SALTA (Diego Nofal).- En los últimos años, la política salteña ha experimentado una transformación preocupante. Bajo el gobierno de Gustavo Sáenz, la tendencia de reclutar figuras mediáticas, cantantes, periodistas y rostros televisivos para ocupar cargos electivos se ha profundizado. De esta forma, se ha priorizado el brillo efímero de la fama por sobre la solidez de la experiencia.
Nombres como David Leiva, José García, Mónica Juárez, Guillermo Kripper y Víctor Lamberto han transitado de los escenarios y las pantallas a los escaños legislativos, pero sus trayectorias revelan un patrón alarmante, que es la incapacidad para cumplir con las exigencias de la función pública. Este fenómeno no sólo refleja una trivialización de la política, sino que expone cómo la provincia ha convertido la gestión estatal en un reality show, donde la credibilidad se mide en seguidores y no en resultados.
El ocaso de los «famosos»: de la promesa al escándalo
Víctor Lamberto, periodista y exsecretario de Prensa del Gobierno, es emblemático de este declive. Mientras ejercía como diputado, fue imputado por falsificación de documento público, un delito vinculado a su gestión anterior. En lugar de asumir responsabilidades, fue relegado a una candidatura a concejal, como si un cargo menor borrara su historial. David Leiva, ícono de la cumbia, siguió un camino similar. Su paso por la Legislatura fue discreto, al estar marcado por la ausencia de iniciativas relevantes. Sin embargo, lejos de retirarse, optó por aferrarse a la teta del Estado como concejal, demostrando que para algunos, la política es un trampolín, no un servicio.
Mónica Juárez, conductora televisiva, encarna otro fracaso. Envuelta en escándalos y ajena a las labores legislativas, su nombre desapareció de las listas de diputados y concejales. Su consuelo fue un cargo temporario y ad honorem como convencional capitalina, un puesto sin peso real. Por otra parte, José García, ganador de un reality, optó por la comodidad y prefirió mantener su curul como concejal antes de arriesgarse en arenas políticas más complejas. Su caso sugiere que, para algunos, la función pública es un título decorativo, no un espacio de transformación.
Guillermo Kripper, la excepción que confirma la regla
El periodista Guillermo Kripper parece ser la «historia de éxito» en este panorama desolador. Candidato a diputado provincial con altas chances de triunfo, su ascenso contrasta con su volatilidad ideológica. En 2023, rechazó las fotomultas durante la gestión de Bettina Romero, pero, un año después las defendió bajo Emiliano Durand. Su habilidad para adaptarse al viento político, priorizando conveniencia sobre coherencia, lo ha posicionado como favorito. Por lo tanto, Kripper simboliza la paradoja del sistema: la figuración mediática y la ambigüedad valen más que la integridad.
Este fenómeno no es inocuo. Al reducir la política a un espectáculo, se socavan los pilares de la democracia, la rendición de cuentas, la especialización y el debate serio. Los cargos públicos exigen competencia técnica, conocimiento normativo y compromiso ético, no rating. Cuando un cantante o un conductor ocupan un escaño sin preparación, se pierde capacidad legislativa, se desatienden demandas sociales y se normaliza la mediocridad. Además, la recurrencia a «candidatos-celebridad» refleja un cálculo perverso: los partidos prefieren votos fáciles antes que proyectos sólidos.
Salta merece más que un elenco de reality. La política no puede ser un refugio para famosos en busca de relevancia o impunes en busca de impunidad. Los casos de Lamberto, Leiva, Juárez y Kripper son síntomas de un sistema enfermo, donde la imagen eclipsa el mérito. Dicho esto, urge repensar los mecanismos de selección de candidatos, exigir transparencia y priorizar a quienes entiendan la política como servicio, no como plataforma. Mientras los partidos sigan apostando al espectáculo, los únicos perdedores serán los ciudadanos, condenados a un gobierno de ficción, sin soluciones reales. La pregunta es clara: ¿queremos políticos que trabajen o actores que improvisen? En Salta, la respuesta aún aguarda por escribirse.