SALTA (Por Matilde Serra) – La Ley Base, propuesta por el presidente, Javier Milei, obtuvo su pase a la Cámara de Senadores de la Nación. Las alternativas previas, los enojos, las descalificaciones que sufrió este proyecto en su momento cuando ingresó la primera vez desaparecieron mágicamente para muchos diputados nacionales de Salta, entre ellos, Pablo Outes y Pamela Calletti . Mientras que a Yolanda Vega no se le conoce la voz y solo levanta la mano, los legisladores del gobernador Gustavo Sáenz y sus encendidos discursos para rechazarlas han quedado en el olvido, reemplazados en la última Asamblea legislativa por enunciados que pretendían explicar lo inexplicable.
No hace falta un coeficiente intelectual muy elevado para advertir de que desde aquella postura de firmeza plantada hace un par de meses en defensa de un irrestricto federalismo, de un compromiso con «los salteños», a la justificación para ayudar a que esta ley se apruebe, ha ocurrido algo. Porque nadie cambia sus convicciones en días salvo por dos razones, ya por algún tipo de incentivo, ya por una orden directa.
Nada se puede predicar de los diputados salteños de La Libertad Avanza, a quienes obviamente les atañe el caso de obediencia debida para votar a favor de esta Ley, lo cual por otro lado es congruente ya que están sentados allí por imperio de su pertenencia al sector amarillo, entonces la cuestión de la responsabilidad por traicionar sus ideales recae exclusivamente sobre los supuestos diputados justicialistas.
Todo sucedió, como un macabro juego de la historia, justo horas antes de celebrar el 1 de Mayo, día caro para el peronismo si los hay, y la memoria de los militantes debiera recordar que el homenaje de los diputados «peronistas» de Salta fue entregarlos a las manos del sistema más cruel que se haya visto desde las reformas de Carlos Menem.
«Ese no era peronista»
Cuando se decidió reformar la conformación de la CAP (Comisión de Acción Política) del Partido Justicialista, una orden directa del gobernador, Gustavo Sáenz, colocó a Pablo Outes como presidente. Sólo los neófitos o ignorantes del significado y de los signos de la política podían suponer que aquello funcionaría colocando al frente a un individuo que no tenía militancia y cuya «afiliación» al justicialismo era sólo coyuntural pues carecía de toda militancia.
Recordadas son las críticas que se plasmaron entonces en las redes sociales cuando los «memes» denunciaban a un Outes que en su gestualidad ni siquiera sabía hacer la «V» con sus dedos y se escondía detrás de los demás entusiastas que saltaban en el palco para esconder que ni siquiera sabía cantar la Marcha Peronista. Pero allí estaban, renovando la CAP, y haciendo exactamente lo que Perón había advertido: «Cuando quieran que algo no funcione, formen una comisión».
Los hechos que siguieron a esa renovación le darían la razón al extinto líder. Con Outes a la cabeza, el peronismo -si algo quedaba para entonces- terminó de languidecer al punto que la Casa partidaria de la calle Zuviria fue quedando vacía, sin luces, lo mismo que la cabeza de otros dirigentes que acompañaron a Outes en esa puesta en escena.
Con el nombramiento de Outes al frente de un peronismo fláccido, se buscaban dos cosas: controlar los arrestos de los peronistas màs ortodoxos y eliminar todo foco de resistencia. Lo demás, el manejo de los punteros era sólo cuestión de invertir unos pesos en cada campaña, y así se hizo.
Un candidato «al uso nostro»
Cuando llegó el tiempo de las elecciones y del recambio legislativo, en los corrillos inmediatos al gobernador Sáenz, se jugaba como el primer candidato a diputado nacional el nombre del «Atlas», Gastón Galíndez, un porteño quizás poco ortodoxo en su hablar y en los métodos, pero tenido por el grueso de la militancia como «un buen compañero».
Sin embargo, allá «arriba» estaban pensando otra cosa, el gobernador Sáenz tenía la decisión íntima de que el primer candidato fuera, precisamente, Pablo Outes. Ante la sorpresa de muchos y de otros cercanos, la explicación que se divulgó en el entorno saencista fue que «Gustavo reconoce los méritos de Gastón (Galíndez), pero quiere una salida honorable para Outes». Traducido, por alguna razón insondable, Outes, había cumplido su tiempo como uno de los miembros del triunvirato dominante.
