El 8 de julio de 2011 a las 16.30, Héctor Romero, quien en esa fecha tenía 58 años, dijo que vio a María Cash en la ruta 9/34 cuando hacía dedo, por lo que se ofreció a llevarla. Contó que la trasladó en el camión con acoplado que manejaba por unos 10 minutos, pero que la joven no dijo una sola palabra hasta que se bajó.
Hasta allí, su declaración no parecía sospechosa, más aún cuando un par de abogados, entre ellos Carlos Enzo Cuellar, declararon que, a esa misma hora, las 16.30, vieron a Cash en esa ruta, lo que le dio respaldo a la versión del camionero.
La semana pasada, sin embargo, todo comenzó a dar un giro, pues la pesquisa hizo pie en el camionero, pues dio tres versiones distintas de su encuentro con Cash: en la primera dijo que la alzó en cercanías de la finca El Estanque, pero luego dio otra ubicación y sostuvo que la diseñadora subió a su camión en la zona de “Palomitas”.
En una tercera versión, en tanto, concluyó que, en realidad, dejó a la joven en la gruta de la Difunta Correa, donde los abogados también dijeron haberla vista, con una gran diferencia: resulta que el teléfono de ambos, al ser analizado, indicó que los letrados no estaban en la ruta, ni siquiera cerca.
Por ello, Cuellar fue citado a indagatoria la semana pasada y quedó imputado por el delito de “falso testimonio” y “entorpecimiento a un funcionario público en el normal desarrollo de una investigación”. Cuando le dijeron que su versión de ese día no coincidía con el derrotero de su teléfono, el letrado se quedó mudo y se abstuvo de prestar declaración indagatoria.
Esta imputación fue la antesala de lo sucedido ayer, cuando finalmente la jueza federal 2, Mariela Giménez, ordenó la detención de Romero, púes al caer la versión del abogado, la del camionero terminó de desplomarse y quedó como la última persona que vio con vida y estuvo con María Cash, pero no dijo la verdad de lo sucedido realmente ese 8 de julio.
Las sospechas en torno a Romero fue una línea sobre la cual la fiscalía nunca dejó de tirar, pero recién en los últimos meses se tornó más clara, en especial cuando se limpió el expediente de miles de pistas falsas que llegaron de todo el país y hasta del extranjero, lo que generó un dispendio inútil de trabajo que, en definitiva, ayudó a que el camionero pasara a segundo plano.
En casa de una hija
La detención fue ordenada pasado el mediodía de ayer por la jueza federal de Garantías 2, Mariela Giménez, en virtud de un dictamen presentado por el fiscal general, Eduardo Villalba, quien presentó una serie de indicios que no sólo ponen en duda la versión que dio Romero sobre su encuentro con Cash, sino que lo colocan como principal sospechoso de su desaparición.
En función de ello, la jueza dispuso la detención de Romero en el marco de ser pasible del delito de homicidio calificado, hecho por el cual se prevé su indagatoria para la jornada de hoy a las 11.30. En función de ello, personal del Escuadrón 45 de Gendarmería Nacional e investigadores del Cuerpo de Investigaciones Fiscales, dependiente del Ministerio Público Fiscal de la Provincia.
Tras realizar las tareas de campo, Romero fue detenido en la casa de una hija en el barrio Pereyra Rozas, alrededor de las 15 horas. Al presentarse, los gendarmes advirtieron una actitud vencida en el camionero, quien, en principio, creyó que la presencia de los uniformados solo era para una notificación judicial, dado que en las últimas semanas varios testigos del caso volvieron a ser citados. Una vez leída la orden de captura, Romero no dijo nada y fue trasladado a la sede de la Delegación Salta de la Policía Federal, en calidad de incomunicado.