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Salta

¿Qué hará Juan Carlos Romero? La incógnita que desvela a la política salteña

En la tranquila provincia de Salta, una pregunta resuena con fuerza inusitada en los pasillos del poder y las tertulias políticas.

Juan Carlos Romero

SALTA (Diego Nofal).- En la tranquila provincia de Salta, una pregunta resuena con fuerza inusitada en los pasillos del poder y las tertulias políticas. ¿Qué hará Juan Carlos Romero? El senador nacional, figura omnipresente durante décadas, enfrenta una encrucijada cargada de simbolismo y pragmatismo. Con 74 años cumplidos, asumiría un nuevo mandato con 75, edad que supera holgadamente la jubilación obligatoria incluso para los magistrados de la Corte Suprema de la Nación. En cualquier otro rincón del país, este dato biográfico sería el epílogo natural de una larga carrera. En Salta, sin embargo, es apenas el preludio de un suspenso que mantiene en vilo a todo el arco político.

Resulta casi cómico contemplar la situación. Mientras en otras jurisdicciones un político de su edad y trayectoria disfrutaría de un merecido retiro, quizás escribiendo memorias o atendiendo el jardín, en Salta todos, absolutamente todos, aguardan con nerviosismo su próximo movimiento. Es como si el reloj biológico de la política provincial se hubiera detenido exclusivamente para él. Romero no es un retirado, es una incógnita estratégica caminante. Y esta jugada, se especula con un realismo teñido de fatalismo, sería la última de su dilatada vida pública. La presión por definir su futuro es palpable, casi física.

Naturalmente, surgen los escenarios. Uno de los más comentados, alimentado por su cercanía con el actual presidente de la Nación, lo ubica intentando ingresar a las listas de La Libertad Avanza. La lógica parece clara, aprovechar la ola oficialista. Pero aquí aparece el primer obstáculo digno de una tragicomedia. Juan Carlos Romero, acostumbrado durante décadas a encabezar listas y ejercer liderazgo indiscutido, difícilmente aceptaría un puesto que no sea el primero. El problema, pequeño detalle, es que en La Libertad Avanza salteña ese codiciado lugar ya estaría reservado, con letras de oro y probablemente candado, para Alfredo Olmedo. Imaginar a Romero jugando un rol secundario, menos aún detrás de Olmedo, raya en lo surrealista para quienes conocen su carácter.

La alternativa, siempre presente en el juego de sillas musicales de la política local, sería el PRO. El partido fundado por Mauricio Macri ofrece un espacio, teóricamente. Pero aquí el sarcasmo se impone. Las últimas elecciones del PRO en Salta fueron, por emplear un eufemismo generoso, desastrosas. El partido luce más como un cascarón vacío que como una plataforma ganadora. Sumarse a esa nave, que más que hundirse parece haberse evaporado en el árido clima político salteño, requeriría un optimismo digno de mejor causa o una desesperación extrema. Difícilmente un estratega como Juan Carlos Romero apostaría sus últimos cartuchos a un barco con tantos agujeros.

Un tercer movimiento, inesperado para algunos, tomó forma tras su reciente reunión con el gobernador Gustavo Sáenz. Surgió entonces el rumor de una posible fórmula oficialista, un frente común del peronismo tradicional salteño pensado expresamente para contener el avance de La Libertad Avanza en la provincia. En cualquier otro contexto, bajo otras reglas, esta alianza sonaría descabellada, casi imposible dada la historia y las diferencias ¡Pero esto es Salta Baby! La política salteña, como bien saben sus habitantes, es el arte de lo posible, lo improbable y a veces lo francamente inexplicable. Aquí, las enemistades eternas pueden evaporarse en un almuerzo y las alianzas más inverosímiles cobran vida con un apretón de manos. Nunca se debe descartar nada, especialmente cuando el objetivo es detener a un enemigo común.

Por lo tanto, el panorama político provincial permanece en un estado de suspenso colectivo. Todo el mundo, desde el militante más humilde hasta el operador más experimentado, tiene puestos los ojos en Juan Carlos Romero. ¿Renovará su banca en el Senado, desafiando una vez más el paso del tiempo y las convenciones etarias? ¿O finalmente, tras décadas de protagonismo ininterrumpido, le dará a su carrera un respiro definitivo, colgando los guantes políticos? Su decisión, cuando llegue, tendrá un impacto profundo. Definirá no solo su legado, sino también el complejo tablero electoral salteño para los próximos años. Hasta entonces, Salta aguarda, desvelada, preguntándose qué hará el hombre que parece desafiar las leyes del tiempo político. La última jugada del maestro está por verse, y nadie quiere perdérsela.