Por Matilde Serra
En las ollas populares siempre se revuelve el fondo para buscar el pedazo de puchero, ese hueso con que se alimenta a los perros y tiene algunas pelusas de carne. Es lo más pesado e inútil, por eso se va al fondo. Este es el sistema que parece haber adoptado Gustavo Sáenz desde hace mucho tiempo a esta parte, revuelve el fondo de la olla y lo más inútil que encuentra lo nombra funcionario.
Es el caso de Matías Assennato, un todo terreno para utilizar allí donde sea, vaya a saber en virtud del pago de qué costo político, pero el hecho real y concreto es que Matías «Hacenada», como lo conocen debería ser objeto de estudio de Greenpeace por su extraordinaria capacidad de reciclado.
El destino ahora de Assennato sería el manejo de la ex Secretaría de Tránsito y Movilidad, y está bien porque si de algo conoce este personaje es de «movilidad». De todos los nombramientos que se vienen, este es uno de los que ha provocado más urticaria porque la lista de postulantes a cargos municipales es extensa y que vuelva a la escena alguien que teóricamente ya estaría amortizado es materia de discusión por estas horas.
La llegada de Assennato a una dependencia municipal adelanta el otorgamiento de otra beca a todo el rezago de lo que alguna vez se llamó Frente Plural, liderado por Matías Posadas, un invicto perdedor de elecciones y alguna vez creído estratega político que lógicamente, hizo perder a todos los que lo consultaron.
En las mismas ollas populares, de la cocción, siempre quedan algunos elementos flotando, los más próximos a comer que se levantan con el cucharón para ir engañando al estómago pensando que alimenta, pero sólo entretiene. Sería el caso de otra eterna vedette del elenco estable, Frida Fonseca, que, eyectada de la Secretaría de Seguridad, además de no haber aportado nada más que fotos aquí y allá con uniformados, por su manifiesta mala relación con el ministro del área, Marcelo Ramón Domìnguez.
Ocurre que, con la salida del ya ex coordinador de Enlace Político, Pablo Outes, ese espacio se convirtió en un raviol (se llama así a los cuadritos de un organigrama) del ministerio de Sergio Camacho, quien no habría querido heredar al enigmático, Antonio Hucena, que saldría rumbo a Buenos Aires con destino final en Casa de Salta. Ese despacho había que llenarlo con algo -o alguien- y al parecer será el próximo escritorio de Frida Fonseca, que sabrá convertirse también en el próximo estudio fotográfico de la amiga del gobernador y desde donde alimentará su muro de Facebook con instantáneas rubricadas con frases del tipo: «Aquí con este, ahora reunida con este otro…», y así.
Si algo hay que decir en beneficio de Fonseca es que no tenía pruritos, no se sabe si por improvisación política o ausencia de prudencia estratégica, en denunciar la delicada situación de algunos municipios en materia de inseguridad. Esta actitud tan suelta de boca y de fotos de Fonseca serìa una de las causas por las que el ministro Domínguez venía desde hace largo tiempo tratando de sacudírsela de encima.
Comparte Fonseca con Assennato, esa ductilidad para estar siempre viviendo del Estado sin aportar nada significativo en ninguno de los cargos que ambos ostentaron. De hecho, a la partida de cada puesto nunca dejaron nada trascendente o digno de recordar a excepción de una pila de recibos de sueldos cobrados.
Sin duda, otro caso digno de estudio por Greenpeace que debería tener en cuenta porque estos dos personajes tienen las mismas propiedades que las botellas de PVC usadas: no tienen nada adentro, aplastadas con inflarlas un poco retoman su forma originaria, pero a diferencia de estos envases -que también se reciclan-, aquellos sirven para llenarlos otra vez y prestar un servicio útil, característica esta última que no vendría siendo el caso de Assennato y Fonseca.
Si acaso, el Boletín Oficial, fuera una página de los clasificados de un diario, al final del ofrecimiento de trabajo habría que colocar «Inútil, presentarse sin referencias».