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¿Bettina Romero y Juan Esteban Romero tampoco juegan en octubre?

Juan Carlos Romero, figura dominante por décadas, no será candidato esta vez. Esta novedad abre interrogantes sobre el futuro de su estirpe política, sus hijos Bettina y Juan Esteban Romero.

Bettina Romero
Bettina Romero

Salta – (Por Diego Nofal).- El tablero político salteño para las legislativas nacionales de octubre presenta una ausencia mayor. Juan Carlos Romero, figura dominante por décadas, no será candidato esta vez. Esta novedad abre interrogantes sobre el futuro de su estirpe política, sus hijos Bettina y Juan Esteban Romero. Ambos han trascendido hace tiempo la sombra paterna, forjando carreras propias con logros reconocibles. Bettina Romero fue intendente de la capital salteña, dejando una huella en la gestión municipal. Juan Esteban Romero, como legislador provincial, ha presentado una importante batería de proyectos, demostrando actividad parlamentaria. Poseen, además, una herramienta clave, su propio partido político, un vehículo listo para competir en octubre. La pregunta obligada es si usarán esa herramienta ahora.

El contexto actual parece jugar a favor de un potencial desembarco nacional de los hermanos Romero. La desastrosa gestión del intendente capitalino, Emiliano Durand, opera como un contraste involuntario que revaloriza la anterior administración de Bettina. Su figura gana relieve ante el descontento ciudadano palpable en las calles salteñas. Paralelamente, Juan Esteban movió el avispero mediático con su proyecto de dosaje de drogas para todos los funcionarios públicos. Esa iniciativa generó amplio debate y puso nervioso a más de un funcionario y legislador salteño, mostrando capacidad para instalar temas incómodos. Son eventos que los mantienen en la conversación pública.

Las capacidades operativas de los Romero parecen fuera de duda para una carrera nacional. Disponen de recursos humanos bien estructurados y de respaldo económico significativo. Su experiencia en cargos ejecutivos y legislativos, tanto a nivel municipal como provincial, es un activo considerable. Aspirar a un escaño en el Congreso de la Nación es un paso natural dentro de sus trayectorias. La ausencia de su padre en la boleta elimina de raíz cualquier acusación fácil de nepotismo, un lastre que siempre los acompañó. Esta vez, su mérito sería evaluado sin ese factor distorsionador constante.

Juan Carlos Romero, fuera de la cancha activa, se transforma en un elemento ambivalente para sus hijos. Sin duda es un apoyo valioso, un reservorio de experiencia y contactos políticos invaluable. Sin embargo, también puede funcionar como un lastre, un recordatorio de un estilo y una época que muchos quieren superar. Sus hijos no tendrán la obligación de tenerlo como consejero principal, ganando autonomía en sus decisiones estratégicas. Esta libertad es crucial para definir un rumbo propio, desvinculado de las viejas prácticas. El desafío está en aprovechar el apoyo sin quedar atrapados en su legado.

El dilema estratégico radica en la conveniencia de que ambos hermanos compitan simultáneamente en octubre. La fórmula Romero – Romero suena más a una invitación a un asado familiar que a una propuesta política seria y diversa. Podría generar desconfianza o ser percibida como un intento de monopolizar el apellido. Parece más prudente, para la construcción política a largo plazo, que solo uno dé el salto nacional esta vez. Unificar esfuerzos detrás de una candidatura fuerte evitaría diluir votos y mensajes. La decisión requiere pragmatismo, no solo entusiasmo familiar.

Si finalmente deciden jugar, sea uno o ambos, deberán aportar mucho más que un apellido resonante. Necesitan presentar una lista con figuras sólidas, complementarias, que proyecten renovación y capacidad de gestión. Es fundamental que lleven buenas ideas a la contienda política, propuestas concretas para los problemas de Salta y la Nación. El electorado espera sustancia, no solo reconocimiento de marca. Su éxito dependerá de su capacidad para convencer de que representan algo nuevo y necesario. El apellido abre puertas, pero no garantiza votos sin contenido.

El escenario electoral provincial favorece la irrupción de alternativas. Los permanentes errores no forzados de La Libertad Avanza en Salta han erosionado su imagen inicial. El oficialismo local tampoco logra capitalizar el descontento ni generar entusiasmo. Ninguno de estos dos espacios supera holgadamente los 25 puntos porcentuales en las estimaciones. Este panorama fragmentado y de baja intensidad partidaria crea un escenario propicio para que se cuele un tercero en discordia. Hay un espacio vacante esperando ser ocupado por quien demuestre fuerza y claridad.

Imaginemos la tensa charla familiar del próximo domingo. Los hermanos discutiendo estratégicamente a quien le toca jugar ahora, evaluando riesgos y oportunidades. Juan Carlos observando, quizás opinando, aunque su peso específico haya cambiado. Es una decisión compleja, con ramificaciones para su futuro político individual y colectivo. La presión será alta, las apuestas también. Seguro que la discusión será tan intensa que le harán que el asado le caiga mal al Júcaro. Octubre se acerca y Salta espera ver si los Romero entran en la cancha.
La verdad debe contarse entera, siempre.

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