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Opinión

Solo y perdido: la realidad que Gustavo Sáenz no quiere ver

Tal como está el rompecabezas político de Salta, se escucha desde el confín de los tiempos aquella frase de Julio César: «La suerte está echada»

Gustavo Sáenz

Por Matilde Serra

El rompecabezas de la política se compone de innumerables piezas, cada una de las cuales representa un aspecto importante del proyecto político de quien conduce, nutrido por las experiencias y relaciones que se consuman en ese hacer que encuentre su razón de ser en lo que suele llamarse proyecto político. Gustavo Sáenz no atraviesa los mejores momentos de su gestión. Odiado por el Presidente, el mandatario local distorsiona su mensaje, orientado a la tribuna aplaudidora. Y muy alejado de la realidad de los salteños.

Sin embargo, en ocasiones, ocurre que el gobernante se halla frente a la frustrante realidad de que algunas de estas piezas parecen estar ausentes. Ya sea en el ámbito personal, en el círculo íntimo o entre los que aparentemente le tributan la falsa fidelidad de promesas y genuflexiones que cada vez más tienen de amores de estudiantes: «hoy un juramento, mañana una traición».

El otro problema que parece estar padeciendo una Administración como la del salteño, Gustavo Sáenz, es el desajuste entre la ficción que pareciera habitar en la mente del gobernante y la cruda realidad que enfrenta el pueblo, un fenómeno que ha marcado la historia política de no sólo de la provincia sino del país mismo en los últimos tiempos.

Es el punto al que se ha llegado en estos momentos donde Sáenz parece estar envuelto en las redes de una narrativa propia, construida sobre ideas idealizadas o desconectadas de las verdaderas necesidades y aspiraciones de sus ciudadanos.

Este desajuste puede resultar peligroso y perjudicial para la sociedad en su conjunto. Cuando un gobernador como Gustavo Sáenz se aferra a una visión distorsionada de la realidad, ignorando las voces y las realidades de sus gobernados, se crean brechas insalvables entre el poder y el pueblo. Las políticas basadas en esta ficción pueden ser ineficaces e incluso perjudiciales, ya que no abordan los problemas reales que enfrenta la población.

Por otro lado, la distancia entre la realidad del pueblo y la percepción del gobernante puede alimentar sentimientos de alienación y desconfianza en la sociedad. Cuando los ciudadanos sienten que sus líderes están desconectados de sus vidas y preocupaciones, se erosionan los lazos de confianza y legitimidad que sostienen cualquier sistema político.

Comienza allí la decadencia y la destrucción del sistema democrático tal como está ocurriendo ya donde a casi un año de las elecciones para el recambio legislativo es muy probable que los grandes partidos, particularmente el peronismo salteño, enfrente dos cuestiones no menores que llevan a preguntarnos: ¿Cómo harán para enfrentar una campaña sin dinero? y luego, ¿Con qué candidatos? O será tal vez que otra vez se recurrirá al expediente de volver a reciclar a personajes que como los rulemanes viejos ya desajustan de tanto dar vuelta.

En última instancia, el desajuste entre la ficción en la cabeza del gobernante y la realidad del pueblo es un recordatorio de la importancia de la responsabilidad y la empatía en el ejercicio del poder político. Solo cuando los líderes y ciudadanos trabajan juntos para construir un entendimiento compartido de la realidad pueden superarse las brechas y construir un futuro más justo y próspero para todos, lo que vendría siendo el caso del gobierno de Salta.

El rumbo está perdido y los objetivos rotos

En el último mensaje del gobernador, Gustavo Sáenz a la Legislatura, en las palabras del mandatario se reflejó de manera hasta patética esta distancia señalada entre la palabra y la realidad. Sáenz, describió una Salta más cercana al país de las maravillas de una Alicia, para no decir que fue literalmente un cuento, porque basta alzar la mirada de las hojas del discurso para comprobar el literal desguazamiento del Estado.

