SALTA.- (Ricardo Federico Mena) Cada 20 de junio se celebra el Día de la Bandera en conmemoración al fallecimiento del general Manuel Belgrano. «Teniendo en cuenta que el significado de bandera es el trozo de tela enarbolado que identifica con sus colores o emblemas a una nación, es que el 27 de febrero, retrotraemos nuestra mirada a los antecedentes que pesaron sobre su creador, para que ese emblema que nos identifica entre todas las naciones del orbe, tuviera las características que la hacen cara ante los argentinos». Una de las calles de Salta, y hasta un barrio, conmemoran la fecha.
Acaso debamos detener nuestra mirada por aquellos días posteriores al 7 de febrero de 1812, cuando don Manuel Belgrano llega a Rosario con el Regimiento Nº 5 de Patricios. Por aquellos tiempos un testigo presencial de todos los acontecimientos que se desarrollaban en el país, el doctor Echavarría-su compañero en la misión plenipotenciaria en Europa- manifestaba lo siguiente: “… las escarapelas azul y blanco han entrado de moda”.
Las escarapelas
Efectivamente, en nuestro territorio, algunos cuerpos militares habían comenzado a utilizar cucardas celestes y blancas, pero Manuel Belgrano razonaba desde hacía tiempo que el mayor de los absurdos era enfrentarse a sus enemigos luciendo los mismos colores y emblemas. Es por eso que apremia al Triunvirato para que tomara una medida expresa al respecto: “(…) me tomo la libertad de exigir a V.E. que se declare una escarapela nacional para que no se equivoque con la de nuestros enemigos”. En estas concisas palabras se destaca exijo y posteriormente nacional, donde queda expresado el pensamiento del futuro creador de nuestra enseña patria. De acuerdo a ello no estaba planteado un criterio estético ni de salvar el factor incómodo de las batallas, sino que definía categóricamente la exigencia de un emblema para una nación distinta de la española. El Triunvirato estuvo de acuerdo con Belgrano y aceptó la propuesta el 18 de febrero de 1812, disponiendo que la escarapela que distinguiría a las Provincias Unidas del Río de la Plata, fuera de color blanco y celeste.
Entusiasmado el prócer con esta disposición, procedió a distribuir las escarapelas a sus soldados en la confianza que el Triunvirato avalaría sus disposiciones posteriores. El 27 de febrero del mismo año, escribía a las autoridades de Buenos Aires: “Siendo preciso enarbolar bandera, la mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional: espero que sea de la aprobación de V.E.”.
Mucho es lo que se ha escrito sobre esta bandera, pero sintetizaremos el hecho diciendo que casi seguramente fue emplazada en la Batería Libertad, y según la tradición oral recogida por Pastor Obligado, llevada al tope por Cosme Maciel. También por boca de la tradición se sabe que aquella bandera fue confeccionada por doña Catalina Echavarría de Vidal y bendecida por el padre Julián Navarro.
Los conciliábulos políticos del momento frenaron el desarrollo de esta acción belgraniana, contrariando al Triunvirato que desaprobó la acción, pues por aquellos días, España era aliada de Inglaterra que, como siempre en la sombra, no
podía apoyar el movimiento si es que mediante un emblema distinto al español, promovía la independencia de la metrópoli.
La protobandera
De acuerdo a datos históricos, la bandera emplazada en las Baterías del Paraná, al parecer no fue la misma desplegada en Jujuy, pues de acuerdo a los códigos militares y al más puro raciocinio, las banderas no son patrimonio personal de sus jefes, sino que pertenecen a sus regimientos. El Regimiento Nº 5, bajo cuya custodia se encontraba la bandera fue luego trasladado a la vecina orilla del Uruguay, por lo tanto es lógico suponer que la bandera en cuestión siguiera el mismo camino; en consecuencia no puede haber sido la misma que Belgrano desplegara en Jujuy.
Respecto también a los colores, es también mucho lo que se ha escrito y existe un cuadro del pintor Carbonnier, donde la protobandera estaría constituida por dos franjas verticales, donde el color blanco estaría próximo al mástil y el celeste a continuación. Según los investigadores, habría sido descrita por el propio Belgrano al pintor. La bandera del Ejército de los Andes habría estado inspirada en ésta, a la que se le sobrepuso el escudo nacional. Existe un cuadro pintado en Londres en el año 1819, donde la exactitud, fue fielmente custodiada por Álvarez Condarco.
La bandera de Jujuy
El 28 de abril el Cabildo e Buenos Aires sugiere al Triunvirato que se suspenda el paseo de Estandarte Real por las calles de la ciudad, rompiendo de esta manera con una viejísima tradición que databa de más de doscientos años antes. No ha quedado nada escrito de lo que se paseó en su reemplazo, o si realmente se paseó algo. Supone el historiador Fernández Díaz que en lugar del estandarte real se paseó otro con los colores de la Orden de Carlos III, que era celeste y blanco.
