SALTA – Por Pablo Kosiner – En el mes de junio pasado el presidente Javier Milei expresó, respecto el Premio Nobel de Economía: “Con mi jefe de asesores, el doctor Demian Reidel, estamos reescribiendo gran parte de la teoría económica. Si nos termina de salir bien, probablemente me den el Nobel de Economía junto a Demian”
Un mes antes, uno de los mas fieles representantes de “la casta” el hoy secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación Daniel Scioli, había adelantado: “si esto sigue así a Milei van a tener que darle el Premio Nobel de Economía.
Ahora bien, días pasados se entregó el premio que otorga el Banco de Suecia en homenaje a Alfred Nobel en economía, siendo este año para el turco-estadounidense Daron Acemoğlu y los británico-estadounidenses Simon Johnson y James Robinson, autores del best seller “Por qué fracasan las naciones”.
Curiosamente, la orientación del pensamiento de los autores premiados en cuanto a la importancia de las instituciones inclusivas en las perspectivas de desarrollo de las naciones es diametralmente opuesto a la tesis del auto postulado “mileisismo” y su anarco capitalismo que plantea al Estado como el gran enemigo.
En la actualidad, la discusión sobre qué modelos económicos y políticos conducen al éxito o al fracaso de las naciones está más viva que nunca. La obra Por qué fracasan las naciones, ha sido fundamental en esta conversación, ofreciendo una mirada estructural y de largo plazo sobre el desarrollo económico. Al mismo tiempo, en Argentina, el presidente Javier Milei propone una visión radicalmente distinta del rol del Estado y de las políticas económicas, generando un intenso debate en torno a su programa liberal-libertario. Contraponer ambas perspectivas es fundamental para entender las tensiones entre los modelos que privilegian instituciones inclusivas frente a aquellos que proponen una reducción drástica del papel del Estado.
La tesis de Acemoğlu y Robinson: el rol de las instituciones inclusivas
En Por qué fracasan las naciones, Acemoğlu y Robinson sostienen que el éxito o fracaso de una nación se debe a la naturaleza de sus instituciones políticas y económicas. Las instituciones inclusivas —aquellas que permiten la participación y distribución equitativa de recursos— generan prosperidad. Estas instituciones favorecen la innovación, el emprendimiento y la educación, permitiendo que una sociedad avance colectivamente. Por otro lado, las instituciones extractivas —que concentran el poder y los recursos en manos de unos pocos— conducen al estancamiento y al eventual colapso de las naciones.
Para los autores, el rol del Estado es crucial: debe ser lo suficientemente presente como para garantizar el cumplimiento de la ley, proteger los derechos de propiedad y brindar los bienes públicos esenciales para el desarrollo. Sin un Estado equilibrado y eficiente, las instituciones inclusivas no pueden sostenerse y las naciones caen en espirales de violencia, corrupción y pobreza.
Javier Milei: una visión del Estado mínima
Javier Milei, en contraposición a la visión de Acemoğlu y Robinson, propone una agenda económica basada en el liberalismo extremo, con una reducción drástica del rol del Estado hasta considerarlo su enemigo. Su ideario político se basa en la convicción de que el Estado es un obstáculo para el desarrollo, y que su intervención en la economía genera ineficiencias, corrupción y pobreza. Para Milei, la única forma de lograr una nación próspera es a través de un mercado libre y desregulado, donde el Estado solo debe intervenir mínimamente, garantizando apenas la seguridad y el orden.
La diferencia fundamental entre las visiones de Acemoğlu y Robinson y la de Milei radica en el rol asignado al Estado y las instituciones. Mientras los autores de Por qué fracasan las naciones abogan por un Estado fuerte que construya instituciones inclusivas, Milei cree que es el propio Estado el principal problema que impide el desarrollo. Esta distinción es crucial en el actual debate económico y político de Argentina.
En términos de políticas concretas, los premiados argumentan que las sociedades que fracasan son aquellas que no logran construir un marco institucional que permita la inclusión y la equidad, mientras que el Presidente argentino considera que cualquier intervención estatal distorsiona el mercado y genera pobreza. En otras palabras, mientras los primeros ven al Estado como un árbitro necesario para equilibrar el poder y las oportunidades, el segundo lo ve como un actor perjudicial que debería reducirse al mínimo.
El peligro de la desigualdad
Otra divergencia central es la percepción de la desigualdad. Acemoğlu y Robinson advierten que las instituciones extractivas perpetúan la concentración del poder económico y político, lo que termina destruyendo las bases de la prosperidad a largo plazo. Milei, en cambio, argumenta que las diferencias en riqueza y poder son el resultado natural de un mercado libre, donde quienes tienen mayor capacidad o mérito son recompensados de manera justa.
Este enfoque minimiza los riesgos de fragmentación social que pueden derivarse de una mayor desigualdad. Para Acemoğlu y Robinson, la exclusión de grandes sectores de la población del proceso económico es lo que termina por minar la estabilidad de las naciones. Milei, en cambio, confía en que el mercado corregirá las desigualdades, siempre que el Estado no interfiera.
El premio Nobel de Economía recayó entonces en la tesis de las instituciones inclusivas y que sugiere que un Estado equilibrado es necesario para garantizar la prosperidad compartida.