Allì se cometió otro error, o quizás no fue tal, sino que se tomó otra decisión fatal para los destinos del conjunto del peronismo de Salta y de los salteños en general, como fue nombrar como segunda en la lista de candidatos a diputados nacionales a la ex intendente de Cerrillos, Yolanda Vega.
No dejó de causar sorpresa, primero, que esta mujer que venía de ejercer dos mandatos desastrosos y dejaba un municipio endeudado y con cuentas sospechadas, además de haber ejercido un notorio despotismo con nombramientos como el de su propio hijo, pero que carecía de toda condición política y personal para sentarse en una banca nacional fuera la compañera de fórmula de Outes. Pero el gobierno de Gustavo Sáenz tiene estas inexplicables. Bueno, allí casi todo es inexplicable.
Tan inexplicable como el premio otorgado al ex intendente de Tartagal, Mario René Mimessi, que dejó un pueblo hundido en millonarias deudas, con una lluvia de cheques voladores sin fondos sobre la gestión que lo sucedió y que ahora ocupa el puesto de ministro de Desarrollo Social, nada menos.
Así las cosas, se inició la campaña con Pablo Outes impuesto a sangre y fuego entre los intendentes, que además de «fumarse» al candidato, como supieran decir no pocos alcaldes, tenía que contratar obligadamente el adoquinamiento de alguna, por lo menos, o algunas calles del pueblo con la empresa de la cual el actual diputado nacional sería socio. Nada más reñido con la ética más elemental y con las normativas legales.
De esa manera se obligó a muchos intendentes, legisladores locales y militantes zonales a caminar las polvorientas calles con un Outes que apenas hilaba conceptos y una Vega que siempre venía detrás, ocupando lugar tanto en las calles como en las mesas que generosamente servían exquisiteces regionales y vinos del lugar.
En el camino de aquella campaña, ni Outes ni Vega -mucho menos- desgranaron una sola idea, lo cual hacia prever lo que terminó pasando, demostrando que eran productos políticos de ocasión, sin formación y carentes de todo contenido político. Pero, como se dijo entonces: «Y bueno, es decisión del «Uno»
Un corte, una quebrada.. y una agachada
De esa manera, el enroque produjo que la CAP, descabezada con Outes de campaña y diezmada con la salida de Vega, se reacomodó colocando al frente al ya presidente de la Cámara de Diputados, Esteban Amat, un hombre de buenas intenciones, solidario con los compañeros y leal, una característica un tanto extraña entre la dirigencia y los funcionarios de alto rango de este gobierno. El resto de la CAP fue consolidada con dirigentes de poca monta, en su mayoría -salvo las honrosas excepciones de siempre-, unos advenedizos y acomodados. Se preveía lo que pasaría.
En tanto, los otros que también terminaron ocupando lugares en la Cámara de Diputados de la Nación, el CPN, Emiliano Estrada y la polifuncional, Pamela Calletti, llegaron a esas bancas desde las cuales Estrada pasó a ser más opositor de Gustavo Sáenz que los propios legisladores libertarios. Hay que decir que Estrada castigó y refutó cada afirmación de Sáenz con papeles y estadísticas en la mano, mientras los «amarillos» caían en la vieja y consabida estrategia de la calumnia, nada más.
La legisladora, Calletti, también se alejó de sus orígenes, formando una extraña composición entre monobloque y «entrepiso» político, algo así como aquí estamos, pero no tanto. Durante este tiempo desde su asunción no se conociò dato importante que justifique para los salteños lo que cuesta mantenerla en su banca.
En la nación había ganado la presidencia, Javier Milei, un «outsider» bastante extraño, un verdadero ejemplar de estudio que podría haber hecho las delicias de la escuela fundada por la hija de Sigmund Freud, pero avalado por casi un 56% de la población.
El caso de Milei es extraño por donde se lo mire, aunque deja una gran enseñanza para la clase política en general y la salteña en particular. Milei ganó a través de los teléfonos, sin poner un sólo afiche, una sola gigantografía en las calles o en las rutas. Un hábil manejo de medios, una no menos hábil capacidad para montar shows escénicos y decirle a la gente lo que quería escuchar lo depositaron en la Casa Rosada.
