SALTA – Por Matilde Serra – El refranero popular encontrará en la Salta de Gustavo Sáenz todo tipo de situaciones para aplicar sus máximas. Porque cuando la política desaparece, se inicia el tiempo de la sabiduría popular que etiqueta a los hombres públicos con los motes y adjetivos más variopintos.
Cuando este fenómeno de la desaparición de la política ocurre, eso se debe a que todo se ha vuelto un revoltivo. Es decir, una mezcla desordenada o confusa de cosas, ideas -cuando las hay- o situaciones complicadas y difíciles de comprender. En suma, se cae en el revoltijo cuando todo se convierte en una situación caótica y desorganizada.
A pesar de que ya no está Miguel Isa, mentor de Gustavo Sáenz, la provincia se ha convertido propiamente en un bazar o negocio de beduinos porque los políticos como los hombres de la política de Salta, lo mismo que aquellos de esa raza del Medio Oriente, también son itinerantes, pasan de un partido a otro, de un espacio a otro… cuando la tienen, de una idea a otra.
Por su modo nómade de vida, obviamente, son desordenados y viven improvisando, así, la sociedad carece de una estructura organizativa. Eso sì, en lo único en que se diferencian es en que no viven en tiendas de campaña sino en suntuosas residencias fijas. Vendrían siendo algo así como los jeques de la política.
El analista que intenta ser prolijo a la hora de efectuar una evaluación de la situación política de Salta verá complicado su deseo porque esta provincia no ofrece ninguna arista medianamente ordenada o conducida por gente capacitada. Cada ministerio parece una tienda de campaña en el desierto donde cuelgan desordenados los bártulos y cachivaches a la venta. Porque, aunque se lo niegue, en Salta, todo se vende y de alguna manera lo termina pagando el pueblo.
La prensa… esa maldita prensa
El título del acápite es una paráfrasis de una crónica de tiempos de la colonia, cuando este país se organizaba y la prensa «Como una llovizna sobre Buenos Aires», hacia caer las ideas de la revolución, según dijera Mariano Moreno.
Por el contrario, en Salta -hay que decirlo- la prensa es una entelequia traducida en medios que únicamente alaban al gobierno y se cuidan como de dormir con un chico sin pañales de publicar siquiera una letra que pudiera ser malinterpretada por «los de arriba». Luego, salvo aisladas expresiones de muy poca monta, no existen lugares en los medios de prensa donde se pueda realizar el ejercicio constitucional de una libertad de opinión.
Aquí se encuentra ya el primer revoltijo cuando el gobernador Sáenz, muy suelto de cuerpo, declara que: «Yo quiero periodistas que digan, que critiquen, que lo hagan desde la critica constructiva, que no lo hagan desde el resentimiento o la bronca. Que digan realmente lo que sienten. Hoy día si los periodistas en Salta, o si los medios no tienen la pauta del Estado, no pueden sobrevivir. A nivel nacional es distinto, hay grandes empresas, pero tampoco creo que estén recibiendo pauta».
He aquí el primer revoltijo de ideas en Gustavo Sáenz. ¿Cómo se puede pretender un periodismo «libre» y que ejercite una «crítica constructiva» sino al precio de morir de hambre o desaparecer como medio de comunicación? Hasta el menos avisado sabe del férreo control de opiniones que se ejerce desde alguna oficina del Grand Bourg, y así, el espectro comunicacional está dividido entre «medios amigos» y «medios enemigos». Obviamente, existen en este terreno que es donde más se nota, los hijos y entenados, es decir, aquellos medios que reciben una pauta oficial extremadamente generosa, generalmente a cambio de «No me peguès» y terminan en el «cute and paste», porque no tienen estructura mediática, no hay opinión, ni editorial, ni mucho menos investigación, claramente.
En Salta se violenta a cara descubierta el principio rector y republicano del ejercicio de la prensa libre que es fundamental para la salud democrática de una sociedad. Desde un punto de vista teórico, por supuesto, la prensa debiera servir como contrapeso al poder, pero en Salta, la dependencia de los medios del poder político hace que informar en libertad se vea comprometido o directamente no exista.
El unicato de Sáenz
Hay que aclarar por si alguno está distraído que en política, el término «unicato» se refiere a un sistema en el cual un único partido político o líder ejerce un control absoluto sobre el gobierno y el poder político. Esto significa que no hay competencia política significativa ni pluralidad de partidos, y el partido dominante o jefe político tiene una influencia total sobre la toma de decisiones y las instituciones del lugar de que se trate.
