Por Matilde Serra
Más allá de las circunstancias políticas que vive el país donde la asunción de un presidente como Javier Milei le pone un toque distintivo al manejo del poder, para algunos sacando de eje a la función ejecutiva y alineándola casi con un autoritarismo personalísimo. Paradójicamente similar al que practicara Hipólito Yrigoyen en su primera presidencia donde el hombre era un enigma y disparaba políticas sociales que sacudían a la estructura conservadora y oligárquica de la época. Si bien, esto debe aclararse muy bien, que lejos de los principios liberales de un Milei, pero decimos paradójicamente porque para el actual presidente el radicalismo es la cueva de todos los males de la democracia. Fines diversos, pero estilos personalísimos similares. Ahora, Gustavo Sáenz llegó a romper todo y posicionar a Salta en el ojo divino de Milei.
De hecho, el peronismo también tuvo en su líder a un ejemplo de voluntarismo parlamentario, si se acepta el término, porque la abrumadora mayoría que ostentaba el peronismo en las Cámaras estaba absolutamente disciplinada con los deseos particulares del presidente, Juan Domingo Perón, sólo que este resultó el fundador de una política por la que Milei siente una animadversión visceral como es la justicia social. Pero traspolando la cuestión en términos de estilos de gobierno, también se trató de un voluntarismo autocrático. Que los peronistas insistan en llamarlo democracia es otra discusión.
Y ahora, este Javier Milei, viene nuevamente a instalar ese mismo eje procedimental de pretender alinear al corpus político argentino a sus pensamientos en el marco de un cambio de pensamiento sobre los modos y las formas de ejercer el poder al que ni los propios elementos de la política estuvieron nunca acostumbrados, mucho menos la masa que está sintiendo el peso del ajuste.
La diferencia entre Milei y todo lo antes conocido en la historia argentina es ese toque de mesianismo que parece presidir su espíritu, luego, también su carácter. En efecto, Nunca antes hubo en la Casa Rosada un presidente que por momentos hiciera sentir que se piensa destinado por los dioses, y decimos así porque se ocupa de honrar a Yahvé arañando el Muro de los Lamentos y se inclina piadoso ante el Altar de la Confesión antes el Dios cristiano en San Pedro. Al fin de cuentas, ambos son uno solo ya que tanto judíos como cristianos devienen del mismo tronco teológico como hijos de Abraham con la diferencia de que los hebreos no aceptaron al Cristo como Revelación y conclusión de la promesa contenida en la Torá y siguen esperando al Mesías, mientras los cristianos tienen resuelto ese problema.
En este punto es donde pareciera estar dirigido el dedo del Dios pintado por Miguel Àngel en la Sixtina, donde Javier Milei tal vez piensa que es el Adán del famoso fresco. Pero como quiera que se tome, a esta altura se podrían albergar notorios indicios de que el concepto de conducción política de Milei tiene un marcado sesgo mesiánico.
El mesianismo religioso en la política es un fenómeno que ha existido a lo largo de la historia, donde líderes políticos han buscado legitimar su autoridad y acciones mediante la apropiación de símbolos, narrativas y conceptos religiosos, presentándose a sí mismos como figuras mesiánicas o enviadas por alguna divinidad para llevar a cabo una misión sagrada. Para colmo, algunas cuestiones de este proceso que llevó a Milei a la Rosada coincidirían con las psicografìas de Benjamín Parravicini, como el último encuentro con el Papa Francisco. Tanto es así que no han faltado periodistas de alto nivel que se atrevan a decir que estaríamos frente al profetizado «Hombre Gris».
En rigor de verdad, lo único gris que se puede palpar hasta ahora es el proyecto político de Milei que se parece a un curso acelerado de corte y confección, recortando presupuestos y confeccionando el nuevo traje de la política argentina, demasiado entallado para las aspiraciones y costumbres de la burocracia política del país.
