SALTA (Por Diego Nofal).- La cosa está clara como el agua del arroyo después de una tormenta de barro. En estos días, descubrimos una peculiaridad de los medios del intendente Emiliano Durand. Una característica que, sin duda, define su independencia periodística. Resulta que sus redacciones están llenas de empleados municipales. Sí, funcionarios públicos con micrófono o teclado. Casi todos, para ser precisos, cobran del erario municipal. Una curiosa forma de fomentar el periodismo local, sin duda alguna.
Esta singularidad salió a la luz justo a tiempo. En la última sesión del Concejo Deliberante, ocurrió algo impensado. Los ediles de La Libertad Avanza hicieron una propuesta radical. Sugirieron eliminar la pauta publicitaria oficial para los medios. Imaginen, quitar el chorro de dinero público que los sostiene. Una idea peligrosa para ciertos intereses bien establecidos. Una amenaza al status quo mediático municipal.
¿Y quiénes son los grandes beneficiarios de esa pauta? Adivinen, no es tan difícil, realmente. Los medios que, casualmente, pertenecen al intendente Emiliano Durand. Los mismos que, se sospecha con fundamento, también nadan en pauta municipal. Un círculo virtuoso, para ellos, claro está. La propuesta apuntaba directo al bolsillo de su operación comunicacional. Algo así como quitarle el chupete a un bebé muy acostumbrado.

Reacción contra Emiliano Durand
La reacción no se hizo esperar, fue instantánea y predecible. El concejal oficialista Martín del Frari saltó como peatón cruzando los baches en las calles de Durand. Se opuso con vehemencia a la idea de La Libertad Avanza. Argumentó, con seriedad, que ahogaría económicamente a los medios. Olvidó mencionar, convenientemente, a cuáles medios afectaría precisamente. Esos medios que, oh sorpresa, son del jefe comunal y su aliado. El vicegobernador Antonio Marocco también recibe su tajada, pero eso es material para otra columna.
Aquí viene lo realmente divertido, el momento de puro teatro. Los medios del intendente, esos que ya ni disimulan su alineación. Los que son prácticamente altavoces con logotipo propio. Usaron hasta el mismo titular para atacar la propuesta. Sí, idéntico, palabra por palabra, en diferentes «medios». Un ejemplo notable de pensamiento único y coordinación perfecta. La diversidad informativa en su máxima expresión, sin duda.
Fue un coro afinadísimo el que se alzó contra la iniciativa. Los empleados municipales, digo, los periodistas independientes, unieron sus voces. Pusieron el grito en el cielo con una sincronía admirable. Defendieron su pan con un fervor que conmueve. Clamaron contra la malvada idea de recortar su financiamiento público. La misma pauta que, teóricamente, critican cuando beneficia a otros. Parece un chiste esos que te cuentan en la calle mientras otro te roba la billetera.
La tragicomedia de siempre
Es un espectáculo que raya en lo cómico, si no fuera tan triste. Ver a quienes se llenan la boca hablando de libertad de prensa. Esos mismos que dependen enteramente del dinero del contribuyente. Funcionarios haciendo periodismo sobre su propio jefe, qué casualidad. Y saltando como fieras cuando alguien osa tocar su platita. La coherencia brilla por su ausencia, es un hecho innegable.
La propuesta de eliminar la pauta quizás sea extrema, tal vez no. Pero la reacción histérica la delató todo por completo. Mostró la hilacha, el entramado, la dependencia vital del presupuesto. Demostró cuánto pierden algunos si se corta ese grifo dorado. Es una lección de manual sobre intereses creados disfrazados. Así que, muchachos, nadie les dice que no lo hagan, pero al menos que no sea tan obvio.