SALTA – (Diego Nofal) Si hay algo que los argentinos sabemos hacer mejor que discutir sobre fútbol o el precio de la empanada, es inventar nuevos métodos para evitar hacer lo que nos corresponde. Y en este rubro, la diputada nacional María Emilia Orozco, titular de la Comisión de Libertad de Expresión, podría ganar el “Premio Emiliano Durand” de la procrastinación, miren que el intendente de no laburar sabe un montón.
Desde septiembre del año pasado, su comisión parece haber entrado en un estado de hibernación tan profundo que pasó una tortuga a decir que vienen lento con este tema. Mientras los diputados opositores claman por debatir los ataques del Gobierno Nacional a la prensa, Orozco demuestra que, en política, el silencio no es solo una estrategia, sino un estilo de vida.
Hagamos cuentas. Si la mitad del trabajo de un diputado son los debates en comisión, entonces nuestra querida María Emilia lleva seis meses haciendo… exactamente la mitad de la mitad. Es decir, un cuarto. O menos. O quizás nada. Matemáticas aparte, lo cierto es que mientras el Gobierno lanza ataques a la libertad de prensa con la misma frecuencia con la que la diputada presume a su perro en Instagram, la comisión que debería fiscalizar esos abusos brilla por su ausencia. Y no, no es que esté ocupada organizando webinars sobre cómo evitar reuniones. Simplemente, no existe.
Hablemos de los últimos “logros” del Gobierno en materia de libertad de expresión. Primero, la Casa Rosada decidió que los periodistas son como esos parientes incómodos que hay que controlar en las reuniones familiares. Nuevas reglas, acceso restringido, y la joya de la corona, un código de vestimenta. Sí, leyeron bien. Mientras el presidente pasea en traje con zapatillas, como si estuviera a punto de irse de after office, exige a los periodistas ir impecables. ¿Ironía? No, eso sería pedir demasiado. Es solo otra regla absurda en un país donde la coherencia brilla por su ausencia.
Pero no contentos con jugar a la policía de la moda, el Servicio de Inteligencia del Estado decidió que su nueva misión es investigar a cualquiera que “menoscabe la confianza en el Gobierno”. Traducción, perseguir a periodistas que osen cuestionar el relato oficial. Si esto no es un guion de una mala serie de espías, que alguien nos explique qué es. Claro, en lugar de combatir corrupción o inseguridad, mejor dedicar recursos a intimidar a quienes ejercen su derecho a informar. Prioridades, dicen.
La libertad de expresión no es prioridad para Emilia Orozco
Mientras tanto, en Salta, tierra natal de María Emilia Orozco, el gobernador Gustavo Sáenz lleva adelante una persecución a periodistas opositores que hasta el Procurador Nacional encontró excesiva. El director de este diario fue imputado con acusaciones falsas, y quien escribe estas líneas ha recibido amenazas del vicegobernador Antonio Marocco, quien parece confundir su cargo con el de capo mafioso de telenovela. ¿Y la diputada Orozco? Silencio. Ni un tuit, ni un comunicado, ni un meme. Nada.
No es casualidad. Sáenz es aliado de La Libertad Avanza, el partido de Orozco, lo que explica muchas cosas. Como aquel acto donde influencers libertarios afirmaron que en Argentina “no odiamos suficiente a los periodistas”. Orozco, presente en el evento, no desmintió el comentario. Quizás estaba demasiado ocupada buscando filtros para sus stories.
En fin, María Emilia Orozco tiene un talento único para convertir la invisibilidad en una forma de arte. Su comisión es un fantasma, su voz, un eco perdido en el Congreso. Mientras el Gobierno ajusta tuercas a la prensa y sus aliados provinciales imitan el manual del autoritarismo, ella prefiere el rol de espectadora. O de influencer part-time.
Emilia, dejá de boludear en las redes y hacé tu trabajo.