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Salta

PRO Salta: el interventor se aferra a su puesto, mientras el partido desaparece

Aguilar, con la tenacidad de una lapa en un acantilado de la Quebrada, se aferra a su sillón mientras el PRO Salta se esfuma

Leo Aguilar

SALTA – (Diego Nofal) Leonardo Aguilar, interventor del PRO Salta, acaba de anunciar que su «gestión» se extenderá hasta el 2026. ¡Qué notición! Es como descubrir que el guardián del faro ha decidido quedarse… después de que el barco se hundió, la tripulación abandonó el barco y los náufragos nadaron hacia otras costas más prometedoras. Aguilar, con la tenacidad de una lapa en un acantilado de la Quebrada, se aferra a su sillón mientras el partido que debería dirigir se esfuma más rápido que la recaudación de Emiliano Durand. La «intervención» ya no es un paréntesis; es una era geológica, con Aguilar como su único y solitario fósil director.

El PRO Salta hoy: olor a naftalina y puros conflictos

El panorama partidario es digno de un catálogo de fantasmas. El éxodo de dirigentes es tal que el local del PRO debería alquilarse para rodar la próxima temporada de «The Walking Dead». El reciente «papelón» electoral –un eufemismo generoso– fue la puntilla. José Gauffin, uno de los pocos que todavía movía un cartel, miró el desolado paisaje, se encogió de hombros y dijo «hasta nunca». Se fue con la dignidad de quien abandona un naufragio antes de que las ratas empiecen a saltar. Su partida hizo notar el sonido de la soledad en el PRO Salta, interrumpido solo por el crujir de las telarañas.

¿Y quiénes quedan en la foto? Ah, sí. Inés Liendo y Virginia Cornejo. Dos figuras cuya relación actual con el activismo partidario genuino del PRO Salta es tan estrecha como la de un astronauta con la jardinería. Ambas, con toda la naturalidad del mundo, son hoy empleadas del gobierno nacional. Es decir, de La Libertad Avanza (LLA). ¡El “detalle”! Aquí reside la joya de la corona del absurdo. Militantes (¿?) del PRO, partido opositor por definición histórica, pero con nómina firmada por el archirrival. Es como ser hincha de Boca y trabajar en la cocina de River… y pretender seguir votando en la mesa directiva de La Bombonera. ¿Lealtad partidaria? ¿Estrategia? ¿Schrödinger aplicado a la política? La única certeza es el olor a naftalina y conflicto de intereses que emana de esta peculiar situación. Virginia, según los rumores, tiene un pie más cerca del retiro dorado que de un acto de campaña. Inés, pues… ejerce de puente fantasmal entre dos mundos supuestamente antagónicos. Una locura que solo se explica en el manicomio amable que es la política argentina actual.

Lo que dejó la última elección

Hablemos de esa última elección. Un «papelón», dice el informe. Y vaya si lo fue. Las listas parecían más un casting de «¿Quién es tu papá?» que una selección por méritos. Apellidos resonantes, caras nuevas… pero con más nepotismo que propuestas. El PRO Salta, otrora un espacio que pretendía renovación, se ahogaba en la endogamia más ranciosa. Mientras tanto, los verdaderos referentes juveniles, esos que sudan la camiseta en los barrios y tienen currículos profesionales que no se basan solo en el árbol genealógico, miraban desde la platea con una mezcla de asco y desesperanza. Jóvenes con talento político real, ideas y ganas, relegados al ostracismo para dar paso a los «hijos de…».

¡Ah, la camada joven! Esos que el partido tiene escondidos como si fueran un secreto de Estado. Jóvenes que se destacan por lo único que debería importar: capacidad, trabajo y compromiso genuino. Profesionales, militantes de base, con méritos ganados a pulso, no heredados como una estancia. Ellos son la única esperanza de que el PRO Salta no termine convertido en una página olvidada de Wikipedia o, peor aún, en un apéndice decorativo de LLA. Pero claro, para eso tendrían que… ya saben… dejar dirigir. Idea radical donde las haya.

Malabares para seguir en pie

¿La solución? Parece obvia, pero en el reino de la intervención perpetua, es una herejía. Es hora, más que hora, es emergencia nacional y provincial, de que esos jóvenes, junto a los militantes reales que aún resisten el maremoto, tomen las riendas. Que la conducción se elija en elecciones internas limpias, no por decreto interventor. Que el mérito y el proyecto reemplacen al apellido y al acomodo. Y así, que el PRO Salta deje de ser el feudo personal de Aguilar y el refugio laboral de figuras que bailan en dos bodas partidarias a la vez. Pero claro, eso requeriría que el interventor “interviniera” para dejar el poder. Y viendo su apego al cargo, parece más probable que las empanadas salteñas se vuelvan light.

Mientras Aguilar planifica su estadía hasta el 2026, acariciando su cargo como Gollum el anillo, y mientras Liendo y Cornejo navegan las aguas procelosas de su doble pertenencia (laboral/partidaria), el PRO Salta se desvanece. Se vacía de sentido, de gente, de futuro. Los jóvenes capaces miran hacia otros horizontes o esperan su momento. El partido se reduce a un nombre en un papel, un interventor aferrado y un par de fantasmas bien empleados. El Titanic ya chocó, señor Aguilar. Aferrarse al puesto de mando mientras la banda sigue tocando es patético. Y el chiste, cada día que pasa, es menos gracioso. ¿Alguien tiene un salvavidas para el proyecto político? Parece que no. Bueno, al menos Aguilar tiene asiento hasta el 2026. ¡Qué consuelo!