Los grandes ejes de la política diseñados por el peronismo, doctrina a la cual tributaría aparentemente Sáenz, que son la educación, la salud y el bienestar general, en Salta no funcionan de ninguna manera, y no existe manera posible de disimularlo, salvo que el gobernador esté leyendo cada mañana la versión local del «Diario de Yrigoyen».

Sería un acto reiterativo y hasta ocioso volver sobre el estado decadente y la postración social en que se encuentra la provincia, hoy, la preocupación de lo que quede de dirigencia política debiera estar orientada a decirle al gobernador que se quite los «Apple Visión Pro» y deje de mirar una realidad virtual porque la realidad está indicando que se acercan peligrosamente y cada vez a más velocidad hacia el barranco del fracaso político, institucional y personal.

En ese discurso ante la Asamblea no se escuchó decir ni una letra, por ejemplo, sobre cómo sigue el gobierno de Salta. No hubo ni un atisbo de visión más allá de las narices y del tiempo político inmediato, cuando la realidad reclama gobernantes que sepan leer el signo de los tiempos.

Porque el problema no pasa por estar o no alineados con el presidente, Javier Milei, sino por mirar bajo el agua y descubrir qué es lo que este hombre está pensando como proyecto político y de país.

Esos discursos grandilocuentes, aludiendo a santos y dioses, desenvainando un facón gaucho dialéctico, ya no son más que grotescas puestas en escena cada vez menos creíbles, más insustanciales y que demuestran que al proyecto «Rosa, Rosa» sólo le han quedado las espinas. Se terminó el tiempo de la caja chayera en el escenario, del poncho al hombro y del palmoteo populachero. Tal vez, ni Sáenz, ni ninguno de los demás gobernadores ni políticos haya pensado nunca que se encontrarían frente a un presidente sustancialmente pragmático, duro y rayano en el desequilibrio mental como gustan acusarlo, pero como la mayoría de la clase política es semi ignorante en materia de lectura de los clásicos, no recuerdan que El Quijote estaba loco, pero fue el mejor asesor de Sancho Panza cuando gobernó la Ínsula Barataria.

Hoy, lamentablemente, Salta, gracia a la ceguera política de su gobernador y séquito de aduladores es una ínsula, es decir, un espacio separado de todo, incluso mental ya que la medicina define así a esa parte del lóbulo temporal y está implicada en funciones cognitivas como el procesamiento del lenguaje, la percepción sensorial y la regulación emocional, todas disposiciones que parecen estar fallándole al gobernador de Salta.

Pero además, Salta, es una ínsula Barataria por lo barata, por lo pobre, pero no es pobre en el sentido en que supo definirla Gustavo Sáenz, sino empobrecida por el saque sistemático de los funcionarios. En términos de literatura, la denominación de «barataria» alude a un territorio donde ocurren eventos históricos relacionados con piratas, corsarios y malandrines. En este punto, será el lector el que ubique qué escenario le queda mejor a Salta

El rompecabezas está hecho pedazos

La política se compone de cuadros, o sea, las formaciones de militantes; claro, esto en la teoría porque en la realidad nada de esto existe ya, sin embargo, hay que considerar dentro de esa definición de cuadros a los funcionarios, entre ellos, y en el actual momento político los más destacados cuadros vendrían siendo los diputados y senadores nacionales.

En este momento de la política del país y cuando desde la Nación se ha iniciado una verdadera poda de recursos, un gobernador precisa de esa fuerza de choque político íntegra e integrada para «defender los derechos de los salteños» como gusta repetir Sáenz.

Sin embargo, ese rompecabezas político está disperso y las piezas no encajan por ninguna parte, entonces: ¿Cómo puede el gobernador de Salta enarbolar discursos tan soberbios cuando se halla en soledad?

La soledad de Gustavo Sáenz parte desde el entorno mismo donde sus «leales» le tributan honores y luego deciden de acuerdo a sus propios intereses, ya formalizando reuniones clandestinas con quienes tienen aspiraciones de ser los protagonistas del tiempo político que viene.