El caso de Milei es ciertamente interesante de observar porque nunca antes se ha visto una conducción política del país signada por un temperamento religioso tan acendrado. De hecho, Milei no se respalda en ninguna fuerza política ni social, pues tampoco la tiene como tal, sino que confía su destino a «Las Fuerzas del Cielo», un concepto bíblico contenido en el Primer Libro de los Macabeos que rescataron el Templo judío profanado por los seleúcidas y con el aceite para sólo un día iluminaron la Menorà (Candil de ocho brazos) durante ocho días. ¿Ser que Milei aspira a que la Argentina se convierta en potencia mediante un milagro?
La verdad, que con la clase dirigente que le ha quedado a la Argentina, sólo un milagro podría sacarla adelante.
Los designios de Dios y las provincias
La semana pasada estuvo marcada por el conflicto entre el presidente, porque es tan particular el fenómeno político Milei que no se puede hablar de gobierno nacional, sino que el enfrentamiento con los gobernadores tiene tintes personales y hasta personalísimos, cuando los diputados de varias provincias a último momento en algunos casos votaron en contra de la «Ley Base».
El resultado de la votación hizo estallar de furia al presidente que no dudó en calificar de «traidores», un adjetivo demasiado fuerte para ese nivel, a los propios gobernadores. No se recuerda en la historia política contemporánea una expresión similar de parte de un presidente. Tal vez, lo más fuerte haya sido aquella afirmación de Perón en los ’70, cuando expresó: «¡Qué me hizo Cámpora, me llenó el gobierno de putos y de zurdos!».
Lo interesante y novedoso, y donde ingresa a tallar la cuestión del mesianismo de Milei, es que la primera respuesta «política» a la votación adversa fue un posteo con un fragmento de la Torá y en hebreo. Para los que manejan los principios esotéricos del libro sagrado judío y de la Kavala, es sabido que la signatura en el idioma original, así como la perfecta pronunciación del texto bíblico, son condiciones excluyentes para que se produzcan las consecuencias en los más altos planos energéticos. Este posteo también constituye una rareza en materia de comunicación desde ese más alto nivel.
La casualidad que se dice no existe, halló al presidente Milei en el momento en que se caía la Ley, leyendo un «parashiot», una de las 54 partes en que se divide la Torá
En los primeros Libros de lo que se conoce como Antiguo Testamento, se cuenta el momento en que Moisés subió al monte a recibir las Tablas de la Ley de Dios y al bajar, halló al pueblo adorando a un becerro de oro, entonces destrozó las Tablas que eran de piedra contra el suelo. Ahora bien, Dios le dio los Mandamientos a Moisés, no para oprimir al pueblo sino para darle la mayor libertad posible.
La frase y el relato como se ve, comienzan a adquirir un sentido político actual, ya que lo que buscaba Milei a través de la «Ley Base», era darles a los argentinos «mayor libertad». Para ajustar más, dice el relato bíblico que Dios le dijo a Moisés que «Aquellos que no se ajusten a la Ley, serán destruidos y se los tragará la tierra».
Se cuenta que Milei estaba leyendo justo ese párrafo y es cuando habría dicho: «Esto es justo lo que tengo que hacer», como Moisés, rompió la ley, es decir, la retiró del debate.
Todavía más, Milei, postea en su cuenta el párrafo bíblico en hebreo, donde se pide el castigo para quienes no quisieron recibir la Ley del Supremo; desde ya entonces que en la interpretación o adaptación, el presidente vendría asumiendo ese rol mesiànico superior y demandó luego el castigo para los «traidores», para esos gobernadores que enviaron a sus diputados a levantar la mano a favor del «becerro de oro», es decir el sistema, la casta, que adora los privilegios y el dinero. Si bien el hilo deductivo alcanza niveles de alta coherencia no deja de impresionar que el presidente asemeje su gobierno a una cruzada cuasi religiosa, lo cual no deja de ser hasta preocupante porque sabido es que el derrotero del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento no fue nada pacífico, precisamente.
