Connect with us

Hola, ¿qué estás buscando?

Elintra.com.arElintra.com.ar

Salta

Recuperar la esperanza: un gran acuerdo argentino inspirado en la agenda de Francisco

No se trata de nostalgia ni de simple resistencia. Se trata de recuperar lo mejor de nuestra tradición nacional

SALTA (Pablo Kosiner).- En tiempos donde la deshumanización de la política y de la economía parece naturalizarse, donde se pretende imponer al mercado como juez y verdugo de toda relación social, y donde la cultura del descarte amenaza con volverse norma, es urgente volver a preguntarnos: ¿Qué país queremos construir?

Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco nos ha ofrecido un camino alternativo, profundamente humano y profundamente argentino. Nos habló de la necesidad de poner la economía al servicio de los pueblos, de la política como una de las formas más altas de la caridad, del valor insustituible de la solidaridad, del trabajo como derecho y deber que dignifica, y del “nosotros” que supera el individualismo estéril. Su voz, tantas veces ignorada o incluso atacada, hoy se nos presenta como un faro para ofrecer a nuestra Nación un nuevo horizonte de sentido.

Frente al modelo que encarna el presidente Javier Milei —basado en la negación de la política como instrumento de transformación social, en el mercado absoluto como único orden, en el debilitamiento del Estado y en la exaltación de un individualismo extremo—, se abre una gran posibilidad de tomar la agenda pública, económica y de valores que deja el Papa Francisco como legado y transformarla en eje de un Gran Acuerdo Argentino.

Ese gran acuerdo debería contener a todos aquellos sectores de la vida política, social y económica argentina que este dispuestos a convivir, más allá de circunstanciales diferencias, en la construcción de un modelo alternativo al “anarco-capitalismo” que nos ofrece el relato oficial.

Este acuerdo debería tener bases claras:

  • Una economía con rostro humano, que reconozca que «el dinero debe servir, no gobernar». Esto implica apostar a la producción nacional, al trabajo digno, a la integración de las periferias, a una redistribución equitativa de los frutos del desarrollo, y al cuidado de la casa común, nuestro medioambiente.
  • Una política de fraternidad, donde las diferencias no sean fuente de odio sino de enriquecimiento. Necesitamos reconstruir los puentes que han sido dinamitados por la cultura de la agresión permanente.
  • Una justicia social integral, que no sea vista como una palabra vacía, sino como un imperativo ético: que nadie quede afuera del derecho a una vida digna, que el acceso a la educación, a la salud y a una vivienda adecuada no sean lujos para pocos.
  • La cultura del encuentro, que nos convoque a un nuevo pacto social, en el que las fuerzas políticas, sociales, sindicales, empresariales, científicas y religiosas se sienten a construir juntos un proyecto de Nación para los próximos 30 años, sin exclusiones, sin arrogancia y con profundo respeto por la historia de nuestro pueblo.

No se trata de nostalgia ni de simple resistencia. Se trata de recuperar lo mejor de nuestra tradición nacional: el sentido de comunidad, la empatía social, la convicción de que nadie se realiza en una sociedad que no se realiza.

Quienes creemos que la Argentina merece algo mejor que el ajuste salvaje, el sálvese quien pueda y la demolición de la política, tenemos el deber de actuar. No desde la mera crítica, sino desde la propuesta concreta. A partir de una coincidencia en valores se puede desarrollar una agenda programática.

Impera entonces la necesidad de interpelarse si no se hace indispensable que todos los sectores de buena voluntad promuevan un Encuentro Nacional por la Solidaridad, la Justicia y el Bien Común. Un espacio de construcción, abierto, plural y esperanzado, que tome como guía la agenda humanista y social que el Papa Francisco nos ofrece.

La Argentina no está condenada al egoísmo ni a la resignación. La Argentina puede —y debe— elegir la vida, el trabajo, la justicia y la esperanza. Es tiempo de ponerse de pie.