(Diego Nofal).- La gestión de Gustavo Sáenz ha vuelto a cruzar un límite. Uno del que es difícil volver. Primero avanzó, de manera unilateral, con la colocación del Alambrado Gustavo Sáenz. Una suerte de muestra inequívoca de que la xenofobia de este Gobierno coincide plenamente con la imperantante en la gestión nacional. Pero, ahora, con una excusa casi infantil salió a detener a trapitos, limpiavidrios, malabaristas y todo aquel que intente ganarse el mango en la calle y le caiga mal al gobernador.
“Queremos tener una ciudad y provincia donde el ciudadano común pueda circular tranquilamente. Que no se presenten situaciones en locales comerciales que obstaculicen el ingreso al mismo o le generen un perjuicio a los comerciantes que están trabajando legalmente”, señaló el secretario de Seguridad Nicolás Avellaneda. Sus declaraciones denotan que el único requisito para ir preso en esta ciudad es que la policía considere que estás molestando a los “salteños de bien”.
De acuerdo a la información dispensada por esa misma Secretaría, en los últimos 10 días se detuvieron más de 30 trapitos y vendedores ambulantes. De acuerdo con lo que señalaron las autoridades, algunos de ellos tenían denuncias por hurto en la misma zona donde cuidaban autos. Es decir que hasta que a Sáenz no le molestó su presencia, la policía no hizo nada para detenerlos, pese a tener denuncias de los vecinos, por delitos reales, no inventados por esta nueva ola de pureza étnica que pretende el Gobierno.
La leyenda se vuelve realidad
Cuenta la leyenda que en la Salta de fines del siglo XIX y principios del siglo XX se había establecido un “cordón sanitario”. Que no permitía que gente de etnia coya o aymara acceda a los principales paseos salteños. No se han hallado muchos documentos oficiales al respecto. Por lo que no es más que un mito que pasó de generación en generación, sin que haya sido confirmado jamás. No obstante, en su afán de congraciarse con el Gobierno de Milei, parece que Gustavo Sáenz está dispuesto a hacer realidad aquella mítica historia salteña.
Los más de 30 trapitos que fueron detenidos, no se explica qué delito se les achacó. Si ya fueron liberados. Tampoco sabemos si se les inició causas penales a aquellos que, según información de la Secretaría de Seguridad, ya tenían denuncias por delitos contra la propiedad. Nada de este operativo de limpieza de cara de la ciudad nos queda claro. Lo único que sabemos es que ahora limpiar vidrios o intentar ganar algún dinero en épocas de crisis se ha vuelto un delito. Mientras que facturar millones por sospechas asesorías digitales es licito y honesto.
Las excusas de Gustavo Sáenz
El operativo contra los trapitos comenzó a raíz de la muerte de Lautaro Ramasco un joven que murió luego de ser atacado mientras conducía su vehículo. La policía intentó convencer a la Justicia, y a la familia de la víctima, que los responsables eran dos trapitos. Aún cuando todas las pruebas apuntarían a Gustavo Vaccarella, que tiene varias denuncias por violencia de género radicadas por la novia de Lautaro Ramasco.