SALTA – (Diego Nofal).- En Salta, la gestión del intendente Emiliano Durand se ha convertido en un manual de lo que no debe hacer un funcionario público. Las calles de la ciudad, plagadas de baches, son el reflejo de una administración que solo actúa cuando el reloj electoral comienza su tic tac inexorable. Pero ni en tiempo de comicios se destaca coma un gran intendente, lo poco que hace siempre es de manera improvisada y con un claro sesgo clasista.
No es novedad que el estado de las calles capitalinas. Lo grave es que, en lugar de solucionar el problema de fondo, el Municipio permite que se agrave. La empresa provincial de agua rompe el pavimento y tarda días en repararlo, mientras que la Municipalidad, encargada de mantener las calles en condiciones, mira para otro lado. Pero ahora, en plena campaña, Durand ha decidido arreglar varias arterias a la vez, generando un caos circulatorio innecesario.
El ejemplo más claro es el de la esquina que forman la intersección de la calle Jujuy y la avenida Avenida San Martín, uno de los puntos con mayor circulación de de la ciudad, donde el tránsito colapsa diariamente porque las obras han dejado apenas media calzada habilitada. La elección de esta esquina no es casualidad, se nota su realización por al caos que provoca y, además, por ahí pasan los colectivos y los autos que van hacia los barrios de clase media y media baja. Mientras tanto, ni una sola obra del jefe comunal afecta el flujo hacia Tres Cerritos, Valle Escondido o San Lorenzo, zonas donde reside la élite salteña.
Abandono absoluto
Pero nada de esto sería problema si el intendente fuera un fanático de la obra pública. Pero, en 15 meses de gestión, Durand no puede mostrar logros concretos. Su gestión se resume en eliminar las bicisendas, una medida regresiva que solo beneficia a quienes circulan en camionetas de gran porte que no deberían tener permitido circular por zonas de alto tránsito. Además es una decisión que va a contramano de lo que están haciendo en todo el mundo.
Pero estoy siendo injusto con Emiliano Durand, también se encargó de decorar ocho escalones, detrás del monumento a Güemes, un gasto superfluo que los vecinos calificaron como absurdo y que nada tenía que ver con él entorno del monumento al héroe provincial. Por último podemos reconocer el enorme logro de reubicar a los comerciantes del Mercado San Miguel en una estructura precaria, poniendo en riesgo su seguridad. Ninguna de estas acciones mejora la calidad de vida de los salteños. Peor aún, las pocas obras que emprende perjudican a los sectores más vulnerables, mientras evita molestar a los más acomodados.
La complicidad de los medios con Emiliano Durand: silencio a cambio de pauta
Lo más preocupante es el silencio cómplice de los medios locales. Uno de los principales medios de la provincia pertenece al propio intendente, y el resto recibe pauta publicitaria del municipio. Así, se explica por qué no hay críticas sostenidas a una gestión que, en cualquier otra ciudad, habría despertado un escándalo permanente.
Durand gobierna para unos pocos, descuida a la mayoría y solo actúa cuando las elecciones lo obligan. Las calles rotas, el tránsito caótico y las obras insignificantes son la prueba de un desinterés por el bien común. Salta necesita autoridades que trabajen para todos, no solo para quienes tienen influencia o dinero. Mientras los medios callen y la ciudadanía no exija cambios, esta negligencia selectiva seguirá siendo la norma.