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Calles de Salta

Las calles de Salta: Río Salado

El Río Salado es un curso fluvial de gran importancia en el norte de nuestro país, y pertenece a la cuenca del Plata. Una de las calles de Salta lleva su nombre.

Río Salado

SALTA.- (Ricardo Federico Mena) El Río Salado, Salado del Norte, Pasaje o Juramento es un curso fluvial de gran importancia en el norte de nuestro país, y pertenece a la cuenca del Plata. Su recorrido a partir de sus nacientes, totaliza una extensión e 2.355 kilómetros para desembocar en la mencionada cuenca del Plata. Las fuentes mencionadas se encuentran en nuestra provincia, más precisamente el la Sierra de Pastos Grandes, constituyendo esta la fuente principal. Una de las calles de Salta lleva su nombre.

Dentro de sus afluentes se encuentran los ríos Calchaquí, Luracatao, Tacuil, Angastaco y Santa María, para luego de la llamada Quebrada de las Conchas, cambia de nombre por el de Guachipas. Al desembocar en el Río Arias el cauce se conoce como Río Pasaje, al ser vadeado por el antiguo camino real; se le conoce también como decíamos anteriormente como Río Juramento. Debe ese nombre a que el General Manuel Belgrano, hace jurar nuestra bandera a la tropa que venía de vencer a los realistas en la batalla de Tucumán. Corría entonces el año 1813, más precisamente un 13 de febrero. Recordaremos que la batalla de Tucumán, uno de los más resonantes triunfos de Manuel Belgrano se había desarrollado el 24 de septiembre de 1812.

Volviendo al recorrido del Río Juramento algunos autores sostienen, que el río mantiene su nombre hasta llegar a la provincia de Santiago del Estero. A partir de allí vuelve a llamarse Río Salado.

El Ejército de la patria cruza el Río Pasaje un 9 de febrero de 1813, para jurar obediencia a la Asamblea recién el 13, en presencia de la bandera. Se acercaba el día 14, fecha también memorable, pues una partida de nuestro ejército, derrota en Cobos a una avanzada de los realistas. El día 18, Belgrano estaciona sus tropas a 15 kilómetros de la Lagunilla, y no bien llegado el 19, los vemos acampando en Castañares. Llegaba pues la confrontación épica a Salta, para consolidar nuestras fronteras, pues el ejército enemigo jamás pudo traspasarlas.

Volvemos al triunfo el 24 de setiembre de 1812, y Manuel Belgrano, destaca fuerzas en su persecución. Se trataba de una columna de 600 hombres al mando del General Eustoquio Días Vélez, y con ellos los “Decididos de Salta y los de Tucumán”, mientras desde las haciendas vecinas de Saravia, Latorre y Gorriti, brotaban contingentes de gauchos hostigando a los enemigos.

Después de la Batalla de Tucumán, Belgrano con justa razón se preocupó de reforzar sus cuadros y para ello contó con un aporte enviado por el Triunvirato de 800 hombres que pertenecían al Regimiento de Patricios, como también armamento, dinero y vestuario de los cuales se encontraban muy necesitados. A pesar de no haber alcanzado tal dinero para pagar los sueldos atrasados, los soldados recibieron importantes adelantos; grandes sumas fueron aportadas a la gesta, entre las que nombraremos las que hicieron don Francisco Lezama, doña Isabel Aráoz de Figueroa quien generosamente se desprendió de un valioso collar de perlas. También don Mariano Benítez, patriota y estanciero como así también don Bernabé Aráoz donaron centenares de mulares y caballos. También contribuyeron con mulares y caballos el doctor Domingo García y don Francisco Ugarte. Tucumán como vemos contribuyó grandemente junto a los salteños, al desenvolvimiento de esta campaña. El esfuerzo económico como vemos fue infernal. Si la casta política se detuviera a analizar estos esfuerzos, acaso no desangrarían la república, como aviesamente lo hacen, destruyéndola Lógicamente existen honrosas excepciones. De esta manera se totalizó una fuerza de 3.200 hombres, los cuales eran sometidos a exigentes y constantes preparaciones.

Se suceden velozmente acontecimientos como el del Río Piedras, donde la vanguardia de Díaz Vélez, al mando del Cornelio Zelaya batiera a los enemigos para luego dirigirse a Jujuy en busca de armas, municiones y dinero del Rey. Juan Antonio Álvarez de Arenales debe presentarse ante Belgrano, luego de haber tomado brevemente la ciudad de Salta, para luego abandonarla ante la proximidad del ejército de Tristán. Este General se hacía fuerte en la ciudad de Salta, propalando falsas informaciones, al comunicar que la jornada del 24 de setiembre había sido un triunfo rotundo para las armas del rey. El Ejército español arribó a la ciudad de Salta el día 18 de octubre de 1812. Un historiador realista comunica que el Virrey del Perú, disgustado con lo ocurrido el 24 de setiembre decide reemplazar a Tristán por el Brigadier Francisco Picoaga, pero el primero de ellos debido resentimientos anteriores, desobedece la orden de aglutinar sus fuerzas con la del segundo en la Quebrada de Jujuy; con esta junta hubieran totalizado 4.500 hombres. Tristán quería tomarse el desquite, apoyado por la también desobediencia de José Manuel Goyeneche, a la sazón General en Jefe. España había perdido mil hombres entre muertos y prisioneros durante la campaña a Tucumán.

