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Opinión

PRO Salta: una interna que a nadie le importa porque se definió hace un mes

Serán apenas cien o doscientos los afiliados que se acerquen a las urnas en la próxima elección partidaria, un número que pinta de cuerpo entero la verdadera magnitud de esta batalla campal.

PRO Salta

SALTA.- (Por Diego Nofal) Los grupos internos del PRO Salta arden con una catarata de insultos de ida y vuelta que resulta perfectamente proporcional al tamaño microscópico de su padrón militante y a la temperatura de las redes sociales en las noches de aburrimiento político. Serán apenas cien o doscientos los afiliados que se acerquen a las urnas en la próxima elección partidaria, un número que pinta de cuerpo entero la verdadera magnitud de esta batalla campal.

En las expectativas más gigantescas y delirantes de los dirigentes anida la posibilidad de que quinientos afiliados vayan a votar, algo que seguramente no ocurrirá porque ni los padrones se ilusionan con tanto entusiasmo inflado. La contienda se parece más a una pelea de consorcio por el color del macetero del palier que a una interna destinada a construir poder territorial real, con la diferencia de que en el consorcio al menos hay mayoría automática.

Una de las listas está compuesta por María Eugenia ‘Coco’ Varela y es la que tiene todas las de ganar, aunque no precisamente porque arrase con una marea de votos populares genuinos y espontáneos. Su ventaja aplastante radica en un detalle casi poético dentro de la lógica partidaria, ya que es la única nómina que logró presentarse completa y sin los bochornosos casilleros vacíos en los papeles de inscripción. Por el otro lado del ring aparece Rolando Carrizo, un dirigente tan convencido de su destino que ni siquiera llegó a completar su propia lista de candidatos para los cargos partidarios obligatorios. Aún así, irá a disputar la presidencia del partido macrista con más voluntad que estructura, una hazaña que merece un reconocimiento por insistir donde otros ya hubieran abandonado por falta de fotocopias.

La verdad lisa y llana es que esta interna no le importa a nadie, y resulta comprensible porque el suspenso se acabó cuando la rosca política era genuinamente entretenida para propios y extraños. Aquello sí era interesante cuando estaban las disputas para ver si Agustina Álvarez, que respondía con lealtad al intendente Emiliano Durand, se quedaba con el sello partidario mediante una operación quirúrgica. También picaba en punta la chance de que Martín de los Ríos o Beto Castillo, los dos enviados directos de Gustavo Sáenz, pudieran hacerse con el control del PRO mediante una maniobra clásica de mesa chica y cintura aceitada.

Hoy los tres han quedado fuera de esta interna y la situación se ha vuelto tan irrelevante que ni siquiera le importa al gobierno provincial, y mucho menos les importa a los propios y desorientados afiliados del partido amarillo. Ese alejamiento de los operadores de peso dejó al ring político con contendientes livianos y un cinturón vacante que, francamente, muy pocos están dispuestos a buscar si tienen que recibir media piña para ganarlo.

Además, si había algo remotamente importante e interesante en esta interna era la expectativa de ver si surgía algún referente capaz de encabezar las listas del año que viene con un mínimo de potencia electoral comprobable. Ese referente surgió hace casi un mes cuando Nicolás Maggio se subió primero al ring de los medios a pelear contra nadie, con una sombra imaginaria que lo ayudó a esquivar críticas y ganar por abandono del adversario ausente. De esta forma se quedó con la imagen del PRO de cara al año que viene, una conquista simbólica que lo dejó abrazado a un micrófono mientras los rivales internos ni siquiera se dieron por aludidos en sus mensajes de WhatsApp.

Eso era todo lo que importaba de esta interna, si conseguían un referente que ya lo consiguieron, o si el intendente o el gobernador se quedaban con el partido, lo cual no será para ninguno de los dos caciques locales. Así que la elección de autoridades se ha convertido en un trámite burocrático en la sede partidaria, donde solo se escuchan los ecos de viejas ambiciones que ya no cotizan en bolsa.

Ahora, a quién le importa el sello de goma del PRO, tomará relevancia únicamente en caso de que Mauricio Macri quiera hacerse candidato a presidente y necesite estructura y un referente local. Ese sello le garantizaría fiscales y la posibilidad de armar un acto en el norte sin tener que pedirle permiso a nadie, algo que hoy suena a una quimera política. Si el ingeniero decide no competir, ese sello terminará diluido en alguna alianza con el gobernador Sáenz o con La Libertad Avanza, convertido en un souvenir de sueños de poder que se esfumaron sin dejar foto oficial.

Mientras tanto, la interna sigue su curso con la épica de un partido de truco después del asado, donde los jugadores se gritan flor de boca y apuestan fichas que nadie más quiere contar en voz alta. Los doscientos valientes que irán a votar serán los encargados de decidir quién preside un sello que, por ahora, sirve más para abrir correspondencia de protocolo que para ganar elecciones. Esa es quizás la definición más sincera de todo este proceso tan criollo en un acto sin candidato, y donde el verdadero ganador hace rato que se fue a su casa a mirar el Mundial.

La verdad debe contarse entera, siempre. Para aportar información, puteadas y amenazas diegonofal@gmail.com
X @turconofal.