El unicato a menudo se asocia con regímenes autoritarios o dictatoriales, donde se limitan las libertades políticas y se reprime la oposición. El líder o partido en el poder puede mantener su control a través de medios como la censura, la represión de la disidencia y la manipulación de elecciones, como estaría sucediendo con el voto electrónico.
Hasta el inicio del segundo mandato de Sáenz, los únicos opositores que podían levantar la cabeza y decir lo que les viniera en gana fueron el hoy diputado nacional por La Libertad Avanza, Carlos Zapata y el extinguido conductor de la izquierda trotkista, Claudio del Pla. Pero así también hay que decirlo, ambos eran más bien referenciales como oposición porque al menos en la Cámara de Diputados de Salta, el gobernador contaba con la mayoría absoluta.
Pero como bien se sabe todo cambia y por más que se empeñen en el entorno saencista de procurar el manejo omnímodo de la política local, esta situación de hegemonía en la Cámara de Diputados podría comenzar a cambiar el año que viene cuando en Salta juegue sus primeros lances el partido del presidente, Javier Milei. ¿Podrá, por ejemplo, el Partido Justicialista, competir con el empuje de una Emilia Orozco, ¿por ejemplo?
Porque se comenta a viva voz en los corrillos de que la joven legisladora nacional podría dejar su espacio en Buenos Aires y presentarse a pelear la senaduría por la Capital, que de ganarla, podría posicionarla como una alternativa preocupante en la carrera hacia la gobernación en 2027.
Bien es cierto que si Gustavo Sáenz hiciera honor a su palabra y como autor de una reforma constitucional que limitó todo mandato a sólo dos períodos, debería irse a su casa, pero la experiencia demuestra que en esta Salta, nadie que llega a la gobernación quiere dejar el sillón al término de un segundo mandato.
La preocupación de algunos cercanos al gobernador Sáenz, radica en el hecho de que con una bancada en minoría en diputados, podrían encenderse investigaciones y hasta un juicio político si una jugada de alta política se implementara.
Siempre los gobiernos de tono personalista terminan perdiendo la dimensión de los límites y caen en la tentación del manejo hegemónico del poder, como ocurrió el año pasado cuando se ordenò a los diputados votar la llamada «Ley antipiquete» y otra llamada por el periodismo local como «Ley mordaza». La primera imponía restricciones al reclamo social y la segunda limitaba de alguna manera el ejercicio libre de la prensa. En ambas ocasiones, el propio gobernador se vio obligado a vetar esas leyes.
Por último, como se consignaba en renglones anteriores que los cambios políticos operados en el país donde ya se puede hablar de un partido libertario podían socavar el poder político del gobernador, hay que recordar que el año anterior el oficialismo en Salta perdió tres elecciones consecutivas frente a un Milei que ganó desde las redes sociales demostrando así que la gestión de la política ya cambió.
La deuda y los otros
Es verdad que Gustavo Sáenz recibió una provincia endeudada, pero sin embargo, cuando en su primer discurso ante la Asamblea Legislativa dijo: «Salta es una provincia pobre», habría que corregirlo porque Salta no es una provincia pobre sino empobrecida. No es prolijo comparar una gestión mirando al pasado, más cuando esta administración ya lleva cumplido un tramo de gobierno.
En el caso de Sáenz, además de esas deudas, también coexiste el problema de la expansión de la masa de la administración pública que sigue creciendo porque se siguen nombrando funcionarios. Ya eran tiempos anunciados de ajuste cuando Sáenz asumió su segundo gobierno y ajeno a la realidad socio-política, el gobernador de Salta nombró casi 50 subsecretarios de Estado con sueldos nada modestos.
Si una administración requiere de funcionarios estos deben nombrarse, lógicamente, pero en este caso cuando se revisan los nombres de los designados, ninguno resalta por sus capacidades sino todos están allí debido a vínculos de amistad o de alguna forma de parentesco y así no hay presupuesto que aguante.
Entre esos nombramientos de remuneración suculenta se encontraría la propia esposa del octal intendente de la Capital, Emiliano Durand, con una remuneración de nivel ministro, además de otros nombramientos donde los funcionarios ingresaron junto a sus cónyuges, por ejemplo.
