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Vinos y Lugares

Vinos argentinos: crece la producción y consumo de los blancos y caen los tintos

Por alcance comercial, por desarrollo de la industria y hasta por el boca a boca, cada vez más personas optan por beber vino.

Vinos

Estamos experimentando una nueva era en cuanto al consumo de vinos argentinos, a tono con lo que pasaa nivel global. Por alcance comercial, por desarrollo de la industria y hasta por el boca a boca, cada vez más personas optan por beberlo, aunque produciendo un cambio inédito en la última década. Es que tras varios años de reinado, el vino tinto como el Malbec está decayendo en la comparación con el vino blanco, que es elegido por muchos más consumidores en el tiempo reciente.  

Las cifras provienen de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), que hace un registro del consumo y de la producción vinera y presentó su registro más actualizado en 2022. En ese marco, se concluyó que el consumo de vino tinto a nivel mundial disminuyó un 15 por ciento en la última década. En el mismo período, por el contrario, el de vino blanco se incrementó un 10 por ciento. 

La producción del vino tinto 

La situación se replica a la hora de analizar la producción. Como si fuera una proporción inversa, en la que dos flejes inician muy lejanos y van acercándose a medida que uno cae y el otro sube, la producción de vino blanco y la de tinto viene subiendo y cayendo respectivamente desde el año 2004. En ese tiempo, uno de cada dos vinos que se producían eran de la gama tinto. En 2022, la cifra era del 43%.  

La caída se da sobretodo en Francia, donde se produce un 50% menos que hace solo dos décadas de este tipo de vinos, a espejo con la realidad europea. Solo revierten la tendencia países no europeos, en los que el auge del vino en general hace subir las cifras comparando con los 2000. Entre ellos, el nuestro, como se informará más adelante, en el que sobresale el Malbec.

Vino blanco

El vino blanco creciendo 

La producción de vino blanco, en el otro extremo, creció un 13 por ciento en veinte años. Así, finalizó 2022 representando el 49% del total a nivel mundial, en un ascenso sostenido e incesante, ya que cada año va incrementando su distancia sobre el tinto. Los especialistas del sector explican que gran parte de esta situación se da por el peso de los espumantes, que han dejado de ser limitados para ocasiones de brindis y han ampliado muchísimo su público. 

En este punto no puede soslayarse el peso de Estados Unidos y de Alemania en Europa, que si bien está lejos de las potencias vineras que son Francia y España, va creciendo en su producción. Estas dos naciones, de millones de habitantes y líderes en muchos casos en referencia comercial para otros países de su región por el dominio cultural, están entre las preferidas del blanco. 

El porcentaje restante, en torno al 7%, lo tiene el vino rosado, con una oferta mucho más concentrada y producción menos masificada que los otros dos. Es destacable, aún así, que se viene dando un incremento productivo de esta especialidad, que fue la que creció más exponencialmente: se hacen un 25% más de botellas que en los 2000. En este caso sí hay una demanda muy fuerte de Europa y de algunos países puntuales como Chile. 

Qué pasa en Argentina 

En la Argentina existía un mito que indicaba que los vinos blancos no eran tan buenos, por lo que el consumidor se volcaba masivamente hacia los tintos. Las mejoras en la producción, pero también el incremento de temperaturas y estrategias de comercialización en la presentación, hicieron virar la atención hacia los blancos.  

Todavía estamos lejos de acercarnos a la realidad internacional, pero la tendencia es fuerte y destaca a la Argentina dentro de los países en los que más creció la demanda de vinos blancos. Estos reunían el 10% de la producción al comienzo de la década. De acuerdo a datos del Observatorio Vitivinícola Argentino, en 2021 ya llegaba al 26 por ciento. Y se incrementaba al 28% para 2022, mostrando el vertiginoso ascenso. 

En tanto, el tinto que monopolizaba 9 de cada 10 vinos producidos en suelo argentino para inicios del Siglo, retrocedía al 70 por ciento en 2021 y un año después, al 67%.  

Son muchos los que sostienen que en una producción tan activa, nunca hay una tendencia definitiva. Ya que cualquier innovación o desarrollo en una variedad podría inclinar la balanza hacia el otro lado y reimponer una dirección. Por lo que nunca estará dicha la última palabra. Sobretodo con consumidores tan ávidos por probar lo nuevo y atento a los cambios que se van produciendo en su bebida favorita, que nunca deja de sorprender como si fuera la primera vez.