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Salta

Se pone en marcha un operativo clamor para un tercer periodo de Gustavo Sáenz

La política salteña, siempre proclive al drama, asiste ahora a un revuelo de súplicas con pataleos cuidadosamente coordinados

Gustavo Sáenz

SALTA – (Diego Nofal).– La política salteña, siempre proclive al drama, asiste ahora a un revuelo de súplicas con pataleos cuidadosamente coordinados. Nos referimos, naturalmente, al denominado con sutil ironía «operativo clamor», esa coreografía donde aduladores y beneficiarios exigen a coro que Gustavo Sáenz considere un tercer mandato gubernamental.

La Constitución provincial, reformada en 2021, ofrece el libreto técnico limita a dos períodos consecutivos. La interpretación oficialista es matemáticamente conveniente Sáenz concluyó su primer gobierno (2019-2023) con la constitución anterior, transita el segundo (2023-2027) pero sería el primer con la carta magna nueva, ergo, en teoría, con este trabalenguas de por medio, un tercero mandato (2027-2031) sería viable para la interpretación, muy rebuscada de quienes quieren otra vuelta. La letra jurídica, según dicen los saencistas, lo permite. Pero la fatiga del poder es otro cantar y el desgaste democrático entona en otra clave.

Cabe acotar que las interpretaciones generalizadas, inclusive las que nos ofrece la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en casos emblemáticos como el de Tucumán o aquel fallo que dejó a Sergio Uñac fuera de la carrera gubernamental, en San Juan, 20 días antes de las elecciones.

Ante este espectáculo de pretendido fervor popular, se despliegan cuatro hipótesis plausibles. La primera es la más elemental, casi obligada. Que el propio Gobernador, seducido por la miel del mando, desee genuinamente prolongar su estadía en Grand Bourg. Que imagine batallas pendientes, legados por consolidar, o simplemente añore el confort del sillón que ya moldeó a su figura. La adicción al poder rara vez se cura con voluntad.

La segunda tesis huele a panico de corredor de bolsa. Que sea la corte inmediata de asesores, funcionarios, operadores políticos quienes impulsan este clamor con desesperación. Para ellos, 2027 no es una fecha, es el abismo. La perspectiva de abandonar cargos, prebendas y redes clientelares es un reloj dónde la arena les cae en la cabeza. El «operativo clamor» funciona como seguro de empleo para todos ellos, un grito existencial para que la calesita del poder siga girando.

Gustavo Sáenz y un operativo específico

El tercer móvil emerge desde los municipios. Varios intendentes, particularmente aquellos encajonados en su segundo mandato, son los padrinos más entusiastas de esta campaña. Su cálculo es transparente como cristal de roca. Si Sáenz sale a por el tercer período, sentaría un precedente para que ellos, invocando la misma contabilidad creativa, persigan sus propios trípticos municipales. No es lealtad, es un trueque. Necesitan que el Gobernador rompa el techo para colarse por la rendija.

La cuarta posibilidad habla de orgullo herido. La pérdida de la capital salteña en las últimas elecciones, un distrito que había obtenido con facilidad en el 2023, fue un sopapo de esos que te deja un pitido en el oído. Para un líder acostumbrado a dominar el tablero provincial, esa derrota en la ciudad neurálgica aún duele. ¿Es el «operativo clamor» un maquillaje contra la percepción de debilidad? Una forma de demostrar que el músculo político provincial sigue intacto, que Capital fue un accidente, no una capitulación.

Los números, ciertamente, ofrecen un colchón electoral. Aunque el oficialismo naufragó en la capital, el interior profundo le brindó una victoria holgada en los comicios provinciales. Ese respaldo territorial, determinante en Salta, constituye un activo formidable. Además, Gustavo Sáenz ya exhibió su pragmatismo glacial. El sacrificio de Bettina Romero en el altar de la reelección provincial fue un mensaje nítido. Ningún intendente, por leal que parezca, es inmune si obstruye el proyecto hegemónico.

Esta lección no escapa al actual jefe comunal capitalino, Emiliano Durand. Su ausencia en el «operativo clamor» es tan elocuente como un discurso de tres horas. Dos razones explican su silencio calculado. Primera, Durand alimenta ambiciones propias que apuntan al Grand Bourg. Apoyar a Sáenz sería dinamitar su futuro. Segunda, conoce la toxicidad del terreno. Reconquistar Capital para el oficialismo provincial luce hoy como misión imposible, y asociarse abiertamente al tercer mandato podría sepultar sus ya frágiles chances locales.

El «operativo clamor», en definitiva, es una ópera que, aún desafinada, empieza a sonar de fondo en el proscenio político. Intereses municipales, pánico cortesano, ambiciones personales y terapia de autoafirmación chocan en escena. Sáenz escucha el coro, pero su decisión final permanece envuelta en niebla estratégica. El tercer acto promete, cuando menos, un final incierto. Que cada actor afile sus armas retóricas o sus planes B. La función debe continuar, aunque el libreto diga lo contrario.