros. Balboa con el apoyo del coronel Mariano Maza ocupa el sitial de gobernador de la provincia. Sería demasiado largo consignar todas las importantes batallas realizadas durante la guerra civil, pero en esta ocasión nuestro propósito es consignar dos situaciones:
1: En el año 1841, Balboa, luego de perseguir al coronel Yanzón, lo encuentra y derrota en la batalla de Palo Blanco, (Belén) lugar donde Yanzón pierde la vida sin poder huir hacia Copiapó por el paso de San Francisco. Palo Blanco y Copiapó se encuentran en la misma línea geográfica atravesando la cordillera. La placa que se yergue en cementerio anexo a la capilla histórica confirma fehacientemente el
aserto. La historia y los historiadores deben corregir la anterior afirmación, y el gobierno de Catamarca honrar sus héroes.

2: Estando Lavalle en la casa de los Leguizamón en Hualfín, intenta convencer al coronel Felipe Leguizamón y Ruiz de Gauna, nieto del muy famoso Calixto Gauna, a entregarle en calidad de prisionero, al derrotado general Lavalle, aún envuelto en sus desvaríos amorosos con Solana Sotomayor de Brizuela. Corría el año 1842. Don Felipe era ante todo un caballero incapaz de comer esa ignominia. En forma diplomática y fina no accede a los cantos de sirena de Balboa, a pesar de ser el mismo federal.

  • La estancia de los Leguizamón continúa en la misma familia
    propietaria, hoy de don Federico Mena-Saravia Leguizamón
  • Juan Calixto Ruiz de Gauna fue integrante de la Junta del Cabildo de
    Salta en 1810 y recorrió con gran heroísmo casi 400 leguas desde Salta a
    Buenos Aires en sólo 8 días, para hacer conocer a la Junta de Gobierno
    porteña lo que sucedía en Salta (los realistas habían arrestado a los miembros
    de la Junta, pero en realidad, esa es otra historia).


Don Calixto fue abuelo de uno de los antiguos propietarios de la estancia, don Felipe Leguizamón Gauna. Esta historia, alojada en la desmemoria merece ser contada como homenaje a sus protagonistas.