Acto seguido a la publicación de Milei, el periodista y abogado, Carlos Maslatòn, tildó al posteo del presidente de «peligroso para la democracia» además de grave porque ese capítulo bíblico habla de la «inconducta» de los hebreos para con la Ley y como se puede apreciar habría una sinonimia y adaptación del presidente señalando a quienes obraron «contra la ley» aplicándoles un inmediato castigo quitándoles los subsidios y reduciendo en un 98% los aportes especiales; así todo esto, tiene más que una fundamentación política o económica, un respaldo bíblico.
Una cruzada contra lo negro
Entre los recortes que aplicará Milei a los gobernadores se encuentran los fondos fiduciarios, en términos del léxico más vulgar vienen a ser la caja negra de la política que equivaldría a 10.000 millones de dólares por año, un 2% del PBI. Esa masa negra se compone de 29 fondos a su vez, como el Fondo del Fuego destinado al equipamiento y capacitación de los bomberos y que paradójicamente ahora cuando se incendia todo quedaría «negro» porque en la realidad cuando arden los bosques no tienen nada. Recordará el lector cómo el influencer, Santi Maratea, tuvo que organizar una colecta pública en su momento.
En esa caja negra, los gobiernos provinciales podían «tomarse algunas libertades», como, por ejemplo, determinar que determinado fondo «necesita contratar» a cierta empresa para alguna necesidad eventual, todo tan ambiguo como el destino final de ese dinero. Así, desde el mismo gobierno se podría armar una empresa para que trabajara en determinada necesidad que podría haber surgido de una noche de copas entre amigos del poder, para decirlo de una manera muy llana.
Obviamente, que estos fondos tienen muchos menos controles que los gastos corrientes de un Estado provincial; así, en breve explicación quedaría expuesto uno de los puntos, tal vez el más álgido y por el cual desde el Congreso nacional nunca se quiso ir y los diputados nacionales afines a los gobiernos provinciales nunca lo trataron y hasta lo defendieron con el silencio.
Estos fondos han operado siempre en la letra chica de los contratos; Vgr: si en determinado fondo para algo -lo que fuera-, se contrataba un seguro, en algún resquicio del documento que se firmaba aparecía que se destinaba un 0,3% para «el fondo de…» ¿De qué se trataba? En los hechos nadie sabía ni tampoco le interesaba a excepción de los núcleos políticos cercanos al poder provincial que sabían que ese era el aporte a la caja negra de la política. Luego, cuando el ciudadano de a pie se asombra de ver cuánto dinero se gasta en una campaña política, por ejemplo, y se pregunta de dónde salen esos fondos, allí tiene una respuesta.
Esta ha sido la piedra del escándalo -la más notoria, quizás- que llevó a que algunos gobiernos provinciales ordenaran a sus diputados no votar la ley porque ese 2% del PBI que se manejaba a libre albedrío se terminaba, entonces ¿Qué sentido tiene la alta política sin remuneración especial alguna?
El otro agujero negro está relacionado a la subvención de los medios de prensa, tanto a nivel nacional como provinciales. Si bien esa masa de dinero que subvenciona a la prensa amiga se transparenta en el presupuesto, no funciona de la misma manera en el reparto donde se violenta abiertamente lo que ordena la ley respecto del uso de la pauta publicitaria oficial.
No es un fondo fiduciario, pero funciona como tal, siempre que a la hora de repartir la torta de la pauta publicitaria, las tajadas más sustanciosas siempre se la llevan los que forman parte de la claque que está dispuesta a disimular y hasta mentirle al público sobre la ineficiencia o errores del gobierno. Las migajas que caen de la mesa se destinan a publicaciones y programas que quizás con mejor contenido no son afines al gobierno o simplemente no interesan porque en este sentido lo importante es mantener adormecida a la opinión pública. El recorte proporcional de la pauta publicitaria seguramente asegurará los beneficios para los cercanos y provocará la mortandad mediática de aquellos que sobreviven con los mendrugos, aunque en este sentido el ajuste se aproxima tan brutal que no seràn pocos los que deban dejar sin trabajo a no pocos trabajadores de los medios.
