SALTA – Por Matilde Serra – Por definición, la democracia es un sistema fluido cuya savia es la alternancia, al menos debió ser así. Sin embargo, luego de cuarenta años de juego democrático continuo nada se avanzó, por el contrario, todo viene para atrás. La ausencia de vitalidad democrática produjo el mismo fenómeno que el agua corriente que se estanca, se deteriora, se descompone y genera una proliferación de una fauna infecta.
Lamentablemente, la metáfora se ajusta a los hechos y como se puede comprobar el manejo del poder quedó en manos de unos cuantos que repiten sus elencos estables. No pocos alcanzaron ya la jubilación en los cargos públicos y sin embargo el ostensible deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos denuncia de que los funcionarios de tanto tiempo en la función pública sólo parece haber sido para mejorar sus niveles de vida. Como se diría en término específicos “no hubo derrame”.
No hubo derrame pero sí hubo derroche y ahora, luego de tantas décadas comienzan a verse las consecuencias. La denuncia de la aparición de mercaderías que debió estar en los depósitos de la Municipalidad de la Capital de Salta, es apenas uno -el más reciente- de los tantos episodios de arrebato al Estado.
La justicia sabrá merituar la situación y obrar en consecuencia, pero es complejo de comprender cómo es posible que artículos que deberían estar saciando necesidades de los más carenciados, aparecen acopiados en el domicilio de un particular.
¿Cuál es la cadena de saqueos? ¿Se hizo con la “vista gorda” de quien conducía el municipio? Hoy, además de familiares de quien conducía el municipio desfilan por Tribunales algunos personajes que llevan décadas en la función pública; que pasaron de un simple cargo a una banca en la Legislatura, que bajaron del Grand Bourg y “arreglaron” con Miguel Isa y con los que le siguieron, de otra manera no estarían complicados en esta denuncia.
Pero el problema no reside en realidad en señalar nombres, porque, de hecho, estas denuncias alcanzan cierta “espectacularidad” por los nombres aledaños. Por imperio de la ley se presume la inocencia hasta que se demuestre lo contrario y en ese temperamento hasta puede afirmarse hoy que tal vez los cuadros superiores no sabían de este acopio ilegal. Claro, que el volumen de lo retenido ilegalmente es tal que se parece a querer esconder un elefante en un bazar.
“Nunca se roba algo, sino que se le roba a alguien”
El ejemplo sobre el que estatuimos este razonamiento es abarcativo de todo el plexo de la administración pública, donde lo que se sustrae al Estado nunca es visible ya que los ladrones no suelen dejar recibo; luego, lo inmediato es instalarse sobre la cuestión ética y moral del hecho, porque ajustada a esta cuestión sobrevienen aquellas palabras del ex presidente, Raúl Alfonsín, cuando señaló que: “En la Argentina hay hambre no porque falte comida sino porque sobre inmoralidad”.
Así, esa famosa frase “Nunca se roba algo, siempre se le roba a alguien» pone de relieve la dimensión humana del acto de sustraer bienes públicos que tenían un fin social al poner de relieve que cada acto inmoral en la función pública afecta a personas reales y tiene consecuencias más allá de la mera pérdida material.
Este enfoque humaniza el problema del robo, subrayando la importancia de la ética, la justicia y la empatía del funcionario público. Bajo este prisma se encuentra entonces que una provincia como Salta no progresa sino que continúa su estancamiento ya estructural exponiendo el contradictorio fenómeno de funcionarios enriquecidos frente a la pauperización perenne de las grandes masas. Llegar a un cargo electivo en el Estado pareciera haberse convertido en sinónimo de “¡Estamos salvados!”.
Recordada será aquella frase del gobernador, Gustavo Sáenz, cuando asumió su primer mandato y ante la crisis de las comunidades aborígenes con niños fallecidos por desnutrición expresó: “Salta es una provincia pobre”. Ese concepto es una falacia porque si hay provincia rica en recursos de toda índole, ésa es Salta y no es una provincia pobre sino empobrecida por décadas de saqueos que han naturalizado hasta el escándalo el hecho de que la casta política se fortalece económica y socialmente mientras el tejido social se deprecia, principalmente por esa pobreza endémica y estructural también.
Esta situación de latrocinio casi institucionalizado del que se sospecha, podría decirse, ha llevado a la constitución de un fenómeno social como son los círculos urbanos privados. Comenzó con una “privatización” de la educación con la aparición de establecimientos privados y mayormente de confesión católica; luego, el arremolinamiento de una clase “dirigente” en determinados centros comerciales y lugares de esparcimiento sólo para quienes pagaban esa privacidad a un precio más caro, hasta la formación de núcleos urbanos como San Lorenzo Chico, donde únicamente habitan quienes tienen un alto nivel de vida.
La dinámica de una política de regionalización a nivel internacional ya se nota en este tipo de urbanizaciones que con el tiempo -más temprano que tarde- avizoran el hecho de hasta tendrán estructura burocrática propia, por ejemplo, un intendente. Obviamente, espacios cerrados con seguridad propia, asistencia médica y hasta establecimientos educativos “ad hoc”. Lo que se conoce como la “city” en la ciudad.
Así, se puede observar este fenómeno de movilidad social que cuando apareció en la escena política de la Argentina de los gobiernos oligárquicos con el peronismo favoreció el mejoramiento social de las clases bajas; de igual manera está ocurriendo ahora que los funcionarios que llegan a los despachos oficiales provenientes de la clase media o menos aún, esos que piden prestado un traje para jurar el cargo y ahora ostentan altos niveles de vida. Es una movilidad social muy sui generis ya que, primero, es para pocos, y en segundo lugar ¡Son funcionarios que dicen ser peronistas!
