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Opinión

Política exterior aislacionista

Argentina cada vez profundiza un poco más su política aislacionista con respecto a las relaciones exteriores. Nuevas definiciones del presidente y de la canciller Mondino.

Javier Milei y Diana Mondino
Javier Milei y Diana Mondino

SALTA – Por Pablo Kosiner – El 22 de diciembre pasado Argentina renunció formalmente al ingreso a los BRICS, el grupo de países aliados compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica al que había sido formalmente invitada a participar en el mes de agosto del 2023 a partir del 1 de enero del 2024.

El grupo BRICS es una alianza que surge de cinco de las principales economías emergentes del mundo. Fundado en 2006, plantea como objetivo esencial el promover la cooperación económica y política entre sus miembros, y desafiar el dominio de las economías occidentales en las instituciones financieras globales.

La importancia del BRICS en la economía global resulta imposible de disimular ya que representa el 24% del PBI global, el 16% de las exportaciones y el 15% de las importaciones mundiales de bienes y servicios. Además, en la vinculación con Argentina en el marco de nuestros intereses significa el 30% del destino de nuestras exportaciones.

Al momento de tomar la determinación de no ingresar a los BRICS, el Gobierno del presidente Milei planteo la necesidad de dar un giro a la política de relaciones exteriores de nuestro país, haciendo un guiño hacia los EEUU en la búsqueda de un “alineamiento automático” y en el intento de distanciarse de estrategias que lo vinculen a países como China y Brasil en una clara posición que prioriza su soñado “liderazgo ideológico anarco-capitalista” por sobre los intereses concretos de nuestro país.

Sorprendentemente el mismo Gobierno anunció que no adherirá al “Pacto del Futuro” aprobado por amplio consenso en la ONU días pasados con 193 votos de la gran mayoría de los países. Argentina ha quedado alineada entonces con Azerbaiyán, Bahamas, Brunéi, Burkina Faso, República Centroafricana, Chad, El Salvador, Eritrea, Guinea Ecuatorial, Eswatini (Suazilandia), Haití, Kirguistán, Mali, Níger, Papua Nueva Guinea, Samoa, Santo Tomé y Príncipe, Serbia, Somalia, Tayikistán, Tonga, Turkmenistán, Uzbekistán, Vanuatu, Venezuela y Vietnam. Claramente una caprichosa actitud aislacionista y periférica.

El “Pacto del Futuro” aprobado por la ONU en línea con la agenda 2030 se trata de un acuerdo que pretende regular la acción digital de las próximas décadas con un anexo en particular, acompañado de políticas medioambientales y de derechos humanos : Acciones de desarrollo sostenible y financiamiento del desarrollo, acciones de paz y seguridad internacional, acciones de ciencia, tecnología e innovación y cooperación digital, acciones de juventud y generaciones futuras, acciones de transformación de la gobernanza mundial.

El «Pacto del Futuro”ratifica los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenibleque, si bien fue aprobada en 2015 planteando ahora objetivos complementarios hacia el 2045. Esa agenda a la cual también el presidente Milei no adhiere, define 17 objetivos a cumplir con 169 metas de carácter integrado e indivisible que abarcan las esferaseconómica, social y ambiental.

Al adherir a estos objetivos, la amplia mayoría de países integrantes de la ONU se comprometen a utilizar los medios necesarios para el desarrollo sostenible, teniendo en cuenta las necesidades de los más pobres y vulnerables.

“Estamos resueltos a poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo de aquí a 2030, a combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos, a construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas, a proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, y a garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales”, indica la resolución.

El texto aprobado por la Asamblea General de la ONU dispone además que, si bien la Agenda 2030 implica un compromiso universal y común, los Estados tendrán la soberanía plena sobre su riqueza, recursos y actividad económica, y cada uno fijará sus propias metas nacionales, apegándose a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Otros objetivos de la Agenda 2030, incluidos en el Pacto del Futuro, incluyen: “eliminar el hambre y alcanzar la seguridad alimentaria; asegurar una vida saludable y una educación de calidad; conseguir la igualdad de género; garantizar el acceso al agua y la energía; fomentar un crecimiento económico sostenido; implementar acciones inmediatas contra el cambio climático; impulsar la paz y facilitar el acceso a la justicia.”

En definitiva, el despreciar estos objetivos globales coloca a nuestro país en una situación de aislacionismo respecto de la mayoría de los consensos globales. Tanto esfuerzo de este gobierno en distanciarse de Venezuela hoy lo encuentra encolumnado a Maduro alineándose en el orden global de la ONU conjuntamente con otros países que en orden de relaciones internacionales resultan netamente “periféricos”, aún del mismo EE.UU con quien el presidente aspira a retomar una relación “carnal”.