De la pléyade de siete diputados nacionales que representan a Salta, en rigor legítimo, Sáenz sólo cuenta con un diputado y medio en realidad. Uno íntegro que sería, Pablo «Loro» Outes y el medio que representa, Yolanda Vega, porque una mitad la ocupa su persona en la banca y la otra mitad, la más importante, la de las ideas y la palabra está ausente.

El resto lo conforma la corporación ahora libertaria de origen amarillo con Alfredo Olmedo que de ninguna manera se alinearán con el gobernador Sáenz, lo cual deja prácticamente desnudo al mandatario salteño en términos políticos.

Para agravar la situación, el gobernador de Salta, desde las elecciones ha perdido el rumbo y tiene los objetivos rotos eligiendo una conducta zigzageante. Fue el primero -en apariencia- en acercarse al presidente, Javier Milei, pero luego fue también el primero en ponerse al frente defendiendo un eufemístico federalismo y pretendiendo liderar una liga de gobernadores del norte que jamás existió.

Esta conducta agrava todavía más la situación de su legislador nacional y medio y compromete a la otra diputada nacional, Pamela Calletti, que si bien forma en otro bloque intermedio podría ayudar a Sáenz. Los «libertarios», con errores, pero mantiene una coherencia política que en Salta se ha perdido.

Las redes sociales que son la palabra del pueblo reflejan esta danza macabra de Sáenz apoyando a los amarillos, en particular a Emilia Orozco, que llena sus espacios con comentarios elogiosos mientras que cuando intentan posicionar a Outes el rechazo es masivo. Y esto es un dato objetivo de la realidad.

La frase insignia de Sáenz: «Yo defiendo a los salteños» en su tour por los medios nacionales es nada más que un eslogan vacío de contenido. Un periodista de un medio nacional se preguntó por qué, por ejemplo, no se pone mano firme en el tema del canon minero a las empresas chinas y no se incrementaría el boleto del colectivo que golpea directamente a la masa de los trabajadores.

Se dirá en este caso de que la culpa la tiene la quita de subsidios, pero por la Constitución Nacional, las provincias tienen autonomía y en una provincia que se promueve como equilibrada y con superávit tal vez sería cuestión de reformular el presupuesto y achicar gastos, como le respondió a Sáenz el diputado nacional, José Luis Espert, para que se allanen algunos baches que afligen a la economía de los ciudadanos.

Otro dato de la realidad es el deterioro progresivo de la calidad de vida de los salteños mientras no se observa ni un mínimo gesto de parte de funcionarios y allegados a la «casta» salteña en favor de alguna medida de austeridad.

Las fuentes cercanas a la Casa Rosada consultadas revelan que el concepto que se formaron del gobernador, Gustavo Sáenz, es irreversible. Porque se dice que a Milei le gustan los dirigentes que lo desafían con inteligencia y altura política, a los demás, los que «miden en la mediocridad», como dicen, no los respeta. Lamentablemente para Salta, el gobierno local está en ese concepto y un signo elocuente de esto es así es el trato que recibe el gobernador Sáenz cada vez que sale en un medio nacional.

Las líneas directrices de lo que viene seguramente se definirán a partir del convocado «Pacto de Mayo», cuando se firme ese documento y queden plasmadas las verdaderas reglas de juego de la política que viene.

De todas maneras, como están las cosas, todo lleva a pensar que esa aspiración intima de Sáenz y su entorno inmediato de consumar un tercer periodo de gobierno, a medida que pasan los días y se suceden los hechos políticos, está cada día más lejano.

Con un gabinete paupérrimo, mediocre y sin ideas sustentables, lo más probable es que este gobierno de Salta llegue al 2027 muy agotado y sin resto político como para ni siquiera continuar siendo protagonista en caso de cambiar en ese momento el signo político.

Tal como está el rompecabezas político de Salta, se escucha desde el confín de los tiempos aquella frase de Julio César: «La suerte está echada». –