Acerca de los colores de nuestra bandera se han barajado distintas hipótesis:
1- Que procede del azul y blanco del cielo
2- De hábito de la Inmaculada
3- Del penacho de los uniformes de los Patricios.
4- Del escudo del Consulado de Buenos Aires (donde fuera secretario Manuel Belgrano)
5- De la orden monárquica de Carlos III.
Observadas de cerca todas estas hipótesis, en realidad constituyen distintas miradas de una misma cosa, pues la Orden de Carlos II, tomó sus colores del manto de la Inmaculada Concepción, patrona de España e Indias; a su vez los colores de la Inmaculada representan los del cielo, mientras que el Consulado de Buenos Aires estaba bajo la advocación de la Virgen. Finalmente al entrar en vigor la Orden citada, se pusieron de moda en España y América los uniformes azules y blancos, como el de los Patricios.
Volviendo a la bandera de Jujuy, diremos que Belgrano ignorando la desaprobación del Triunvirato, festeja a lo grande el segundo aniversario de la Revolución, poniendo por delante la flamante bandera. Fue expuesta desde la salida del sol hasta la caída de la noche en los balcones del Ayuntamiento, en medio del clamor popular, con salva de cañones, y llevada por el mismo Belgrano a la Iglesia Matriz, donde fue bendecida por el canónigo José Ignacio de Gorriti. Luego fue conducida a la plaza y jurada por las tropas formadas en cuadro.
Allí se alza la voz del prócer diciendo: “(…) el 25 de mayo será siempre memorable en los anales de nuestra historia y vosotros tendréis un motivo más para recordarlo, cuando en él, veis por primera vez la bandera nacional en mis manos, que ya os distingue de las demás naciones del globo”. Esta bandera se llamó la Generala y fue el emblema del Ejército del Norte. Luego sobrevendrá el Juramento a orillas del río Pasaje, que luego del citado juramento cambiará su nombre por el de Pasaje. En síntesis la bandera de Rosario no fue la de las Provincias Unidas del Río de la Plata, pero luego de instaurada la Asamblea del año XIII, tuvo ésta la facultad de crear los símbolos patrios, como así sucediera también con el Escudo y el Himno.
Probablemente el primer diseño haya sido las que se encontraron en la localidad de Macha en Bolivia. Una de ellas que aún se encuentra en dicha localidad tiene la franja azul celeste al medio y las otras dos blancas, mientras que la enviada a Buenos Aires, presenta el mismo diseño de la adoptada por Artigas. (Sin el festón punzó)
Existe la bandera blanca, que el prócer donara al Cabildo de Jujuy, mandada confeccionar enteramente blanca con el sello de la Asamblea de año 1813. La elección del color se debió supuestamente a que el blanco en heráldica- disciplina por Belgrano-significa plata. En consecuencia es posible que Belgrano anticipase su vocación independentista y esa bandera significara Provincias Unidas del Plata.
En épocas actuales, bajo la presidencia del General Farrell, para evitar los abusos que se vinieron sucediendo, se dispuso que la bandera oficial de la nación es la bandera con sol, aprobada por el Congreso de Tucumán, reunido en Buenos Aires el 25 de febrero de 1818. (…) “se formará según lo resuelto por el mismo Congreso, el 20 de julio de 1816, con los colores celeste y blanco, distribuidos en tres franjas horizontales del mismo tamaño (…) se reproducirá en el centro de la franja blanca el sol figurado de la moneda de ocho escudos, con treinta y dos rayos, flamígeros y rectos (…) el color del sol será amarillo del oro”.
Hoy en un nuevo aniversario de su creación los argentinos debemos ser conscientes de cuanto ha pasado en nuestro devenir, encontrándonos sumidos en la desorientación política de los gobiernos, donde la corrupción flamea como una lacra dentro del tejido social del país. Es necesario cambiar las mentalidades, donde lo honesto y lo patriótico sea el vellocino de oro, para recuperar el espacio perdido por este sagrado lábaro, que hubo de ser el perfecto símbolo del contrapeso meridional del continente. Argentinos, no desmayemos pues esta bandera que nos distingue ante el mundo, volverá a flamear como antes, merced a la preocupación de los ciudadanos honestos, inspirados en los próceres que moldearon la argentinidad. Quiera Dios que así sea, y que este pabellón no constituya sólo una expresión retórica, sino la ineluctable vocación de un futuro de grandes realizaciones.
Ricardo Federico Mena