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Salta

La radical desaparición de la UCR salteña

El radicalismo salteño se ha convertido en una especie de club de autoayuda para dirigentes nostálgicos, aferrados a la vieja guardia como un abuelo a su Walkman.

UCR

SALTA (Diego Nofal).- El domingo pasado, en la siempre pintoresca provincia de Salta, mientras algunos se debatían entre votar o dormir la siesta, se celebraron elecciones para renovar el 50% de la Legislatura y los concejos deliberantes. Y como era de esperarse, porque a veces la historia no solo rima, sino que repite el mismo mal chiste, la Unión Cívica Radical (UCR) volvió a demostrar que su verdadero talento está en perder. Y no de cualquier forma: perder con estilo, con convicción y, lo más importante, sin alianzas, porque si van a hundirse, al menos que sea solos y con dignidad… o algo así.

El radicalismo salteño se ha convertido en una especie de club de autoayuda para dirigentes nostálgicos, aferrados a la vieja guardia como un abuelo a su Walkman. Encabezando este Titanic político, una vez más, estuvo Miguel Nanni, que ya lleva media docena de elecciones al frente de listas radicales. La única constancia que tiene Nanni es la de repetir fórmulas fallidas, como si la derrota fuera una receta familiar que se pasa de generación en generación.

Un amuleto para la mala suerte

Pero el verdadero enigma de la política local, una suerte de “¿Dónde está Wally?” pero con menos carisma, es Matías Posadas. Aparentemente, Nanni no solo lo incluye en cada lista como si fuera su amuleto de la mala suerte, sino que insiste en presentarlo como si en algún momento fuera a ganar una elección. Spoiler: no lo hace. Jamás. Ni por accidente. Si el voto en blanco es una protesta, votar a Posadas es una rendición.

La situación ha llegado a un punto tan crítico que la UCR en Salta parece más un sello de goma que un partido político. Los militantes, hartos de participar en una coreografía sin música, han comenzado a abandonar el barco. La juventud radical, que en otros tiempos fue la cantera de futuros líderes, hoy podría reunirse en una cabina telefónica… y sobraría espacio.

Y mientras tanto, el PRO Salta, que no se queda atrás en el ranking de partidos en crisis, parece haber perdido su brújula ideológica. Pero, al menos, ellos tienen la excusa de ser un partido joven. La UCR, en cambio, es una señora de 120 años que se niega a entregar el bastón de mando a las nuevas generaciones, a pesar de estar ya con respirador ideológico.

La UCR en caída libre

El problema es que esta obstinación no es solo un drama partidario. La falta de renovación, de ideas y de un proyecto político auténtico daña a la democracia misma. Si uno de los partidos históricos de Argentina no logra reinventarse ni ofrecer una alternativa creíble, el debate político se empobrece, y los ciudadanos, con justa razón, prefieren mirar para otro lado (o directamente apagar la televisión).

Y mientras Nanni y Posadas siguen su extraño ritual de acercarse al oficialismo entre elecciones para luego pintarse de opositores cuando se avecinan las urnas, el electorado ya no compra el disfraz. Porque una cosa es ser camaleónico, y otra muy distinta es tener la credibilidad de un billete de tres pesos.

La UCR salteña no está muriendo; está suicidándose con tenacidad y perseverancia. Lo único que puede evitar su desaparición es que alguien dentro del partido tenga el coraje de decir “basta”, apagar el piloto automático, y tomar el control. Porque si no cambian radicalmente —y sí, la ironía del término es intencional— su destino será convertirse en una nota al pie de página de la historia política salteña. Y ni siquiera una particularmente interesante.

Tal vez el radicalismo necesita menos Posadas, menos Nanni, y más ganas de ser relevante. O al menos, de dejar de hacer papelones. Porque de papelones ya tenemos suficiente en este país.