La última semana política se caracterizó por la aparición a cara descubierta de un fenómeno desconocido en el país. El choque directo entre gobernadores y el presidente de la Nación. Quizás, buceando en la historia pudiérase hallar ejemplos donde las provincias chocaron con el poder central. Pero sobre todo en los tiempos preconstitucionales, de allí, precisamente, los pactos preexistentes que menciona el Preámbulo constitucional. Desde Salta, Gustavo Sáenz se esfuerza por aparecer pero no logra que el Presidente deje de considerarlo un traidor.
Fueron precisamente esos pactos los que allanaron el camino de la pacificación cuando las tropas porteñas se aligeraban para marchar contra las provincias mesopotámicas principalmente y siempre por cuestiones de dinero que entonces se llamaba «el problema de la Aduana».
Esa tensión entre centralismo e interior es tan vieja como la historia misma del país, uno de los grandes «karmas» -sino el más grande heredado y jamás resuelto. Por alguna razón que hasta ahora nadie parece haber podido explicar concretamente, el gobierno central de este país, aún siendo minoritario en proporción del resto de las provincias, jamás pudo ser doblegado. Antes bien, fueron las provincias las que terminaron renunciando a demasiados derechos a lo largo de la historia, particularmente fiscales a través de los famosos «pactos» de ese orden.
Desde 1853, en que se sanciona y promulga la Constitución Nacional, dos conceptos han sido claves en las relaciones políticas entre Nación e interior: autonomía de las provincias y federalismo.
Este último, sea quizás uno de los términos más utilizados en las relaciones políticas, como así mismo bastardeado y olvidado. Es el gran convidado de piedra de los discursos porque en su nombre se prometen cosas imposibles y se quitan otras necesarias.
En ese contexto cabría preguntarse dónde queda la idea de federalismo cuando el presidente, Javier Milei, hace resonar su látigo intentando disciplinar a los gobernadores. O dónde está el peso específico de la Cámara de Diputados de la Nación, incapaz de resolver en el tiempo prudente un proyecto como el de la Ley Ómnibus. Cualquiera puede darse cuenta de lo complejo que puede resultar debatir una ley tan compleja como esta; pero también cualquier puede advertir que los discursos de los legisladores, de alguna manera, está teñidos de verde, y no esperanza precisamente…,.
Ya se va, ya se va, y Sáenz ¿dónde está?
El mismo presidente Milei, habría reconocido entre cercanos en los días recientes que si no se apura con el progreso del programa pensado inicialmente corre el riesgo de que «me bajen», tal habría sido la expresión del Primer Mandatario del país.
De allì entonces que contra lo que suponen los gobernadores y los analistas clàsicos, Milei, piensa acelerar màs a fondo todavìa las reformas porque estarìa pensando en que el problema planteado con el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, en el fondo oculta una jugada política orquestad por Horacio Rodrìguez Larreta y potenciada por Axel Kicillof, y esto tendrìa que ser lo antes posible porque si logra bajar la inflaciòn a un dìgito y abrir el cepo al dòlar, listo, Milei se consagra, y si luego, en dos años màs, se observa un crecimiento sostenido, se terminò el peronismo kirchnerista y con ellos las cajas de millones y millones de dòlares.
En el fondo del enfrentamiento entre la presidencia y los gobernadores campea la cuestión de la plata negra como suele llamársela, que es la enriquece a los corruptos y paga las campañas. Al parecer, la mayor caja de este tipo fueron los fondos fiduciarios, de los cuales, la provincia de Salta tenía varios y algunos presididos por notorios políticos y funcionarios públicos.
Lo que terminó de detonar toda la situación en tensión entre Milei y los gobernadores fue la carta del gobernador de Chubut, Ignacio «Nacho» Torres, quien publicó una carta titulada «Los gobernadores de las provincias del Sur» en su cuenta de «X» en la que dice que si el ministerio de Economía de la Nación no le brinda a Chubut sus recursos, entonces la provincia suspenderá los envíos de gas y petróleo.
A primeras aguas, la decisión de «Nacho» Torres hace parar en aplausos a la tribuna, pero en política y más a esos niveles no se puede ni se debe ser tan ingenuo como para pensar que la cosa es tan simple como eso y que que de pronto, el gobernador Torres se convierte en la víctima de un presidente malvado.
El hecho es que supuestamente el escándalo se produce porque Nación le habría quitado a Chubut un tercio de su coparticipación, con lo cual miles de habitantes del lugar se verán perjudicados. Lo que Torres ni nadie dice es que esa provincia ya tenía un acuerdo firmado con Nación por adelantos de fondos a pagar o garantizados con la coparticipación; o sea, lo único que hace Nación es retener lo suyo previamente pactado.
Según aparece en ciertos informes, el «Nachito» Torres, como lo llamó el presidente, estaría ocupando el puesto de gobernador porque fue «inventado» por una corporación política que entre otros intereses maneja la llamada «Flota Amarilla», como su nombre lo indica, una cantidad de buques pesqueros que responden al sindicalista que «bancaría» a Torres y cuya facturación sería varias veces millonaria en dólares. Se entiende así porque se va configurando este cuadro de pelea contra Milei.
