SALTA (Diego Nofal).– En un país donde la política suele medirse en decibeles, gritos, amenazas, promesas vacías, el silencio también puede ser cómplice. Hoy, en la Cámara de Diputados, el mutismo de los representantes de Salta, Pamela Calletti y Yolanda Vega, resonó como un golpe a la dignidad de miles de jubilados que hoy sobreviven con una mínima de $296.000, un monto que ni siquiera alcanza para cubrir la canasta básica alimentaria. Detrás de esa ausencia calculada, que impidió tratar un aumento urgente a las pensiones, está la sombra de un gobernador, Gustavo Sáenz, que prefirió obedecer al poder central antes que defender a los suyos.
No se trata de un error técnico ni de una casualidad. Según fuentes legislativas, el presidente Javier Milei le habría pedido directamente a Sáenz que sus diputados no dieran quórum. El objetivo era claro, evitar que se debatiera una mejora para los jubilados, mientras el Gobierno insiste en mantener un ajuste asimétrico que castiga a los adultos mayores y beneficia, en paralelo, a quienes reciben planes sociales sin contraprestación. La pregunta es inevitable: ¿por qué un gobernador que juró defender los intereses de Salta se pliega a una orden que perjudica a sus propios ciudadanos?
La sesión que no fue
La respuesta parece estar en un modelo de sumisión política que Sáenz ha perfeccionado. Horas antes de la sesión fallida, el mandatario salteño lanzó una acusación tan estridente como falsa. Afirmó que los expresidentes Mauricio Macri y Cristina Kirchner estaban “conspirando” contra Milei. La teoría, además de carecer de pruebas, se desarma con un solo dato, los diputados del PRO,comandados por Macri, tampoco asistieron al recinto, facilitando así la estrategia oficialista de bloquear el debate. ¿Conspiración? No. Aquí hubo, simplemente, una alianza tácita entre un Gobierno nacional que desprecia el federalismo y dirigentes provinciales dispuestos a canjear derechos por favores. Porque los diputados que responden a Carlos Sadir de Jujuy tampoco dieron quórum.
Lo grave es que esta no es una anécdota aislada, sino la expresión de un sistema perverso. Mientras Gustavo Sáenz se desvive por mostrar lealtad a Milei, Salta sigue esperando obras de infraestructura clave, rutas destruidas, hospitales sin recursos, escuelas que se caen a pedazos. El Gobierno nacional concentra recursos, coparticipación, fondos discrecionales, pero los redistribuye con un criterio que premia la obediencia, no la necesidad. Y así, provincias como Salta quedan atrapadas en un círculo de dependencia, mientras mendigan migajas a cambio de silenciar sus demandas.
Gustavo Sáenz y su falta de interés en los jubilados
Mientras tanto, los jubilados salteños, y los de todo el país, pagan el precio. Una jubilación mínima de $296.000 es, en los hechos, una sentencia de pobreza. Según el INDEC, la canasta básica total para un adulto mayor supera, holgadamente, los $450.000. Es decir, quienes dedicaron décadas a trabajar hoy deben elegir entre comer o pagar medicamentos. Sin embargo, el oficialismo y sus aliados, como Sáenz, insisten en priorizar un ajuste que recarga las cuentas públicas sobre los más vulnerables. Mientras las pensiones se licúan, los montos de los planes sociales aumentan, alimentando un clientelismo que ya no distingue colores políticos.
Este es el “modelo” que defienden Sáenz y sus diputados: un Estado nacional hipercentralizado, que drena recursos de las provincias pero no invierte en ellas; un Gobierno que subsidia la inacción con planes sociales, sin exigir contraprestación, mientras abandona a quienes cumplieron con aportar toda una vida. Es la antítesis del federalismo y, sobre todo, de la ética mínima que debería guiar a un funcionario público.
¿Qué explica esta actitud? Cálculo electoral, mezquindad o simple falta de coraje. Da igual. Lo cierto es que, al negar el quórum, Calletti y Vega no solo traicionaron a los jubilados, le dieron la espalda a una provincia que clama por soluciones concretas. Salta necesita puentes, no silencios; necesita diputados que negocien obras, no que regalen su voz a cambio de un lugar en la foto del poder.
Hoy, mientras Milei celebra otro triunfo efímero en su guerra contra “la casta”, los verdaderos derrotados son los adultos mayores que, en Salta y en cada rincón del país, miran con desesperación cómo el tiempo y sus derechos se les escapan de las manos. La historia juzgará a quienes, en momentos clave, eligieron ser cómplices de este retroceso. Ojalá los salteños no olviden.