SALTA – Por Matilde Serra – Sólo en Salta parecen ocurrir hechos que ni la más afiebrada literatura universal podría haber imaginado. Y esta reflexión viene a cuento de una frase pronunciada por uno de los protagonistas de lo que hoy ya se puede denominar el escándalo del Mercado Municipal, cuando el desplazado y eterno “capo” del mundo puestero, “Pepe” Muratore, apellido propio de una novela de Mario Puzzo, dijo claramente: “La mafia por lo menos tiene códigos”.
En la lectura subliminal de las expresiones del presidente de la Fundación del Mercado San Miguel, José “Pepe” Muratore, se puede advertir en lo que traducido al lenguaje explícito sería, una afirmación de que lo que él manejaba era una organización mafiosa. Para quien no conoce bien los entresijos de lo que significa esta organización, la mafia se sostiene sobre dos pilares fundamentales: la lealtad (Que no es la que conoce el peronismo, obviamente) y el secreto en el manejo de sus “asuntos”, o ley de la “Omertá”, del silencio absoluto.
Precisamente, estos dos significantes -lealtad y silencio-, fueron los que permitieron que de la poco en el Mercado San Miguel se instituyera una organización que recaudaba de los puesteros a cambio de una suerte de “protección” para poder permanecer vendiendo. Si se recuerdan los episodios de la película de Coppola, “El Padrino” en su primera versión, se recordará cómo Vito Corleone, desplaza a Virgil «El Turco» Sollozzo., que se paseaba por el barrio cobrando la tasa que permitía continuar con los negocios abiertos. Una extrapolación de ese pasaje a lo sucedido hoy en el mercado municipal, permitirá comprender acabadamente los hechos.
Puesteros leales
Un poco de historia aportará más claridad a los hechos y hasta explicará por qué se llegó a esta situación. El Mercado San Miguel, fundado hacia 1860 por, Saturnino San Miguel, quien encargó al arquitecto piamontés, Francesco Gianotti, su diseño, del que sólo se conserva parte de la fachada sobre Avenida San Martín, el mismo profesional que diseñara en Salta el “Palacio Usandivaras”, hoy restaurante de un hotel sobre Avenida Belgrano y la mansarda de Mitre 23, cuando era el Club 20 de Febrero, y el mismo que pensara la Confitería “El Molino” y la galería “Güemes” en la Capital Federal, encargo de las familias San Miguel y Ovejero, entonces el edificio más alto de Buenos Aires; el mercado -decimos-, se fue poblando inicialmente de pequeños productores agrícola-ganaderos que producían en los aledaños de la ciudad de Salta. Del paraje La Isla, principalmente, provenía la leche de los tambos, las legumbres y hortalizas y la alfalfa para los mateos que se alineaban sobre “la San Martín”, a la espera de transportar las compras de los salteños a los barrios de aquella incipiente Salta de entonces.
Esos productores eran mayoritariamente de origen español, cuyas descendencias hoy, todavía mantiene esa tradición, aunque ahora más inclinados a la producción de tabaco, que obviamente, es más rentable. Hacia los inicios del siglo XX, se produjo la tercera y última gran inmigración europea a la Argentina, que fue mayoritariamente italiana. Se calcula que unos 350 mil italianos del sur de la Península arribaron a Buenos Aires. En su inmensa mayoría provenían de la Calabria, la Regio Calabria y por supuesto…, Sicilia.
Historia
Sólo desde una retrospectiva histórica obviamente y lejos de todo ánimo calificativo, pero sabido es que toda esa zona italiana es cuna de las tres grandes organizaciones mafiosas: la “‘Ndrangheta” calabresa, la “Camorra” napolitana y la conocida “Cosa Nostra” siciliana. En Salta, se depositarían mayoritariamente sicilianos, los que, a su vez, en número superior a todos, provenían del pueblo de Pettineo. Apellidos notables y notorios de Salta, cuyos ancestros fundaron importantes industrias en Salta, negocios y artistas de renombre, provenían de esa zona meridional italiana.
“Ma…, non tutti sono angeli”, diría un viejo adagio italiano, no todos son ángeles son que también hay demonios. En las bodegas de los vapores también venían elementos mafiosos, incluso un apellido notable y honorable de Salta, había sido “sarto” (sastre) de mafiosos sicilianos. En Salta no había lugar para esas actividades, de modo que ante la necesidad, muchos tuvieron que dedicarse a las labores de la tierra. ¿Dónde vender esos productos? Exacto. En el Mercado Municipal.
El mercado San Miguel hoy
Así, los puestos, principalmente los que se ubicaban sobre la calle Urquiza, se fueron poblando de vendedores con apellidos italianos sureños. Pero como lo que se hereda no se hurta, “il sangue e il sangue”, comenzaron a practicar lo que estaba en su ADN, y así subrepticiamente, se fueron armando clanes que operaban como lo habían hecho en la “Patria lontana”. De hecho, un descendiente de uno de los apellidos más famosos del Mercado San Miguel, se vio envuelto como sicario en la trama de un famoso crimen de un abogado, ordenado por otro hijo de la tierra de Dante, que poseía una empresa de transporte. El dicho sicario, tenía un puesto de frutas y verduras sobre el ingreso de la calle Urquiza.