En Salta, se termina la fiesta
En Salta, el gobernador, Gustavo Sáenz, andaría como dice el viejo dicho «como bola sin manija» porque lo traiciona su progenie pro Massa, su pseudo peronismo y sus antecedentes de haber estado siempre bien con Dios y con el Diablo, sólo que esta vez, el Diablo para muchos, no sabe ni la interesa pactar por el alma de ningún gobernador.
Localmente, Sáenz tiene problemas graves que arreglar y ahora sin la ayuda de Nación, ya que el gobernador salteño ha jugado, o querido jugar una carta de fuerte apuesta reuniendo a cinco mandatarios provinciales en Salta con la vicepresidente de la Nación, Victoria Villarruel y el ministro del Interior, Guillermo Francos. Tal parece, esta reunión no surtió ningún efecto a los fines de poder promocionar nacionalmente la capacidad negociadora y su liderazgo como pacificador de Sáenz.
Así, Salta, se va quedando con sus propios problemas y un gobierno que carece de gente capacitada para poder superar el temporal. Véase que uno de los primeros problemas será el renovado rito del conflicto con los docentes a quienes el correrles una semana el inicio de las clases no los convenció porque esos dirigentes quieren que sus compañeros los vean triunfantes y no como administradores de crisis en cuotas.
De esa manera, otra vez, está en duda el inicio del ciclo lectivo a pesar de los esfuerzos dialoguistas que realiza la ministro, Cristina Fiore, con los sindicatos.
El otro tema inmediatamente conexo con las clases es el transporte público, cuyo precio en el mes de marzo tocará los $500 y para abril sería ya de $1000. ¿Qué trabajador aguanta ese gasto?
Ahí es donde aparece el legislador nacional, Emiliano Estrada, desenmascarando, o al menos «metiendo el dedo en la llaga» y diciendo que el boleto del colectivo podría bajar su precio a $110, diciendo que el déficit por el que aumentó el boleto de colectivo es de $ 790 millones que es lo que enviaba Nación; ahora bien, para Estrada, el gobernador Sáenz, gasta hoy mensualmente, esa misma cantidad -$790 millones- en pauta publicitaria. Para el diputado nacional, Estrada, en el marco de la actual coyuntura de crisis, el gobierno no debiera gastar en publicidad esa cifra y pagar los subsidios y el boleto del transporte bajaría a los tradicionales $ 110.
Siempre siguiendo el pensamiento expresado por el diputado nacional, Estrada, la provincia podría ahorrar otros $ 6.000 millones no gastando en el voto electrónico cuyo único beneficio sería tener los datos unas tres horas antes de lo que demandaría en caso de ser voto papel.
Y Sáenz, no la ve
La actitud y la firme determinación del presidente, Milei, de ir contra los manantiales de dinero espurio de la política hizo saltar a los gobernadores que utilizaron como pretexto para abroquelarse en autodefensa el recorte o en algunos casos la eliminación de los subsidios.
La provincia de Salta obviamente fue una de las alcanzadas por estos recortes y Gustavo Sáenz se movió rápido instalándose entre los primeros puestos de los reclamadores. Hasta allí la cosa iba bien y la actitud del salteño hasta podía haber resultado plausible, de no ser que Salta, junto con Chubut y otras tres provincias, se encuentra entre las que más dinero le deben a la Nación por el uso de los fondos fiduciarios.
En efecto, según estimaciones vertidas en los medios de prensa, Salta, sería deudora de Nación en la suma de $ 55.975 millones, de allí los descuentos operados en la coparticipación y los que se vendrían además. Siempre es duro tener que pagar la fiesta.
Entonces, la supuesta «rebelión de los gobernadores» que algunos desprevenidos aplauden como una reivindicación de un federalismo perdido se hará añicos cuando el ministerio de Economía de la Nación les saque la factura de lo que están debiendo por el mal uso de estos fondos fiduciarios.
En ese momento habrá que ver si Gustavo Sáenz sigue arrodillándose sólo ante Dios, el Señor y la Virgen del Milagro o ahora debe incorporar en la galería de imágenes a Luis Caputo, el ministro de Economìa, porque tendrá que ver cómo le paga a Nación la parte correspondiente de los $400.000 millones de deudas que fueron refinanciadas a pagar en cuotas mensuales.
Entonces, a la tríada ante la cual Sáenz haría su genuflexión, bien corresponde agregar en cuarto lugar al ministro Caputo, porque Salta sería la cuarta provincia dentro del listado de los mayores deudores, después de Chubut, Tucumán y Chaco, con un aproximado de $55.975 millones.
Mal que les pese, el estilo Milei es sumamente pragmático y destruye los discursos -versos se diría en lenguaje popular y político-, de modo que los giros literarios y las invocaciones religiosas de poco o nada le servirán a Sáenz. Menos todavía continuar embarrándola solidarizándose con su par de Chubut diciendo que: “Desde el norte profundo de la Patria mi solidaridad con mis colegas patagónicos. Salta le da gas y petróleo al país desde hace casi 80 años. Hoy damos granos, carne y tantas industrias”.
Tampoco sirven las apelaciones a los valores humanos como «la humildad» ni las convocatorias a «a un gran Acuerdo Nacional». La hora del «diálogo, el consenso y el respeto son sinónimos de Democracia.», todos conceptos muy elevados pero que los gobiernos no practicaron durante décadas y ahora «hay ponerle una sobre otra», como dijo un funcionario de Economía de Nación