Se ha roto la línea de coordinación final
En términos castrenses, cuando un ejército avanza, lo hace guardando cierta formación y uniformidad, claro está que este principio de orden es clásico porque hoy la situación se resuelve desde una botonera, pero sirve a los fines del ejemplo, ya que esa formalidad de avance se mantiene hasta un punto en que la situación exige el fuego libre y se rompen las líneas y se ingresa en la batalla campal.
En términos de la política nacional, la línea de coordinación final se rompió cuando el presidente, Javier Milei, mientras estaba en Israel habría recibido la llamada de Santiago Caputo informándole que la Ley Base se caía en el Congreso. Lo que habría escuchado Caputo fue la orden de «fuego libre»: «Levanten todo y que se agarren», palabras más o menos.
Si no querían la ley, «no importa» y que «cada uno se banque como pueda», acto seguido se anunció el levantamiento de subsidios y el retiro de ATN, ayudas adicionales, sólo se cumplirá con la «Copa» (Coparticipación) que es ley, y que cada uno se arregle con lo que recaude y que cuide su gasto.
En algunas provincias ese ajuste ya comenzó, por ejemplo, retirándole a los funcionarios los vehículos oficiales y en un caso con la decisión de entregarlos a la policía para que aumente su parque de patrulla. Se desarman las grillas de asesores y se caen nombramientos políticos. En el lenguaje político de barricada se expresa que se dejan trabajadores en la calle, pero en los hechos jamás trabajaron, sino que eran los cuadros políticos que cobraban sustanciosos ingresos mensuales y se activaban sólo en épocas de elecciones. Y así, tantas otras áreas.
Por primera vez la teoría del derrame funciona, porque el ajuste operado por el presidente sobre los gobiernos tiene su correlato en los municipios y el propio Milei lo dijo cuando advirtiò que si tiene dinero para festivales entonces que se arreglen con lo demás.
El castigo divino
Tiempos bíblicos se viven en el país, donde arrecian profecías -Parravicini- y otras que trazan destinos oscuros para los días por venir. Lo real es que el mito parece haberse corporeizado entre la leyenda política de un país dividido en dos por una grieta, pero no aquella de la izquierda y la derecha, sino la grieta entre una casta política acostumbrada a vivir gozando de privilegios de toda índole y un pueblo que fue sumergiéndose cada vez más en la pobreza.
La Argentina tiene una historia muy corta y podría decirse que desde Juan Manuel de Rosas a la fecha no se sabe ni de alguien que haya pedido para si la suma de poder público ni que tampoco venga a restaurar las leyes, mucho menos con un sentido mesiánico de fuerte contenido bíblico.
Pues parece que este presidente -Javier Milei- siente que ese es su mandato y hasta quizás se considere un enviado, aquel de la metáfora inicial donde Dios lo señala para restituir la grandeza de un país como la Argentina que de contarse en el Centenario entre las siete primeras naciones del mundo hoy yace en el lugar 140.
En la èpica lucha entre presidente y gobernadores, algunos de los «traidores» ya se apuraron a levantar puentes con el gobierno central para amainar los efectos de la «furia divina». Negociar y consensuar se prometen como la fòrmula para continuar vivos, de otra manera, el fin del mandato de un 2027 que parece lejano podrìa llegar a acercarse dramàticamente.
El episodio del Libro del Éxodo, cuando Moisés regresa y ve que los hebreos se hallan adorando al becerro de oro -léase, los diputados prefirieron mantener los privilegios-, relata que el castigo fue atroz, no sólo fueron asesinados los adoradores, sino que el Libro sagrado dice que «fueron tragados por la tierra».
En esta coyuntura místico-política, ¿Gustavo Sáenz se redimirá o será tragado por la tierra?