SALTA (Diego Nofal).- El escenario electoral salteño navega en un mar de incertidumbres a cinco días del cierre de listas. Las elecciones de octubre definirán tres diputados y tres senadores nacionales para la provincia. Hasta ahora, solo cuatro frentes confirmaron su participación en la carrera, con panoramas muy distintos. La Libertad Avanza Salta marcha con brújula propia, mientras los demás parecen extraviados en la niebla política.
El oficialismo enfrenta más problemas que nunca en su historia reciente. El gobernador Gustavo Sáenz niega rotundamente hacer campaña con su propio bloque legislativo. Pamela Calletti, antes considerada número fijo, hoy tiene un pie fuera de la nómina tras tensiones internas. Lo mismo sucedió con Villada, quien fue el primero en anunciar su candidatura y ahora mira desde la orilla.
El frente peronista, que nuclea a todas las vertientes del justicialismo, acumula incógnitas como arena en un reloj. Parecían tener candidato único, pero su estrategia de «primero ganar, luego armar alternativa» se resquebraja. Juntaron tantos dirigentes que los egos chocan como autos en hora pico, imposibilitando acuerdos.
La izquierda es un oasis de monotonía en este desierto caótico. Sus listas suelen repetir candidatos elección tras elección, sin espacio para sorpresas. Mientras tanto, el PRO deambula como alma en pena, sin definiciones sobre si competirá solo o buscará alianzas de último minuto.
Los hermanos Romero, Bettina y Juan Esteban, enfrentan idéntico limbo político. Ninguno recibió invitación de La Libertad Avanza para sumarse a sus filas. Parecen barcos sin puerto en esta tormenta preelectoral, obligados a navegar en solitario si no cambia el panorama.
La Libertad Avanza Salta navega tranquila
Solo Alfredo Olmedo exhibe la tranquilidad de un general con batalla ganada. Su lista para La Libertad Avanza Salta está sellada, incluso rumorean que hizo revisar los nombres en Casa Rosada. «Le van a poner una cama en Balcarce 50 a Alfredo», bromean en su círculo íntimo, pintando su influencia porteña.
Este desfile de indecisiones refleja el desconcierto que reina en los partidos tradicionales. Los equipos se arman y desarman como rompecabezas en manos de niños impacientes. Las aspiraciones personales pesan más que los proyectos colectivos, generando un cóctel de ansiedad y especulaciones.
Hasta el domingo, día del cierre definitivo, ningún nombre es seguro excepto Olmedo y, quizás, algún otro nombre que se da por confirmado. El resto juega al dominó con fichas invisibles, mientras Salta asiste al circo político más inverosímil de la década. ¿Alguien tiene un mapa para este laberinto?
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