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Gustavo Sáenz en la tormenta: ¿autocrítica o vuelan los palos?

El domingo pasado, Gustavo Sáenz aprendió una lección que el vernáculo lenguaje político suele llamar «ajuste de expectativas».

Gustavo Sáenz
Gustavo Sáenz

SALTA- (Por Diego Nofal) El domingo pasado, el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, aprendió una lección que el vernáculo lenguaje político suele llamar «ajuste de expectativas». Traducción para quienes no hablan burocrático: el tipo se desplomó en las urnas. La capital provincial, ese termómetro que mide la fiebre de la popularidad, le dio un baño de realidad frío como un invierno en la Puna. La Libertad Avanza, ese partido que suena a eslogan de gimnasio pero que aquí funciona como bisturí electoral, le rajó la base a Sáenz con la elegancia de un machete en un combate de esgrima. Y ahora, mientras el humo de la derrota se disipa, la pregunta es simple: ¿el gobernador optará por la autocrítica o por enterrar más periodistas bajo expedientes judiciales?

El arte de perder (y de culpar a otros)

Sáenz, hay que decirlo, no es nuevo en esto de tropezar con la misma piedra. Pero perder en Salta capital, otrota feudo del saenzismo, es como que Messi falle un penal contra Groenlandia. Claro que, en su discurso del domingo a la noche, el gobernador intentó un “makeup” político digno de influencer en crisis: sonrisa tensa, promesas de «diálogo» y una mención a «escuchar a todos». ¿A todos? ¿Incluye a los fiscales que usa como arma arrojadiza contra periodistas? Porque, hasta ahora, su idea de «diálogo» ha sido más cercana a un monólogo con efectos especiales: allanamientos, causas judiciales y contrataciones públicas opacas que huelen a pescado podrido.

Aquí, un paréntesis obligatorio, yo tengo muchas críticas para hacerle a Juan Manuel Urtubey, las escribí publicamente mil veces y hasta tuve la oportunidad de decírselo en la cara en un par de entrevistas, pero al menos el exgobernador logró dos reelecciones sin necesidad de silenciar a la prensa. Es más, Urtubey bailó tango con El Tribuno, el gigante mediático local, pisándole los pies todos los días, y aún así salió reelegido. ¿El secreto? Un combo de carisma, obra pública y UN MONTÓN de suerte, además de aceptar que en democracia hasta los diarios hostiles tienen tinta para escribir. Sáenz, en cambio, parece creer que gobernar es como jugar al Age of Empires: conquistar medios, arrasar enemigos y acumular recursos (públicos, claro).

El peronismo que perdió su brújula (y sus votos)

Pero no nos engañemos: el problema de Sáenz no son los medios opositores, que en Salta tienen la misma presencia que un unicornio en una carnicería. El problema es que el gobernador logró lo imposible: alienar al peronismo duro, desilusionar a los independientes y aburrir hasta a sus propios legisladores. Su giro hacia un modelo híbrido, un tercio peronista, un tercio liberal, un tercio autoritario, terminó por confundir hasta a sus votantes. ¿Es usted de derecha, de izquierda o de la logia?

Y aquí entra el cóctel explosivo, malas decisiones la opacidad en licitaciones es tan evidente que hasta las piedras del Valle de Lerma susurran «coima», un gabinete más cambiante que el humor de adolescente, y esa obsesión por controlar narrativas como si fuera un director de cine de Hollywood. El resultado es que la gente, les dió la espalda, harta de protagonizar su propia tragedia griega dónde son gobernados por deikeliktas (payasos griegos “para los no iniciados”, diría don José).

¿Persecución o amnistía? He ahí el dilema

Ahora, el gran interrogante es si Gustavo Sáenz entenderá que el camino no es aplastar críticos, sino dejar de darles razones para criticar. Claro que, para un tipo que confunde «gobernar» con «dominar», la idea de soltar poder debe sonar como recomendarle a un vampiro que se haga vegano. ¿Profundizará la persecución? Es posible. Después de todo, cuando tu herramienta favorita es un martillo, todos los problemas parecen clavos. Pero si hay algo que la derrota enseña, o debería enseñar, es que hasta el autoritarismo más entusiasta tiene fecha de vencimiento.

Eso sí, no esperemos un mea culpa genuino. En política, las autocríticas suelen ser como los discursos del Día del Amigo, llenos de buenas intenciones y nulas acciones. Sáenz podría optar por el teatro de «escuchar», mientras sigue llamando fiscales a la madrugada. O, quién sabe, quizás descubra que gobernar con la gente, y no contra ella, le ahorraría unos cuantos recursos en abogados y jueces amigos.

En definitiva, el domingo Salta no solo votó en contra de Sáenz: le dio un ultimátum. La pregunta es si el gobernador lo leerá como una invitación a cambiar… o como otro expediente que archivar. Yo no tengo ninguna fé en el cambio. Para los que todavía creen que la política puede ser un deporte sin sangre, les recomiendo que, por las dudas, tengan a mano el carnet de la obra social porque me parece que así como revolean expedientes judiciales, pronto van a empezar a volar las trompadas. Por mi, todo bien, yo nací en Tucumán “el Esparta argentino”, pero sin chicos lindos, nosotros nos agarramos a piñas antes de decirnos buen día. No importa cuanto aprieten, El Intra va a seguir con su idea de que la verdad debe contarse entera siempre.