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Opinión

Salta: «¿Concejo Deliberante, Concejo de Indias o La Peña de Darío y José?»

Las últimas performances de Madile, fueron una curva descendente hacia la nada.

Concejo Deliberante

SALTA – (Por Matilde Serra) En épocas pasadas, el Concejo Deliberante de la Ciudad de Salta era una Institución de la democracia respetada y en algún caso hasta temida por los intendentes. De hecho, era el semillero desde donde se catapultaban diputados, senadores, intendentes y hasta un gobernador, como es el caso de Gustavo Sáenz, que iniciara allí sus lides políticas.

Como todo tiempo pasado fue mejor y la decadencia generalizada que vive el país y la provincia alcanza a todos, también el Concejo Deliberante de la Capital fue alcanzado por esta depreciación política. En efecto, antes, al menos había dos, tres y hasta cuatro concejales que descollaban por su tarea, por su conocimiento y por qué no, hasta por su oportunismo para poner la cara en los medios de comunicación y hacerse notar.

Algunos otros se destacaron también por sus ensayos pugilísticos, como fue el sonado caso del entonces concejal, Alberto Castillo del PRO y Martín Del Frari, quienes tuvieran una diferencia -literalmente- por el entonces sonado caso de las antenas y decidieran “arreglar esa diferencia” convirtiendo a los pasillos del ex Honorable Concejo Deliberante en un reñidero. Recordamos también el quebradero de cabeza judicial que significó discernir quién había pegado primero, y así.

Hasta los presidentes del Concejo eran políticos que algo tenían que decir, o que hacer, incluso que perder, como ocurriera cuando el PO, en una histórica y nunca más repetida carambola, “metiera” nueve concejales, pero la poca costumbre de estar dentro de la ley los hizo perder la presidencia de Claudio del Plá en aquella ocasión.

Todo eso ocurría en el Concejo Deliberante, hasta que llegó a la presidencia del Cuerpo el esmirriado, Darío Héctor Madile, un individuo soso, sin más pergaminos que su parentesco con el gobernador, Gustavo Sáenz, que sea dicho, es el único hilo del cual pende. Jamás habrá destino superior para un Madile tan mediocre que nunca pudo hacer otra cosa que ser el presidente de ese Cuerpo y guardador -a su modo- de la caja legislativa de la Ciudad.

Las últimas performances de Madile, fueron una curva descendente hacia la nada; de hecho, en la última elección sacó apenas los votos necesarios para quedarse y sólo acuerdos mediante y “dedo de Sáenz”, conservó la presidencia.

Pues ocurre que en una gestión tan anodina como la de Madile, que administra uno de los cuerpos legislativos municipales más paupérrimos de que se tenga memoria, no se podía esperar mucho y hay que decirlo, no han decepcionado. Incluso se han superado. No se puede esperar nada.

En ese ambiente de mediocridad de gran altura, sólo sobresale el púgil de la dialéctica barata y populachera, de José García Alcázar, quien opera todas las conductas más reñidas con lo que debe ser el decoro y el respeto hacia el vecino que le paga su -sus- abultados sueldos-, haciendo gala de una falta total de educación cívica. Y de toda otra educación también.

Sin embargo, es tan chato el nivel del cuerpo de concejales y la nada de su presidencia, que este José García Alcázar, se da el lujo de ser la voz exultante que opina en tono altisonante patoteando a sus compañeros de corral y al público en general, siempre con una actitud desafiante ante la cámara: “Y si no te gusta, no leas, papá!” Más o menos así.

Total, si la presidencia lo tolera y el resto lo acompaña con el silencio, es lógico que el más patotero se destaque.

Pero si el vecino creía haberlo visto todo se equivocaba, porque recientemente, este José García Alcázar, se dio el lujo de convertir al Recinto de Sesiones, donde debieran ventilarse con lujo de alta escuela los asuntos públicos, en un redil donde se hizo gala de la música de la hermana República Plurinacional de Bolivia, mientras el dicho García Alcázar, ocupaba el sitio central de la primera fila de señores que indisimuladamente seguían con sus ojos el vaivén de las carnes femeninas enfundadas en vistosas y mínimas polleras. ¿De allí será aquello de “carnes – tolendas”?

Pero el oprobio no terminaría allí. Con no ser poco el convertir ese Recinto en un “tablao” de danzas originarias ¡El propio José García Alcázar se atrevió a cantar! Bueno, digámoslo así porque somos respetuosos.

Mientras este mamotreto y cantor, bajo la venia favorable de un Darío Madile, intrascendente y de poca monta, los ciudadanos se amontonan en la puerta del Concejo Deliberante reclamando por el impuestazo municipal de Emiliano Durand logrado por el voto de todos esos concejales que cantan en la peña “Concejo Deliberante”: “Gracias a la vida que me ha dado tanto”.-