El impacto social y moral
De esta forma, el acopio ilegal de bienes públicos destinados a fines sociales provoca un daño social que afecta a los más vulnerables. ¿Cuántos ciudadanos se han visto perjudicados por el accionar delictivo de un funcionario?
Hoy, la vedette periodística es un caso, pero la sumatoria de hechos furtivos sumado a ese fenómeno de personajes enriquecidos termina quebrando la confianza pública. Nada sería que se perdiera la fe en las personas -que ya se ha perdido-, sino que cuando el estado de carencia mayoritario se vuelve común y corriente, la gente termina perdiendo la confianza en las Instituciones. De esto se sigue una mayor desconfianza en el gobierno y al fin, en el sistema en general.
Esta apreciación se comprobó de manera muy elocuente con los altos índices de ausentismo en las últimas elecciones ¿Para qué ir a votar? Desde el punto de vista de la democracia, la instalación de ese pensamiento en el inconsciente colectivo entraña un grave riesgo para la salud democrática de una provincia, porque podría llevar a que se debilite el orden democrático abriendo paso a una anomia generalizada que podría desembocar en una cuestión social realmente caótica.
Por otro lado, cuando los pueblos alcanzan el hastío sobreviene la anomia, porque si desde arriba no se respeta a la ¿Para qué hacerlo más abajo? Se abre la puerta a una cultura de la corrupción y la inmoralidad.
La prensa, la corrupción y la censura
Parece ser que el gobierno de Salta comprendió que la política ha cambiado y que Javier Milei ganó la presidencia en los teléfonos y no en las urnas, de allí que el gobernador, Sáenz, también se haya vuelto un “Tiktoquer”.
Con un estilo “casual”, casi juvenil, tocado con gorra y vestido onda “Che pibe”, el gobernador Sáenz, graba videos para expresar lo que parece que él entiende como ideas políticas. Claro, evidentemente sus asesores parecen no tener idea de lo que significa elaborar un mensaje porque lanzan al hombre hablando de la libertad de prensa, de la opinión libre, con respeto y sin agravios, pero termina su corto cambiando el rostro hacia la dureza y diciendo que los periodistas hacen “política basura”.
De esa frase se puede interpretar que para Sáenz, criticar su gestión es hacer “política basura” y no criticarlo o sólo alabar y armar operaciones de prensa favorables al gobierno es “buen periodismo”. El problema es que en Salta pareciera que existen tres categorías de periodismo: el periodismo complaciente, el “periodismo basura” y el “no periodismo”, es decir, aquel que no habla de su política.
Desde el punto de vista de lo que significa una verdadera libertad de expresión, ese “no periodismo” tanto como el periodismo complaciente y pautado, podrían ser también “periodismo basura”, porque no informan lo que corresponde ni como se debe. No informar es una forma de distorsionar la verdad también.
De esta manera es como en Salta se ha perdido la prensa como vigilante de la corrupción, porque aquellos programas que intentan desnudar los actos contrarios a la moral democrática son de alguna manera censurados, cuando no levantados del aire.
Una prensa libre y autónoma desempeña un papel crucial como vigilante de la corrupción, investigando y reportando los actos corruptos como el caso de los alimentos y bienes acopiados ilegalmente.
De hecho, que una prensa libre, actúa además como un disuasivo para aquellos que consideran participar en actos corruptos, sabiendo que podrían ser descubiertos y castigados. En el mismo caso del ejemplo, el nombre de una eterna funcionaria, Silvia Varg de Nioi, ha quedado expuesto y ella llamada a los estrados judiciales a los cuales no se presentó la primera vez. Pero luego llegó con su abogado particular, no declaró ni aportó evidencia.
El ejemplo es ajustado para el caso del análisis, siempre que esta funcionaria, hoy se podría decir que al final de su “carrera” política se ve envuelta en tamaño escándalo descubierto por la prensa. Es un ejemplo para todos de que la conducta pública debe ser siempre señera. Está bien que muy posiblemente no tenga que ver con el hecho fáctico de haber ordenado o participado en el ocultamiento de alimentos y demás, pero le cabía la función de contralor de lo que pasaba en su área. La incapacidad para el puesto es también una forma de la corrupción. Porque queda demostrado con esto que la ineficiencia además conduce a un malgasto, lo que afecta negativamente el desarrollo económico y social de la ciudad o la provincia, según sea el caso. ¿Un concepto teórico acaso? Es probable, pero que demuestra que en algún momento a “Todo chancho le llega su San Martín”.
Una vez más se comprueba el atraso mental que tiene Salta en materia de libertad y expresión. Aquel filme de María Luisa Bemberg “De eso no se habla”, que trazaba los silencios cómplices en un pueblo, con el periodismo complaciente y el “no periodismo”, se cumple acabadamente.
Conclusión
La moraleja que deja este bochornoso hecho de los alimentos escondidos, de las camas y hasta de las muletas rapiñadas al Estado municipal, enseña que es necesario renovar la clase política local. Con el paso del tiempo y la continuidad sin fin de los mismos funcionarios, algunos incluso con imputaciones judiciales, el cohecho, el soborno, el rapto ilegal de bienes y dineros públicos, se termina normalizando entre los funcionarios.
Podrá el gobernador, Gustavo Sáenz, disfrazarse de “Tiktoquer”, podrá mandar a comprar medios de prensa y hacer levantar programas. Todo lo puede, para eso tiene el poder; pero lo que nunca podrá él, ni ningún otro, es soliviantar la naturaleza de la Cosa Pública, de lo que es de todos y sobre la cual se basa el concepto de comunidad.
La democracia es el imperio de la participación y su viabilidad está intrínsecamente unida a la moralidad pública y a la justicia, porque como suele decirse: “Un Estado sin justicia y sin libertad, no es más que una banda de facinerosos”.-