SALTA – (Por Diego Nofal) Durante las últimas elecciones la única táctica política de Gustavo Sáenz fue la máxima romana «divide et impera». Se hizo varias traducciones de esta frase pero la más correcta es «divide y reinarás». Una táctica militar y política que no solo fue usada por el imperio romano, sino que, además, se expandió y fue utilizada en varias ocasiones también por el imperio británico.
Esa conocida táctica político militar fue aplicada durante estos últimos años en la provincia de Salta, con bastante éxito. Por suerte para el gobernador Gustavo Sáenz fue una estrategia que dio excelentes resultados, porque fue la única que se aplicó para mantener la hegemonía política oficialista. Lo que nos lleva a pensar, qué pasará ahora que esa fórmula tan bien aplicada parece haberse diluido por los últimos acontecimientos.
La estrategia aplicada por el gobernador de la provincia era muy simple infiltrar adeptos propios en cada uno de los partidos que operaba en Salta, generar fisuras internas o inclusive colar candidatos adeptos al mandatario. Luego, una vez que ocupen cargos públicos, ya sea algún escaño en la legislatura o un lugar en los distintos concejos deliberantes, blanquear su adhesión a Gustavo Sáenz.
Las intervenciones que ponen en jaque a Gustavo Sáenz
La elección pasada, el primer partido que decidió ponerle fin al divide et impera, aplicado por Gustavo Sáenz y sus estrategas políticos, fue el PRO. Desde la conducción nacional partidaria, hartos de tener entre sus filas a militantes que luego terminaban siendo funcionarios o funcionales al Gobierno provincial, decidieron intervenir el distrito Salta. Lo que no sabían es que estaban marcando el rumbo para el resto de los partidos.
En aquel momento el PRO inició su depuración expulsando a Alberto Castillo, que siempre se presentó como la cabeza del partido fundado por Mauricio Macri, aunque su accionar político terminaba siempre siendo funcional al gobierno de Gustavo Sáenz. Una vez que se descubrió la mentira, Castillo intentó infiltrarse entre los libertarios, tanto así que fundó una suerte de frente liberal que, obviamente, también está copado por militantes de Sáenz.
Lo mismo le pasó al Partido Justicialista. Se alejó del kirchnerismo una vez que Gustavo Sáenz decidió aliarse con el gobierno de Javier Milei. Pero con Cristina Kirchner como presidenta del instrumento político, que nació con el general Juan Domingo Perón, las huestes del mandatario provincial ya no tienen lugar en esa agrupación. Esta vez sin el PRO y sin el Partido Justicialista, las dos fuerzas mayoritarias de la provincia, Gustavo Sáenz busca refugio y una estructura que contenga sus candidatos.
Tenía entre sus aliados al Partido Conservador Popular, qué le daba un sello nacional y cierta llegada a los sectores más conservadores de la provincia de Salta. Pero, ayer, se decidió intervenir también este partido. Al frente de la estructura partidaria quedará Guillermo Durand Cornejo. Queda muy poco tiempo para las elecciones de medio término y se le agotan las opciones al mandatario. Sobre todo las que tenía para confundir al electorado qué es lo que hizo en los últimos comicios.
El mapa electoral
Otra de las cuestiones de las que nadie habla, es que una derrota en estas elecciones dejaría a Gustavo Sáenz muy mal parado de cara a una pretendida re reelección. Por eso sus huestes han salido a armar partidos paralelos que confundan a los electores. El mencionado Castillo armó un frente liberal. El ex kirchnerista Gastón Galíndez, por su parte, armó un frente peronista con duras críticas al kirchnerismo que tanto supo defender. Seguramente algún excandidato del PRO le dará una mano para dividir los votantes del partido que más arrastra sufragios en la Capital. Pero, en principio, la estafa electoral está a punto de llegar a su fin.
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