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Opinión

Se gobierna con dialogo, no con caprichos

Sin ánimo de ser auto referencial pero el final era cantado

Por Pablo Kosiner

El pasado 2 de febrero en mis redes sociales exprese: “Estos tres días de debate en el recinto sin acuerdos cerrados para votar deberían haber sido tres días de trabajo en comisiones. Se apuraron a emitir un dictamen que al comenzar la sesión ya estaba caído desde lo político por incumplimiento de acuerdos en el texto del mismo.”

En esa oportunidad y en relación al trámite de la fallida Ley Ómnibus, también expresaba en esa oportunidad que “la extensión del trabajo en comisión hubiese permitido al gobierno avanzar en diálogos hasta llegar a los acuerdos necesarios. Y ahí si convocar al recinto. Además los acuerdos deberían haber incluido en Senado caso contrario allí deberán comenzar de cero”

Y cerraba, “Todo muy improvisado y soberbio para un gobierno que debe afrontar los próximos dos años en minoría parlamentaria”.

Sin ánimo de ser auto referencial pero el final era cantado. Aquellos que tenemos un mínimo de experiencia en el trámite parlamentario y la gimnasia de la gestión y la construcción de ámbitos de consensos, sabemos que cuando un gobierno tiene minoría y sus propuestas son de tal grado de radicalización, si no se tiene la capacidad de generar acuerdos parlamentarios, la derrota esta a la vuelta de la esquina.

Pero esa derrota política de tener que retirar el proyecto de ley ómnibus del tramite en el recinto de la Cámara de Diputados y volverlo a comisión, esta agravada por un contexto de haber llevado a la sociedad argentina a una máxima tensión, sesiones maratónicas sin sentido, caprichos propios de principiantes, confrontaciones discursivas y para peor hasta físicas entre fuerzas policiales, manifestantes y reporteros gráficos y periodistas.

¿Pero este desenlace era previsible? ¡Claro que sí! Si el gobierno acusó de extorsionadores y coimeros a los legisladores con los que debería construir consensos, con amenazas permanentemente a los gobernadores  de “fundir” a las provincias negándose a debatir su financiamiento, si pretende que por ser la “fuerza del cielo” se legitime un esquema de la suma del poder público, si el 90% de las organizaciones representativas de las diferentes temáticas y de las exposiciones de expertos sobre la ley fueron en contra de la misma, porque el final sería otro.

La circunstancia que agrava esta situación es la grave crisis social y económica que ahora tiene como contexto un gobierno debilitado desde lo político.

Volviendo al segundo párrafo de esta columna, ahora a “empezar de cero” y en ese reseteo del gobierno debería incorporar a su agenda de trabajo una “emergencia” de la cual no hablo en todos estos días que es la alimentaria.

El gobierno no ha ejecutado un solo centavo de las partidas relacionadas a las transferencias a instituciones, organizaciones, cooperativas, provincias y municipios relativas a la asistencia alimentaria, crucial en este contexto de un 40,1% de pobreza (oficial del INDEC), seguramente hoy bastante mayor.

Si los caprichos políticos, fundacionales y místicos del gobierno no ceden, cuidado con lo que pueda venir.