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Salta

Emiliano Durand le da el tiro de gracia al turismo moribundo de Salta

Hoy, bajo la gestión del intendente Emiliano Durand, se ha convertido en un símbolo de desidia y caos.

Emiliano Durand

SALTA (Diego Nofal).- Hace apenas un año, Salta era una ciudad que, pese a sus desafíos, mantenía un equilibrio entre tradición y progreso. Hoy, bajo la gestión del intendente Emiliano Durand, se ha convertido en un símbolo de desidia y caos. Con 16 meses en el cargo, la administración municipal no solo ha fracasado en resolver problemas estructurales, sino que ha profundizado la crisis urbana, alejando a turistas y ahogando a sus habitantes en un laberinto de ineptitud. 

El caos vial es la postal más evidente del declive. La eliminación de bicisendas, una medida disfrazada de modernidad que va a contramano del mundo moderno, reveló su verdadero fin, ampliar el estacionamiento pagado para recaudar más, sin importar el costo social. Calles que antes fluían hoy son un rompecabezas de autos estacionados en doble fila, con espacios reducidos para circular. Peatones y conductores libran una batalla diaria por sobrevivir en una ciudad que parece diseñada para el estrés. Para colmo, las obras de bacheo iniciadas hace tres semanas, coincidiendo con el periodo electoral, han convertido arterias clave en embudos interminables. ¿Es esto gestión o una burla al sentido común? 

Microbasurales en la Salta de Emiliano Durand: La basura de la desatención

Mientras el tránsito colapsa, los microbasurales florecen como heridas abiertas. Escombros, bolsas de residuos y muebles viejos se acumulan incluso en el centro, evidenciando la ausencia de un plan integral de higiene urbana. La imagen no solo repele a visitantes, sino que expone riesgos sanitarios. ¿Cómo puede una ciudad que se promociona como «la linda» permitir que su corazón se pudra bajo montañas de descuido? 

Emiliano Durand llegó al poder prometiendo transformación, pero su legado se reduce a parches efímeros. En 16 meses, ninguna obra de envergadura. Solo bacheos que, como ilusiones ópticas, desaparecen en días. La falta de visión se traduce en calles destrozadas, veredas inseguras y espacios públicos olvidados. Cuando por fin se decidió a actuar, lo hizo en el peor momento: obras iniciadas en época electoral, sin coordinación, agravando el caos. Es esta la prioridad, aparecer en fotos con maquinaria en lugar de planificar a largo plazo.

Jujuy: El espejo que avergüenza

Mientras Salta retrocede, Jujuy, su rival histórico en turismo, avanza con estrategia clara. La provincia vecina no solo inauguró el museo más moderno del noroeste, sino que revitalizó parques, mejoró accesos y llenó su calendario con eventos culturales. Este 1 de mayo, mientras Jujuy vibra con recitales en múltiples puntos, Salta yace oscura y silenciosa. La diferencia no es casual: es el resultado de líderes que entienden que el turismo se construye con infraestructura, innovación y gestión ágil. 

Salta vive de su patrimonio cultural y natural, pero hoy ambos se erosionan. Los turistas, antes seducidos por calles coloniales y paisajes únicos, ahora enfrentan una ciudad intransitable, sucia y desorganizada. Los hoteles ven cancelaciones; los guías, menos trabajo. El mensaje es claro: ningún viajero pagará por experimentar abandono. Si Jujuy ofrece experiencias enriquecedoras, Salta regala frustración. 

El intendente Emiliano Durand parece confundir la administración pública con un juego de intereses cortoplacistas. Su obsesión por recaudar, a costa de asfixiar a la ciudad, y su incapacidad para ejecutar proyectos revelan una peligrosa desconexión con la realidad. Mientras Jujuy invierte en futuro, Salta se hunde en el pasado. 

Los salteños merecen más que parches y promesas vacías. Necesitan calles transitables, basura recolectada, espacios públicos dignos y una agenda cultural que reviva el orgullo local. Si la gestión actual no cambia el rumbo, el riesgo no es solo perder turistas: es convertir a Salta en un monumento al fracaso político. El reloj corre, y cada día de inacción es un paso más hacia el abismo.