Por aquellos días posteriores al triunfo de Milei, se comentó en los pasillos muy cercanos al poder de Grand Bourg, que una llamada del senador nacional, Juan Carlos Romero, le habría dicho -ordenado- a Sáenz, presentarse en el hotel donde Milei tenía montado su centro de operaciones. Obediente, Gustavo Sáenz, concurrió a la cita y -dicen- que luego de dos horas de amansadora, desde una puerta salió el presidente electo y en un acto de menos de un minuto lo saludó y lo entregó a las manos de dos funcionarios.
Malos estrategas en materia de comunicación como son los que rodean a Sáenz, mostraron esa foto del gobernador de Salta con los dos hombres más cercanos a Milei en horas cuando los gobernadores peronistas barajaban la idea de armar un frente para oponerse a lo que vendría y que finalmente vino. La difusión de esa foto le valió epítetos de todo calibre a Sáenz por parte de sus colegas de provincias entre los que sobresalía la palabra «traidor».
Pero hay que reconocerle a Sáenz una natural capacidad camaleónica que fue precisamente lo que le permitió sobrevivir al kirchnerismo y al macrismo, aunque ahora la cosa se le haya puesto un tanto espinosa, aunque a la luz de los resultados de lo que votaron los legisladores salteños, hay que pensar que otra vez, el color de Sáenz es el tornasol.
Hoy un juramento, mañana una traición
Y así echo a funcionar la Administración Milei, prometiendo «Mear a los gobernadores» (SIC), y obviamente, Sáenz no estaba dispuesto a ser alcanzado por la micción presidencial de manera que puso en juego sus artes de doble agente.
Por una parte, ensayó un fiero discurso de todo gauchesco y religioso, reivindicando el espíritu güemesiano de los salteños y del suyo propio, aunque tenga dificultades para montar por sì solo, y haciendo flamear la bandera de un federalismo que no se respeta ni en la provincia con los intendentes. Pero allí estaba, con el Señor y la Virgen del Milagro para protegerlo del sismo político que se avecinaba.
Cuando apareció en escena el proyecto de la «Ley Base» que prometía atropellar a todo y a todos, en ese primer debate donde se rechazo el enorme mamotreto político-jurídico que pretendía fundar -o fundir- una nueva Nación, los diputados nacionales por Salta elevaron en el Recinto nacional discursos de acaramelado tono federalista.
Particularmente bueno el que pronunció Pablo Outes que obviamente se transformó en la cara visible de los legisladores de Salta ya que Emiliano Estrada lo desconocía a Sáenz desde Tik Tok, la todo terreno, Pamela Calletti, hacia bastante mutis por el foro, como diría en el barrio «como perro que volteó la olla», y la indecible, Yolanda Vega, hacia gala de un mutismo absoluto, lo cual no sorprendía ya que en el entorno del PJ Salta, conspicuos «compañeros» dicen a voz en cuello de sus dudas sobre si acaso «La Vega» sabe siquiera leer de corrido. Menos todavía hablar en el Congreso de la Nación, obviamente.
Un espacio interesante de nada se estableció entre aquel primer rechazo y esta última votación donde Milei se llevó la palma de la victoria. En ese camino, Milei, propuso una novedad de tono patriótico, tratando de emular a los hombres de Mayo y a los que formularon los «Pactos Preexistentes» que denuncia el Preámbulo de la Constitución Nacional, proponiendo una reunión en la ciudad de Córdoba, tierra nada menos que de uno de sus mayores detractores, el peronista y antikichnerista, Martín Llaryora, que tras enterarse casi en vivo de que sería el anfitrión del llamado «Pacto de Mayo», se convirtió en un manso gato de salón.
Así se llegó a la instancia de votar nuevamente el proyecto de la «Ley Bases», pero para entonces todo había cambiado.
En el caso de Salta, el gobernador dejó de hablar y reclamar federalismo, no volvió a invocar la protección de las «Fuerzas del Cielo» locales y hasta recibió cordialmente a trece gobernadores y al ministro del Interior de la Nación en Salta. Fotos, crónicas vacías y circo mediático fue el resultado de aquella reunión. Pero…
Pero no vienen a Salta trece gobernadores y el ministro de la Nación encargado por el presidente de hilvanar la ristra de gobernadores que lo apoyen para tomar unos vinos y comer unas empanadas de valor registrado salteño gracias a la labor intelectual de la diputada local, Mònica Juárez.
Así, se lanzó el debate en Diputados para tratar la «Ley Base» y al turno de los salteños, el discurso de Pablo Outes resultó una genuflexión dialéctica escandalosa, vergonzosa y carente de toda ética. Si hay que traducirlo en términos de lo que está pensando ahora el peronismo más ortodoxo de Salta: «Nos entregó atados».
