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Salta

Las puertitas del señor Sáenz

Una de las puertitas de Gustavo Sáenz se abrió esta semana cuando los senadores nacionales cometieron el atropello de aumentarse las dietas de una manera lindante en el escamoteo

Gustavo Sáenz

Por Matilde Serra

La provincia de Salta tiene una dirigencia política que parece empeñada en no crecer y al no hacerlo posterga las aspiraciones de todos los salteños, obviamente. Gustavo Sáenz vive en el pasado; es más, vive del pasado. Porque luego de más de dos décadas, quizás tres, son las mismas caras las que cambian de asiento. Como en el juego infantil de dar vueltas y sentarse según la música que pone el dueño de la fonola. La diferencia es que ninguna se queda sin silla, claro.

Es el mismo elenco estable que no advirtió la evolución que observó el mundo mientras ellos jugaban a conservar la silla, por eso, hoy no saben de las potencialidades que les ofrece la tecnología. Tampoco parecen darse cuenta de que la mentalidad del electorado cambiò y como ya se ha dicho, la prueba más contundente es el presidente que comanda -por decirlo así- al país, que no ganó en las urnas sino en los teléfonos.

Tan obsoletos están en su pensamiento que todavía existen algunos que se autoperciben como dirigentes y con el avecinamiento de elecciones para el año próximo comienzan a desempolvar la carpa, el escenario y a vestir payasos para el próximo show electoral del año 2025. No pocos tendrán la sorpresa de darse con las sillas vacías porque mientras ellos siguen sacando conejos desteñidos de una galera ya en desuso.

Así se llegó a las actuales circunstancias donde de pronto el esquema político nacional hizo un viraje de laucha vertiginoso y pareciera que no encuentran cuál es el rumbo. Primero fue la parada gauchesca de facón en mano, luego la sumisión inmediata y por ahora se reparte el tiempo entre la negociación y el desbande político interno del peronismo, del radicalismo. Tan desconocida es la situación que hasta el zurdaje no halla un motivo cierto para organizarse y protestar. Claro, el famoso «No sé de qué se trata, pero me opongo», ha perdido espacio porque como nadie sabe a qué oponerse, lógicamente, para qué vamos a marchar. Encima sin planes para repartir.

La película sin fin

Si se tradujera la realidad de la política salteña a un guion cinematográfico, podría titularse de dos maneras; como «La historia sin fin», o en el estado actual de cosas más bien sería «Las puertitas del señor López», que presentaba un argumento donde el protagonista era un sujeto perverso, tímido y reservado, que se escapaba de la realidad a través de puertas de baños desde donde observaba un mundo imaginario privado.

Lamentablemente, parece que el gobernador, Gustavo Sáenz, también observa el mundo desde puertitas privadas donde el mundo es maravilloso y Salta es un vergel de progreso y paz social.

Una de las puertitas de Gustavo Sáenz se abrió esta semana cuando los senadores nacionales cometieron el atropello de aumentarse las dietas de una manera lindante en el escamoteo, entonces, consultado sobre el episodio el gobernador señaló que «le parecía inoportuno el aumento de los senadores porque la gente la está pasando mal». ¿Cuál gente? Si la provincia de Salta está a un paso de convertirse en el Jardín del Edén según sus funcionarios.

Sobrevoló entonces en el aire la expresión «hipocresía», que no se refería al famoso bolero sino a la situación interna donde ahora el primer mandatario se disgusta con los montos de los sueldos de los senadores nacionales cuando los propios, los de Salta, hace un rato que vienen cobrando cantidades millonarias, algunos dicen, similares a lo que ahora se aumentaron en el Congreso Nacional. Cuando los jueces de la Corte rayan los diez millones de pesos mensuales y cuando funcionarios de la cuarta línea ganan cantidades cercanas al millón de pesos y algunos casos mas.

Pero el problema quizás no sería el cuanto gana un legislador o un juez, sino la grieta que existe entre el ingreso de unos pocos y la pauperización de la gran mayoría. Porque desde ese punto de vista habría que preguntarse qué sentido tiene criticar lo que hacen los legisladores nacionales mientras en Salta las condiciones básicas de vida de grandes sectores de la población continúan igual o peor de lo que estaban al asumir esta Gestión.

