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Opinión

Darío Madile, el hombre que vino de la harina

El dicho Darío Madile, es otro integrante de las Fuerzas Especiales; en efecto, es otro de los paracaidistas que un día llegó a Salta «a ver qué pasa»

Dario Madile

Por Matilde Serra

Si se hiciera un recorrido por la historia política de Salta partiendo del primer gobierno de Juan Carlos Romero, esa exégesis, lo mismo que como en el campo se pasa la espumadera para sacar los gusanos y hacer la sopa, dejaría sobre la misma a algunos personajes retorciéndose, demostrando que continúan vivos.

Larga sería la lista de funcionarios que llegaron con el traje prestado a jurar y terminaron como prósperos empresarios o al menos acaudalados políticos, si así se le puede llamar a lo que hacen, ya que la política, como diría ese gran dirigente, «Pancho» Munizaga, «No sólo es cerebro y corazón, es músculo». Será por eso que la mayoría va a gastar el tiempo a los gimnasios para tener por lo menos músculos, porque de los otros dos órganos, parecen adolecer en su mayoría. Nadie es perfecto, dicen.

Los orígenes

El dicho Darío Madile, es otro integrante de las Fuerzas Especiales; en efecto, es otro de los paracaidistas que un día llegó a Salta «a ver qué pasa». Según narran los memoriosos, fue el propio Gustavo Sáenz, quien le pidió al inefable, Miguel Isa: «Dame un mano con el chango», a la sazón pariente del gobernador.

Y bueno, «Anda a la panadería social», habría dicho Isa, pero Madile, que de política entiende lo mismo que un topo de navegación espacial, en lugar de amasar pan, habría amasado una fortuna que le permite vivir en un exclusivo barrio privado. Esto debe ser la «movilidad social» que predica el peronismo.

El paso por la panadería social de Madile, fue corto y contundente, tan solo un año, tiempo suficiente para que dejara -según se ha publicado- una deuda entonces de 10 millones de pesos, además de sueldos adeudados, aportes no pagados a los trabajadores y algo que ha quedado en los anales de lo inexplicable: un pedido de me medialunas por valor de 52 millones de pesos.

El CV de Madile es sustancioso en cargos públicos, va desde panadero oficial, hasta agregado en turismo, gobierno, medio ambiente y algunos otros cargos, de los que presume. Hay que reconocer la capacidad dialéctica de este funcionario a la hora de hacer parecer que sabe.

Claro, que lo que nunca cuenta Madile es que existirían dos causas en la justicia federal por un presunto «accidente de Trabajo», porque ¿Quién no se equivocó y se le fueron algunos millones para otro lado? La administración pública nunca es tan eficiente.

Desde la fiesta de La Befana en Italia, donde una bruja reparte golosinas y panes saborizados a los pequeños para Reyes, que en Salta para la campaña donde Madile iba por el Concejo Deliberante no se ordenaban un pedido tan enorme con más de 90 mil facturas, casi 160 mil panes dulces y más de 90 mil tortillas, entre otras delikatesen.

Los papeles denuncian que en el Expediente Nº 55025 SG2019, figuraría un pedido millonario de manufacturas para una entrega perentoria; lo que no se sabe es cuántos expedientes como estos habrían, y de comprobarse alguna vez que sì existen, no se entiende cómo los niños destinatarios de semejante horneada no hayan aumentado, aunque sea un poco de peso.

En los hechos, Darío Madile, es como el Joker de Sáenz en el municipio, viene de ser y seguirá siendo el presidente del Concejo Deliberante por obra e imperio del «Uno» que lo necesita como veedor de esa caja, ya que la de la municipalidad estará en manos de tropa propia. De otra manera no se explica cómo Madile que en las dos últimas elecciones retuvo su banca por porcentajes mínimos y no quedó fuera por centésimos, sigue presidiendo el Cuerpo.

Durante el tiempo de la gestión de Bettina Romero, Madile, era un hombre con teléfono directo con el senador nacional, Juan Carlos; acordaba con él y en no pocas oportunidades fue factor de sostén de la gestión de la «Tity». Pero cuando se desbarrancó el romerismo con la derrota de las últimas elecciones, rápido de reflejos, el «flaco» Madile, saltó a la chalana que venía conduciendo, Emiliano Durand, y se ubicó como factótum o «pensante» del nuevo intendente de la Capital.

Con esta jugada, Madile, obtiene dos cosas: por un lado, se blinda ante un intento de revisar expedientes bajo la harina que el romerismo residual quería observar, y luego, con un pie en el gabinete de Durand y el otro en la presidencia del Concejo Deliberante, si no acontece algún sismo político, aunque salpicado de blanco como las cucarachas de panadería, Darío Madile, será el «hombre fuerte» de la gestión.