La novela podría continuar, pero demandaría un libro. Así las cosas, el Mercado se manejó durante décadas con estos códigos literalmente mafiosos. “Impuesto” para ser admitidos, luego para poder permanecer y así… Hasta se cuenta que había un recaudador. ¿Se habría inspirado Puzzo en el Mercado San Miguel?
Para aquellos a lejanos años de tres décadas atrás, la política también había trocado hacia una corporación y el Mercado San Miguel, no sólo podía ser una fuente de divisas tan frescas como las verduras, sino también una fuente de votos. Toda la clase media-baja de la Capital pasaba por esas callejuelas internas. Y siendo órbita del municipio, algún intendente cuyos ancestros también eran inmigrantes aunque no italianos, decidió “organizar” la cosa y celebrar un acuerdo entre marchantes y políticos. Nacía así, la Fundación Mercado San Miguel, que maneja la vida del Mercado municipal hasta los días presentes. Curiosamente, al frente de esa organización, se instaló un hombre de apellido siciliano. ¡Porca miseria!
El incendio y las vísperas
La obra de Félix Luna, donde relata la quema del Jockey Club de Buenos Aires a manos de la horda peronista fanatizada, es reveladora en título y situaciones. El fuego echa luz, purifica y deja hecho cenizas lo que se quiere destruir. El azar, que no es tal, llevó a que un día el Mercado municipal se encendiera y redujera a escombros los puestos y el propio “negocio” aparente de algunos, que el propio Muratore se apura en exponer al abulonarse al sillón de la presidencia de la Fundación.
Siempre sin tacto y mal asesorado, como es de costumbre, el intendente, Emiliano Durand, decide empujar al piso esa ya chamuscada estructura mandando a intervenir el Mercado municipal. Comentarios cercanos al entorno del muchacho de la remera sin mangas y el jean rotoso, dicen que el monje negro del municipio no sería otro que el inservible político que hoy ocupa la presidencia del Concejo Deliberante, Héctor Darío Madile, quien tiene para la política menos tacto que un ciego. De hecho, es un decir público que Madile, conserva ese puesto por el sólo hecho de su parentesco con el gobernador, Gustavo Sáenz. Y aquí se suma la otra perla del penoso rosario municipal.
Si alguna vez, habría sido que un intendente organizó la “mafia” del Mercado, creando una Fundación que blanqueaba las supuestas actividades mafiosas, ¿Por qué no ir por el negocio completo? Así, la oportunidad que hace al ladrón, vio en el incendio el argumento para voltear la organización de Muratore e instalar la propia.
De otra manera no se comprende la sugestiva designación de, Emilio Gutiérrez, como interventor de la Fundación y del Mercado y de todo. ¿Por qué sugestiva? Porque, Gutiérrez, es íntimo de Madile. Es la única referencia política que siempre menciona el flaco pariente de Sáenz, porque no tiene nadie más a quien mencionar ya que políticamente, Madile, es un cadáver.
Gutiérrez, el eterno
Pero claro, resulta ser que este Gutiérrez, otro eterno instalado como presidente de la Federación de Centros Vecinales, o sea que tiene experiencia en esto de apropiarse de los cargos, viene precedido de algunas denuncias por supuesta malversación de fondos de un bingo que habría dejado una utilidad de once millones, de los cuales sólo se vieron, tres millones. No obstante, Gutiérrez continuó al frente de esa organización y hoy es el interventor del Mercado Municipal.
En política las casualidades no existen y la sombra de Madile, proyecta la sombra de Sáenz que a su vez, se proyecta sobre la del intendente Durand. Y este Gutiérez, vendría siendo el que hilvanaría “las casualidades”.
En la mafia, como se dijo al comienzo, existen códigos. Cuando un padrino besa o abraza a un “leal”, más que un acto de afecto es una sentencia de muerte. En la segunda puesta de “El Padrino”, Michael Corleone descubre que su hermano Fredo lo ha traicionado, pero, públicamente le da un beso. Luego Fredo, es asesinado en una partida de pesca.
El fin de Muratore
Con los restos de la estructura humeante, el gobernador, Gustavo Sáenz, se presenta en el lugar y abraza cálida, fraternalmente, a José “Pepe” Muratore. Días después, Muratore, es desalojado en medio de una campaña de prensa que lo sepulta.
Dirá entonces, Muratore: “Por lo menos en la mafia tiene códigos, lealtad y principios”. Como se ve, a veces, en política, dos más dos, realmente da cuatro.
Intervención y polémica: después de 30 años y un incendio con destrucción total intervinieron el Mercado San Miguel. Tuvo que ser casi una fatalidad para que el Intendente se decida a dejar de tener miedo.