SALTA – Por Matilde Serra – Aunque falta un año para la celebración de las elecciones para el recambio legislativo, mientras la población se angustia con la suba del 527% del boleto de colectivo, mueren niños por el descuido y abandono en que se hallan los establecimientos educativos, se encuentran acopiados cientos de kilos de leche en el despacho de un diputado y ex ministro de Salud Pública, nada menos, se desgrana el bloque oficialista de Diputados y todas las obscenidades políticas posibles, la dirigencia -por llamarla educadamente así-, ya está ocupada sus mentes en quién será o no candidato, con quién ir, se armará frente o no. Abajo, el pueblo continúa penando.
Estas próximas elecciones serán muy significativas porque en Salta y en la actualidad existe sólo un partido en condiciones de participar plenamente, el Partido Justicialista. Guste o no, esa verdad es la única realidad porque los radicales han sido eliminados de la historia por el cuestionado, Miguel Nanni; la izquierda ya no marcha. Elementos conservadores ya no existen porque su reducto, el fenecido Partido Renovador de Salta, también está en vía muerta.
Por eso, mientras el gobernador, Gustavo Sáenz, juega una partida desesperado con una puesta en escena llamada artificiosamente “Pacto de Güemes”, tras el fracaso del Pacto de Mayo de Milei, aunque la convocatoria de Sáenz no obtuvo atención regional y quedó circunscrita a la provincia, donde además cosechó críticas.
Esta parodia para reacomodar las cargas ni siquiera obtuvo repercusión en sus vecinos porque para los gobernadores inmediatos, a pesar de haber concurrido a una mesa con el ministro Guillermo Francos, este asunto del pacto guemesiano ni les interesó.
Pero ocurre que Sáenz tenía que reconstruir poder porque sabe el gobernador que se va quedando más solo que una penca y debajo vienen armándose líneas con algunos que sueñan con sentarse en su lugar en el 2027.
Sus íntimos -muy íntimos en el poder– ya no ocultan su intención de trabajar para un tercer mandato del gobernador que dio su “palabra de honor” y cumplió esto de “autolimitarse” los mandos a dos ejercicios. Pero hecha la ley, hecha la trampa, sería el caso de que piensa repetir la historia de sus dos inmediatos antecesores. En los corrillos de esos íntimos se comenta que Sáenz les habría expresado su deseo de pasar a la historia como “El gobernador que más poder ha tenido”. Y si, cada uno sueña con lo que puede.
El hecho real es que líneas más abajo la tropa está inquieta. El primero que partió, no sólo de echar a andar un proyecto político, sino de partir también y literalmente al Partido Justicialista fue el cacheño, Walter Wayar, que se constituyó en representante de Guillermo Moreno, un kirchnerista que ahora no sabe qué el kirchnerismo, según él mismo lo dice a la prensa.
En efecto, Wayar ha manifestado a sus cercanos su intención de desafiliarse del PJ de Salta para liderar este enjuague sin ton ni son que representa el “patova” Moreno. Detrás, increíblemente muchos elementos de las bases están acercándose a su idea. Obviamente y en orden a la lógica política, Wayar, no tendría ninguna chance más allá de hacer un poco de ruido y arrebatarle algo de poder al gobernador Sáenz, pero nada más.
El otro que ya está en carrera, es el ex gobernador, Juan Manuel Urtubey, quien ya dio una muestra gratis de que va a liderar una corriente con la presentación del libro “Arraigo” de Paco Durañona, ex intendente de San Antonio de Areco, que concitó a una gran cantidad de concurrentes de todo el arco político que dejaron pequeña a la Sala Mecano de la Casa de la Cultura. En los mentideros políticos se habla de que Urtubey sería uno de los bendecidos por Sáenz para competir por una banca en el Senado nacional.
Pero más allá, y tras el manto de una reorganización del Partido Justicialista, el presidente del partido y también de la Cámara de Diputados, Esteban “Tuty” Amat, se lanzó a recorrer la provincia junto al vicepresidente del PJ, Gastón Galíndez, organizando reuniones con dirigentes para dar forma orgánica a los consejos departamentales y municipales.
Para no pocos, esta “cabalgata justicialista” tiene la intención de ir posicionando al presidente del PJ -Amat- como un potable o posible candidato para el 2027. Una manera de revitalizar el partido que está anquilosado y dislocado, y de paso ir convocando posibles adeptos.
Más allá, los radicales que perdieron definitivamente, y así lo aceptan, a su partido gracias a la acción de un Miguel Nanni que obstruye pero no construye, manejan la idea de formar partidos municipales de congregación abierta, es decir, que vengan todos los que quieran participar en política pero están desconformes con el PJ o con todos. Claro, lo que no cuentan públicamente es que esas formaciones se alinearían en un futuro frente con el oficialismo. Todos los caminos conducen a Roma.
Lo que viene es una quimera, nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que puede ocurrir finalmente, excepto la idea uniforme de que cualquiera sea la formación, partido o frente que se arma para las legislativas del 2025, una cosa parece segura: en frente habrá un nuevo partido de La Libertad Avanza, con candidatos nuevos, con programa de gobierno y sobre todo con fondos frescos.
Si el presidente, Javier Milei, logra encaminar los números y hacer que las heladeras tengan dentro algo más que frío, toda esta ingeniería en que se empeña el oficialismo gobernante, el partido justicialista y cualquier otro invento que surja, tienen grandes posibilidades de perder en el intento.
Si el PJ de Salta quiere tener un buen rédito político el año próximo -señalaba un viejo justicialista-, la única fórmula es la unidad y elegir candidatos aplicando el sentido común. Que en el caso del gobierno de Sáenz, parece ser el menos común de los sentidos.