La confianza que ostentaba Tristán era superlativa, al punto que pensando en que las lluvias de verano, impedirían a Belgrano vadear el río Pasaje, solamente puso una pequeña guardia en las márgenes del río, sin que ellas constituyeran peligro alguno para nuestros soldados.

El testimonio del General Paz, nos dice en algunos de sus tramos: “Se aproximaba ya el tiempo de tomar la ofensiva y marchar sobre Salta, ocupada por Tristán. Los cuerpos salieron separadamente, con el intervalo de pocos días, para ir todos a reunirse al Río Pasaje. El escuadrón de Húsares se refundió en el cuerpo de Dragones que formó un regimiento completo de doce compañías. (…) En febrero estuvieron todos los cuerpos reunidos en el río Pasaje, que afortunadamente no tenía mucho caudal de agua, y se vadeaba, aunque con trabajo, porque es la estación en que se pone respetable. Allí tuvo lugar la solemnidad del Juramento, que se recibió al ejército de defender el nuevo pabellón celeste y blanco que adoptaba nuestro país. Todos comprendimos y comprenderá cualquiera, que era un paso decidido a nuestra independencia política, pero nada hubo de explícito; como tampoco lo hubo cuando meses después mandó el Congreso, acuñar moneda en Potosí, con las armas de la patria. (…) Lo que aquellos actos importaban nadie los desconoce, pero me parece conveniente no confundirlos con la declaración de la independencia, que no podía proclamar un General, sin hacerse criminal y constituirse en rebelión.

(…) Formado el ejército en parada, y pasada una ligera revista, hizo el General una breve alocución, presentándonos la bandera y concluyó con la fórmula de la ordenanza, cuando se juran las banderas de los regimientos. Entonces sacando su espada y colocándola horizontalmente, de modo que hiciera cruz con el asta de la bandera, que tenía uno de sus ayudantes, empezó desfilar el ejército, para besar individualmente la expresada cruz del asta-bandera con la
espada que él tenía personalmente. Como la operación era larga, pues duró horas, recuerdo que fue reemplazado en el trabajo de tener la espada por el entonces Coronel Martín Rodríguez, y acaso por algún otro jefe de categoría. Por lo demás la ceremonia fue idéntica a la que practican los cuerpos para jurar sus banderas, sin más diferencia que no hubo la descarga de costumbre, porque no la juzgó conveniente el General.

Juramento al río Pasaje

Este dio el nombre del Juramento al río Pasaje, y bajo esta denominación, lo hizo conocer en todas partes, porque efectivamente, hubo juramento, pero no juramento de la independencia, sino de la bandera que se nos presentaba, ceremonia que o repetí con muy buen suceso, en el ejército de reserva de Corrientes, cuando le dí una bandera.

Así comprendí, y así pienso que comprendieron todos mis compañeros, este augusto y patriótico acto, sin que dejásemos de estar firmemente persuadidos de que la marcha de la revolución podían tener otro término que nuestra absoluta independencia de España.

En su trabajo “La Bandera Argentina nació en Salta”, el Profesor Luis Oscar Colmenares concluye en lo siguiente:

“1º.- La bandera blanca con el sello de la Asamblea del Año XIII, donada por Belgrano al Cabildo de Jujuy no existía el 13 de febrero de 1813. Por lo tanto no estuvo presente en la ceremonia efectuada por el Ejército del Norte, a orillas del Río Pasaje. Esta bandera blanca fue exhibida por primera vez, en Jujuy el 25 de mayo de 1813.

2º- La bandera que enarboló el Ejército del Norte el 13 de febrero de 1813, en oportunidad de la ceremonia cumplida en el Río Pasaje, fue azul celeste y blanca. (En trabajos anteriores sostenemos que la bandera azul-celeste y blanca, recién alcanza en esta ceremonia el carácter de símbolo de las Provincias Unidas, lo cual ratificamos íntegramente).

3º.- Es muy probable que la bandera del Ejército del Norte fuera de tres franjas horizontales: dos azul-celeste en los costados y una blanca en el centro. Es decir, que el 13 de febrero de 1813, el Ejército del Norte ya habría enarbolado una bandera exactamente igual a la que actualmente simboliza nuestra patria.