(Dr. Federico Mena-Martínez Castro).-
SALTA.- El décimo tercer día de este mes de junio, es el elegido como Día del Escritor, en homenaje a don Leopoldo Lugones, nacido en Villa de María del Río Seco, en la provincia de Córdoba. Aquel día, la alineación planetaria se vistió de gala para recibir a tan egregio escritor, y las nuevas generaciones de argentinos, rinden quizá sin quererlo, el más sincero homenaje, cada día más sincero y más intenso, al sólo pronunciar su nombre.
El espíritu de quienes tienen la misión de escribir se sobrecoge de admiración, al evocar esta figura, moldeada en un tiempo donde quizá reinaba el desconcierto, y acaso la ofuscación de un país con grandes expectativas, luchando por salir de la ignorancia, para emerger en el mundo ideal de la cultura. Brillaban ya en el país, geniales caballeros, abriendo surcos, donde Lugones pusiera la semilla genial de sus inspiraciones.
Fue el fundador y primer presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, y además un precursor en la configuración de esas largas vigilias de estudio, traducidas en el nacimiento de sus libros. Válgame entonces recordar su celebración en este mismo mes de junio, más precisamente en su día décimo tercero.
Su obra, desde la improvisación genial, que termina en la fundamental, está siempre impregnada de columnas finamente cinceladas, con pinceladas enérgicas, donde plasma todas las palpitaciones de su tiempo. La escritura es el placer que va ligado indisolublemente a lo lúdico, es en definitiva recuperar la capacidad de asombro y también el juego de encontrar palabras escondidas dentro de otras.
Decíamos que la escritura es placer, donde la palabra es el instrumento principal, donde los poetas dan nuevos sentidos a esas palabras, y donde los narradores a través de malabares verbales, encuentran la manera magistral de decir lo que se piensa.
La palabra en el poeta es ritmo, es quizá una sucesión de imágenes que muestran el mundo real en que se vive, o también en el virtual en que se desea vivir. Jugar con las palabras, suscita el deseo de explorar y convertirnos en artefactos creativos. Nace así la invención literaria, donde el juego, la transformación, desmontando algunos elementos para convertirlos en otros se practica con resultados sorprendentes en todas las artes.
Dentro de los diferentes estilos de la creación, decía el genial García Márquez respecto del periodismo: «Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso, podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca, en el minuto siguiente”.
La figura de Lugones es la de un gran poeta, ensayista, político y narrador, y en él se conjugaba la metáfora y el pensamiento, en el yunque virtual del genio y de la luz. En homenaje a este paradigmático escritor, transcribimos dos poemas de su creación, donde la poesía de su obra es a la vez narrativa y realista, caracterizada por su cualidad musical, que va creciendo en ondas, a medida que va desplegando imágenes visuales.
Ellos son: A ti únicaUn poco de cielo y un poco de lago donde pesca estrellas el grácil bambú, y al fondo del parque, con íntimo halago, la noche que mira como miras tú. Florece en los lirios de tu poesía, la cándida luna que sale del mar. Y en flébil delirio de azul melodía, te infunde una vaga congoja de amar. Los dulces suspiros que tu alma perfuman, te dan, como a ella, celeste ascensión. La noche…tus ojos…un poco de Schumann… y mis manos llenas de tu corazón. Alma venturosaAl promediar la tarde de aquel día, cuando iba mi habitual adiós a darte, fue una vaga congoja de dejarte lo que me hizo saber que te quería. Tu alma, sin comprenderlo, ya sabía…
Con tu rubor me iluminó al hablarte, y al separarnos te pusiste aparte del grupo, amedrentada todavía. Fue silencio y temblor nuestra sorpresa; mas ya la plenitud de la promesa nos infundía un júbilo tan blando, que nuestros labios suspiraron quedos… Y tu alma estremecíase en tus dedos como si se estuviera deshojando.