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Opinión

Un nuevo ajuste sobre la clase media

Vienen tiempos difíciles para una economía ya golpeada, y una clase media que luchará por continuar siéndolo

Por Emiliano Estrada

El paquete de medidas anunciado por el Ministro Luis Caputo confirma lo que veníamos adelantando en estas columnas. Vienen tiempos difíciles para una economía ya golpeada, y una clase media que luchará por continuar siéndolo.

La batería de anuncios tuvo como principal víctima a la clase media, que tardará unas semanas en darse cuenta que su verdugo terminó siendo el que le prometía ajustar la casta. La suba de más de 70% del precio del combustible (medida arbitraria ya que no genera déficit fiscal), suba de más de 100% del tipo de cambio oficial -decisión del gobierno-, eliminación de subsidios a luz y gas -necesarios en justa medida-, aumento de más de 100% en el precio de los alimentos (comportamiento abusivo por parte de las alimenticias ante un Gobierno que hace gala de su ausencia en las discusiones de precios), incremento de las retenciones a las economías regionales y la industria, han generado un empobrecimiento instantáneo de la población argentina en su conjunto.

Compensando algo en los sectores más bajos de la pirámide socioeconómica con la duplicación de la AUH y el incremento del 50% de la tarjeta alimentar. Y en el caso de los sectores exportadores, con el incremento del tipo de cambio oficial.

La que queda sin ninguna red de contención en este escenario es la clase media que, como dijimos en las columnas previas, es la que no tendrá “de dónde agarrarse”. A la suba en el costo de vida, le vendrá una caída en términos reales de su ingreso por varios motivos. Al asalariado público muy probablemente le congelen el sueldo o se lo aumenten por debajo de la inflación. Al empleado privado seguramente lo ocupará más sostener su puesto de trabajo -en una economía que ya comenzó con los despidos- que pelear una paritaria que alcance siquiera a la inflación. Y los comerciantes y pymes productivas están en una situación en la que la gran mayoría del consumo va a entrar en clara caída y será difícil sostener la estructura de costos actual. Eso llevará a despidos, caída de la rentabilidad y finalmente el cierre del negocio. La velocidad de esto tiene que ver con qué tan rápido se abra la economía. Mientras más rápido suceda, más rápido crecerá el desempleo y los certificados de defunción de las pymes locales.

Otro factor que se combina es el proceso de apreciación cambiaria. Desde el anuncio de las medidas, se estima que la inflación de diciembre puede rondar el 30% -con números no muy distintos en enero-, mientras que en el tipo de cambio financiero hemos visto una apreciación -bajó el precio del dólar- que lleva a que la economía se encarezca medida en la moneda estadounidense. Como decía anteriormente, si la apertura de la economía se evidencia con un ingreso de capitales -deuda- eso generará un combo muy adverso de apreciación cambiaria, en contexto de caída del mercado interno y sin señales de un programa productivo. La idea de que si se abre la economía por completo los bienes son más baratos, obvia por completo que un asalariado privado compra cosas con el sueldo que le pagan las pymes locales, no por un empleo en Michigan.

En cualquier caso, lo que hemos visto esta semana es un ajuste con licuación de riqueza e ingresos sin una compensación de ingresos que hará imposible recuperar niveles de consumo para reactivar la -micro-economía, que en definitiva condiciona la macro.

Lo que más me llamó la atención de todo este proceso fue darme cuenta que la inmensa mayoría de la población no era consciente de que el déficit fiscal del Estado era explicado por lo que aquel gasta en él, como subsidios por ejemplo. Y que cuando hay que ajustar el gasto, esto implica ajustar al ciudadano de pie. No existe algo tal como “gasto de la política” más que para convalidar -¿y engañar?- el apoyo al verdugo.