SALTA (Redacción) – Beneficio de ser aliado al gobierno de turno, eso es lo que tiene Yolanda Vega. Tras hacer una pésima gestión como intendente de Cerrillos, tuvo el beneplácito y respaldo de Gustavo Sáenz para convertirse en diputada. El prontuario es bastante floijito y no se sabe si se trata de alergia a la pala o mera complicidad con el Gobierno libertario. En fin, siempre jugando de oficialista.
A diferencia de lo que había ocurrido con el veto a los jubilados donde todo el bloque de Innovación Federal optó respaldarlo, en esta ocasión habían asumido el compromiso de votar todos juntos en respaldo de las universidades.Ayer el sistema universitario argentino sufrió un duro revés y Vega decidió ser cómplice con el gobierno ya que no se presentó a votar.
Si bien es cierto que participó de toda la sesión, de la instancia del debate, tomó una decisión crucial al momento de votar..La diputada Vega decidió levantarse de su silla, dejarla vacía y ausentarse para no tener que ser parte del vaciamiento a la Universidad de Salta y las demás casas de estudio. Otra actitud bastante desprólija y que seguramente molestará a quienes la votaron.
Al igual que una diputada cordobesa que se justificó con un supuesto caso de Coronavirus, aquí ocurrió algo parecido. La legisladora salteña adujo cierto problema de salud al momento de tener que votar y decidió dejar su banca vacía. De este modo, el rechazo al veto tuvo un voto menos y las universidades sufrieron un fuerte revés.

Votación predecible
Más allá del mero acto de la cerrillana, los porotos se repartieron tal cual estaba previsto. En contra del veto hubo tres votos que se distribuyeron entre Emiliano Estrada, Pamela Calletti y Pablo Outes. Mientras que a favor de rechazar el financiamiento también hubo paridad ya que Emilia Orozco, Julio Moreno y Carlos Zapata votaron de esa manera. La ausencia de Vega, es cierto, no cambiaba la ecuación porque faltarían un par de manos más, si modifica su postura frente a la sociedad.