SALTA – A la hora y media de entrado el 2024, Salta volvió a ocupar los principales medios y portales informativos nacional debido a la fuga del Patricio Ruiz Díaz, un criminal pampeano conocido en el ambiente del narcotráfico con el apelativo del “Señor Fusil”, el que se ganó debido a un importante arsenal de fusiles semiautomático Colt AR-15, que tenía en su poder cuando fue detenido.
La fuga de Ruiz Díaz, condenado por dirigir una organización narcocriminal, no tardó en convertirse en el escándalo nacional. Y eso se debió no sólo a la talla del delincuente, sino también a los pormenores de la fuga, la que concretó, al parecer, con una gran connivencia de funcionarios del Servicio Penitenciario Federal, ahora en la mira de todos.
Según los primeros datos que se manejan en torno a la investigación, a cargo del fiscal general federal, Carlos Martín Amad, la fuga se descubrió a la 1.30. Fue luego de que se percataran de que Ruiz Díaz había cortado un alambrado del patio interno del pabellón B y otro a la altura de la Torre Puesto 1 bis.
No fueron solo esos dos vallados, sino también un tercero antes de quedar fuera del penal, todo con ayuda de un alicate, una herramienta obviamente prohibida en la cárcel. A ello, se suma como sospechoso que no se habría cumplido con el protocolo establecido para cortar el pasto, lo que ayudó a ocultar la fuga.
Tantas “ayudas” o “facilidades” hacen imposible no comparar el caso con la huida protagonizada el 1 de enero por Marcelo Alejandro Torrico, el asesino de los niños Melanie y Octavio Leguina, hecho por el cual fue condenado a prisión perpetua, en diciembre de 1999 junto a su cómplice José Luis Brandán.
El 1 de enero de 2006, a 6 años de ser condenado, Torrico se fue del penal por la puerta principal. Sorteó sin ningún inconveniente todos los vallados. Su fuga, junto a Diego Enriquez, su cómplice de turno, fue noticia nacional, pues era imposible imaginar cómo hizo para escapar con tanta facilidad.
La respuesta, como el caso que ahora tiene al Servicio Penitenciario Federal de patas para arriba, era más que evidente: fue con ayuda de funcionarios carcelarios, tanto de menor y mayor rango, dilema que ahora deberá resolver la justicia federal.
Torrico fue recapturado 17 días después, en el partido de Once, en Buenos Aires, cuando intentó robar un teléfono celular. Enriquez, su compañero de fuga, había caído a los días, tras lo cual reveló detalles de una mafia carcelaria sin precedentes en el sistema penitenciario provincial, lo que provocó el descabezamiento de toda la cúpula del penal.
Interrogantes
Ruiz Díaz, según lo informado, cumplía una condena de 6 años de prisión por “tráfico de estupefacientes en su modalidad de transporte y almacenamiento, acopio ilegítimo de arma de fuego y municiones”, impuesta por el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín, plantea varios interrogantes.
En el marco de las pesquisas por la fuga, el fiscal federal Amad ya dispuso varias medidas, entre ellas un pedido de informes detallado a las autoridades del Servicio Penitenciario Federal respecto a la modalidad de la huida y el o los protocolos que se habían dispuestos para evitar esta clase de hechos.
Por otra parte, no deja de llamar la atención que Ruiz Díaz fuera trasladado a una cárcel de nivel de seguridad tipo C (de mediana seguridad) como la de Salta, y más próxima a las fronteras internacionales. El traslado se hizo el 6 junio de 2023, tres meses después de que la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal alertara al Servicio Penitenciario Federal que preparaba su fuga.
Ruiz Díaz cumplía prisión en el Instituto Penal Federal Colonia Pinto, en Santiago del Estero, adonde había sido trasladado, desde el penal de Devoto, en junio de 2022. Esta cárcel también es de categoría C, pero tras el aviso del preparativo de una fuga no solo no lo enviaron a una penitenciaria de mayor seguridad, sino que lo acercaron a la frontera, donde hay mayores posibilidades de salida del país.
Este criminal, cabe recordar, fue detenido en mayo de 2019 en la localidad de Ingeniero Maschwitz, en el partido de Escobar. Fue juzgado como jefe de una banda narco que operaba en la zona norte del conurbano bonaerense. Cuando lo detuvieron tenía en su poder 920 kilos de marihuana y casi 12 kilos de cocaína, además de un arsenal en el que se destacaba el fusil semiautomático Colt AR-15 calibre 5.56, que originó el apodo con el que se lo menciona cada vez que se hace referencia a él.
Entre otras armas, también hallaron un fusil FAL calibre 7.62, una ametralladora Pam calibre 9 milímetros, dos escopetas y cuatro pistolas. En ese operativo, además, se incautaron varios vehículos, entre ellos una camioneta, una combi, dos automóviles y dos motocicletas, teléfonos celulares, balanzas chalecos antibalas, juegos de esposas, handies y dinero, entre otros elementos.