A su lado, una inmutable Yolanda Vega, como aquellos caciques tribales que nada entendían de lo que pasaba en las negociaciones con los carapàlidsa, sòlo levantò la mano imitando lo que hacìa la mayorìa. Acto reflejo quizàs pero que la convertìa en otra entregadora màs del pueblo salteño.
A su tiempo, Pamela Calletti, màs tècnica y con un discurso floreado de terminologìa pseudo cientìfica, podrìa decirse, terminò de ponerle el moño al paquete que le ofrendaron al presidente, Javier Milei.
Quién es quién
De los diputados de La Libertad Avanza, sería ocioso desgranar mayores comentarios porque fueron como aquellos muñecos que se les daba cuerda en la espalda y se los echaba a caminar, nada más. Un poco tal vez de ruido y pocas nueces de parte de Emilia Orozco, la más lúcida y lucida del grupo que antes de la reunión desparramó en su Tik Tok, la artillería gastronómica que había reservado para aguantar una sesión que veía venir como larga: Una pera, un energizante, una bananita Dolca, unos dulces y algunas grageas de algo parecido a lo que consumen los astronautas en el espacio.
Mientras la entrega de los trabajadores de Salta se consumaba a manos de los diputados nacionales del PJ, entre los militantes y los cuadros del PJ, cundìa la indignaciòn màs extrema. La palabra «traiciòn» ocupaba el centro de las conversaciones.
En limpio, entre ese nivel de dirigencia se opina que que Outes, Vega y Calletti, ya son «cadàveres políticos» y hasta se trama convocar a una reuniòn en la vacìa sede del PJ para pedirles explicaciones porque segùn opinan «Llegaron gracias a nosotros». Esos cuadros estàn mirando con recelo ahora al mismo presidente de la CAP, el conciliador Amat, y por supuesto, al mismo gobernador, Gustavo Sàenz.
Hay que decir que mientras esos cadáveres aùn estàn tibios, los compañeros y los salteños en general ya les están haciendo la autopsia. El veredicto que recorre los corrillos de los mentideros políticos es que «hasta aquí llegaron».
Esta situación pone en riesgo dos cosas: Por un lado, la aparente tranquilidad del propio Partido Justicialista cuyos dirigentes en boca de Frida Fonseca dice a los medios muy suelta de cuerpo que «tenemos que reorganizarnos», obviamente, contándose entre los «reorganizados». Pero lo que la Fonseca, los miembros de la dirigencia del PJ y el propio Amat parece no advertir es que las bases están pensando en otro concepto de reorganización donde ellos no estarían siendo contados. Esto por una parte.
Por otra parte, ese nivel de militancia y los salteños en general, piensan y con toda razón que el cambio de discurso de los diputados nacionales del PJ se debe evidentemente a una bajada de línea de Gustavo Sáenz, que lógicamente habría arreglado con la Casa Rosada algunas ventajas para llegar a Mayo en Córdoba con algunos pergaminos para poder sentarse a esa mesa, ya que los inmediatos ligados al presidente Milei señalaron en la semana pasada que «Quienes no vayan a firmar lo que se les ponga delante, ni siquiera serán invitados».
En términos políticos se puede afirmar sin temor a equivocarse que el telón ha caído para los diputados nacionales del justicialismo en Salta. Continuarán sus mandatos hasta el final, cobraran sus dietas, pero como a las reses, la marca a fuego de «traidores» a la causa peronista ya les ha sido aplicada, y por sus propios compañeros de partido.
El saldo tampoco es bueno para el gobernador, Gustavo Sáenz, porque es señalado como el autor intelectual de la defección y en términos políticos, esta situación contribuye a debilitar aún más su posición política. No es un secreto que es un hombre solo, a quien ni sus cercanos le son leales como ha quedado demostrado en la última elección donde Salta, a pesar de sus esfuerzos, terminó siendo una de las provincias que más votó a Milei, y eso ocurrió porque sus cuadros inmediatos ordenaron que vote así.
En el fondo, no todo es tan malo. Las crisis representan posibilidad de cambio y oportunidad. En esta instancia, detràs de los legisladores nacionales toda una estructura de poder se ha resquebrajado en sus bases.
Habrá que ver qué temperamento adoptan en el gobierno de Salta cuando las bases decidan comenzar a marchar.-