Despertar la conciencia cívica
Cuando al inicio de esta nota se hacia mención al refranero popular, de la misma manera podría apuntarse aquel viejo dicho que señala que «Cada pueblo tiene el gobierno que se merece», porque de otra manera no se comprende que la ciudadanía salteña contemple apacible y mansa cómo se suceden mandatos donde se reciclan funcionarios que no han contribuido para nada al progreso de Salta y continúan en los altos cargos.
Doblemente extraño resulta que no sólo los ciudadanos no reaccionen sino que tampoco lo hagan las instituciones intermedias de la sociedad que supuestamente representan los intereses comunes. Mientras sindicatos y centros vecinales continúen avalando estas políticas que consolidan un esquema de poder cada vez más cerrado las posibilidades de progreso democrático se ven más comprometidas.
De allí que la importancia de una prensa saludable en los términos antes expresados pudiera existir, porque donde al no existir esa prensa independiente se escucha y se ve sólo que el gobierno quiere que se vea.
La salud y la educación
Si bien sean estos dos quizás de los temas más analizados, no es ocioso volver con algunos párrafos sobre los mismos ya que junto a una prensa que pudiera ejercitar su capacidad de sana crítica, forman un trípode sobre el que descansa la idea de progreso de un pueblo.
Son estas tres categorías sociales fundamentales en todo país medianamente civilizado. Sin embargo, en Salta, la educación y la salud pública son los dos servicios públicos más deteriorados. En el caso de la salud, por ejemplo, hace ya meses que los cirujanos no atienden pidiendo una mejora en sus contratos, obligando a que los pacientes que precisan de una cirugía que recurre a un hospital público deba aguardar hasta cuatro meses, más o menos, para poder ser intervenido; entonces, o el ciudadano espera el tiempo establecido o muere en el intento.
En los hospitales públicos, especialmente del interior, continúa la carencia hasta de insumos básicos y basta una pequeña corrida de algún virus para que esos establecimiento colapsen. A pesar de un superávit del presupuesto 2023 que habría registrado unos 10.000 millones de pesos, en el mes de julio del año pasado se dejaron de enviar las partidas presupuestarias para el Hospital Papa Francisco, por ejemplo.
Opinar sobre el estado actual de la educación se convierte en algo ya ocioso, porque a esta altura del año todavía existen establecimientos medio terminar y reparar, sin personal de maestranza ni categorización de la carrera. Según datos denunciados por los diputados en las últimas sesiones, en Salta habría un promedio de hasta 60.000 chicos que oscilan entre los 11 y los 16 años que abandonaron sus estudios. La pregunta es qué ocurrió con toda esa masa de ciudadanos semianalfabetos porque desde el gobierno salteño no se observa ninguna preocupación por avanzar hacia una contención de todo ese universo de futuros explotados por el sistema.
Este abandono de la salud y la educación pública plantea un serio problema cuyas consecuencias se advertirán recién más adelante, constituyendo sin duda, una hipoteca social. Qué sentido tiene que el gobierno de Salta apoyara el reclamo por la universidad pública y gratuita si crece la masa de ciudadanos que no estarán calificados ni siquiera para presentarse a un cursado.
Pero no sólo es el nivel de instrucción el que ha caído notablemente, además, hay que contemplar el flagelo social que representan las adicciones en un momento donde ya es posible observar jóvenes en estado de calle drogándose en los paseos públicos sin que se advierta que el Estado esté presente, siendo este un fenómeno que ha crecido notoriamente en los últimos meses.
Aùn hay tiempo de cambiar el rumbo
Es bastante sencillo desde el llano o desde la prensa misma «contarle las costillas» a un gobierno, pero en esto las autoridades debieran comprender que no se trata de enarbolar una crítica por la crítica misma, ni muchos menos ser oposición. La prensa crítica, y esto lo ha señalado el propio gobernador como se consignó párrafos más arriba, debe estar presente pero evitando caer en la militancia de hacer oposición.
Si la salud pública es importante, no menos lo es la salud democrática que es anterior a la primera, pues sin buena democracia, nada màs funcionará bien. Sin buena educación se comprometen las fuerzas productivas y -reiteramos- se hipoteca el futuro de la provincia.
Debiera ser saludable también para el gobierno pensar en que renovar funcionarios, y más para un gobierno que se autopercibe como peronista haciendo caso de aquella enseñanza del «trasvasamiento generacional», puede tener tantos efectos benéficos como por ejemplo, alcanzar un nivel aceptable de gestión y hasta poder imaginar que un día la historia reconocerá al gobernador, no como uno más, sino como aquel que decidió cambiar la historia.-