SALTA (Diego Nofal) – Así como en las últimas horas surgió el nombre del senador nacional Juan Carlos Romero para suceder al actual Jefe de los Fiscales Nacionales. Es un sillón que, por ahora, ocupa Eduardo Casal en carácter de interino. A nivel local, la danza de candidatos a llegar a la Corte de Justicia de Salta ya comenzó a hacerse sentir.
Y no es para menos, pues ayer El Intransigente adelantó, de manera exclusiva, un fallo que prácticamente anticipa la salida de uno de los nueves jueces que se reparten el poder en el entrepiso oculto ubicado entre el segundo y tercer piso de la ciudad judicial.
La novedad -que también alcanza al juez Guillermo Catalano, quien también se marcharía a fin de año con la jubilación bajo el brazo- provocó a varios agoreros y operadores judiciales que ya palpitan nombres de candidatos que podrían desembarcar en la Corte de Salta. Es un reducto nada despreciable, pues, ahora, les asegura a sus ocupantes una década de comodidades y poder para acomodar a toda la parentela posible. Incluso podrían acomodar hasta la mucama y el jardinero, como ya lo hicieron varios de los que ya pasaron por esos despachos.
Si no, basta con mirar los botones en la grilla del personal. Allí, los apellidos de viejos jueces aún se repiten en distintos puestos, ya sea por línea de sangre directa. O bien política, pues algunos acomodaron a sus nueras, yernos y hasta alguno que otro amante.
Palanca
Ante semejante caja, no son pocos los que buscan llegar a uno de esos sillones, Es máxime si se tiene en cuenta que no es necesario ser un sapiente en leyes, solo leguleyo y, por supuesto, tener los contactos político acertados para que la palanca funcione.
En ese tren, un nombre que ya se repite de hace rato es el del actual Jefe de los Fiscales de la Provincia, don Pedro García Castiella, quien se apresta a volver a aparecer ante los medios tras una escandalosa conferencia de prensa, en la que fue vapuleado por la prensa por la pasiva actuación de sus fiscales ante un funcionario del área de seguridad y muy cercano al poder, de quien, a propósito, nada se sabe.
Como si lo hubiese pergeñado, el jefe de los fiscales ya anunció su intervención en un juicio que parece “pan comido”. Es casi como el gol que Boca esperaba que Edinson Cavani le haga a Alianza Lima en el último minuto. Se trata del caso de venta de drogas dentro del penal, por el cual en agosto será juzgados varios guardias.
Si la jugada le sale bien, el hombre se luce, es muy posible que el mandamás desde su balcón del Grand Bourg lo proponga en octubre para reemplazar a uno de los jueces que ya tienen fecha de caducidad. De ser así, tampoco se descarta que su lugar sea ocupado por otro fiscal de poca monta que, a costa de delaciones, fue ganándose poder y la enemistad de sus colegas, tanto que no le confían ni a la madre.
Desde otro claro, sin embargo, aparece otro fiscal que podría dejarlo con las manos vacías. De ojitos claros, el representante tiene una carta bajo la manga, pues conoce muy bien el palo donde debe rascarse. Se dice, incluso, que tendría un férreo vínculo de amistad con el «gober».
Otras opciones
Pero, en caso de que el jefe de los fiscales no dé la medida, otro nombre que aparece es el de Pamela Calletti, actual diputada nacional. Se sabe -por rumores- que siempre habría aspirado a llegar a la Corte, un paso deseado para coronar su carrera en la función pública.
En ese mismo carril, algunos propusieron a Ramiro Simón Padros, actualmente secretario relator; y Martín Plaza, delegado de la Casa de Salta en Buenos Aires. Son nombres que ya saltaron como posibles postulantes, a los que se suman el de otros que tendrían aspiraciones, pero se le desconocen chances. Entre ellos, surgieron los nombres del ex presidente del Colegio de Abogado, Eduardo Romani, o bien, el ex ministro de Seguridad, Marcelo Domínguez.
Sea cuál sea, lo cierto es que la rosca ya está en marcha y todo apunta a saber qué señales dará el gobernador Gustavo Sáenz. Es él quien tiene la lapicera para las designaciones respectivas, con las cuales completará una Corte adicta que le garantizará tranquilidad, al menos, por diez años. Casi como si lo hubiese planeado.