En este caso la puertita abierta por Sáenz parece que le muestra una realidad social muy distinta de la que el gobierno cree que sustenta y que describe en sus discursos de inicio del año legislativo. Al escuchar esa descripción cualquier salteño desearía ir a vivir a esa provincia.

Otra puertita que Sáenz parece abrir cada mañana es la de la salud pública, con índices de desnutrición y mortalidad que no se han disminuido desde hace décadas, con hospitales tanto en la Capital como en el interior no sólo colapsados sino con ausencia de insumos mínimos. Debería acaso hacerse una estadística de los casos que llegan a los hospitales del interior procedentes de los municipios porque en esos hospitales locales los mismos médicos recomiendan «llévelo a la Capital porque aquí no tenemos cómo atenderlo».

Los formularios denunciando «estado febril» cubren para las estadísticas los alcances de la epidemia de Dengue y se hacen así, por un lado, porque sería una orden superior, y por otro lado porque no tienen los reactivos necesarios. Un análisis de un enfermo de Dengue puede demorar hasta cuatro días.

Otra puertita es la de la educación, espacio donde se proclama que los docentes salteños perciben los mejores sueldos del país pero los niños en las escuelas rurales de jornada extendida tienen como base un aporte oficial de $500 por día y por persona. Y tan mezquino es el presupuesto que un alto funcionario de ese ministerio anunció la «personalización» de los aportes, es decir, censar cuántos niños concurren efectivamente no sea cosa que alguno coma por más de ese monto. Hay municipios en los que la directora de alguna escuela rural pide prestado o se solventa con el aporte de algún comerciantes o vecinos generosos para poder cocinar a los alumnos.

Otra puertita que parece abrir el gobernador, Sáenz, es la de la obra pública, que si bien ahora por las medidas nacionales puede estar restringida, pero en el transcurso de un periodo sólo pudo inaugurar una sola como es el tramo de la Circunvalación que va hacia la zona norte. A propósito de esto, se nota con alguna curiosidad que los anuncios de obras viales se concentran en la zona de la localidad de San Lorenzo, particularmente, San Lorenzo chico, donde prácticamente ya se ha levantado una ciudad privada y donde la realidad de esa gente tiene precios y costos de otro país. Eso sí, habrá pronto otro teleférico pero barrios sin servicios elementales.

Más allá, Sáenz, parece abrir la puertita del transporte público cuyo costo se elevaría a $744 por boleto, ya solicitados por SAETA. Si bien el proceso requiere de una audiencia pública, todo mundo sabe que eso no es más que un trámite porque al no ser vinculante, se convierte en una reunión donde los pocos vecinos que concurren van a hacer catarsis de su situación, tiempo perdido porque la suba del boleto será finalmente inclemente.

La casa donde habita Gustavo Sáenz tiene muchas otras puertitas, pero recorrerlas a cada uno rendiría la tarea del cronista demasiado extensa y repetitiva, porque hay situaciones que si bien devienen de años ha, durante el último mandato no se ha hecho nada ni siquiera iniciar un camino de solución sustentable.

Al fin de cuentas, el tiempo pasa y se nos va la vida, dice la canción; el problema es que con administraciones que no ven la crudeza de la realidad el tiempo pasa y se deteriora la vida, lo cual es mucho más graves porque es bastante más caro y riesgoso -en términos de vida- tratar de reparar lo dañado que emprender obras de una vez y desde cero, o tomar decisiones salariales y estructurales para mejorar los ingresos.

Claro, el problema es que mejorar la vida de los ciudadanos es una tarea que implica invertir hoy para ver los resultados en años más adelante. La infraestructura, por ejemplo, se entierra, los caños y los cables no se ven y eso no «garpa» electoralmente. Mientras el gobernador y sus funcionarios inmediatos continúen abriendo puertitas y encuentren realidades edulcoradas, tal vez estén hipotecando su futuro político de manera irreversible.

El «Diario de Yrigoyen» en realidad no existió; las puertitas de Gustavo Sáenz tampoco existen, pero es evidente que en ambos casos los mandatarios estaban viendo una realidad de país y de provincia que en los hechos no existe. –