SALTA (Diego Nofal).- El gobernador Gustavo Sáenz mantiene un discurso público inquebrantable sobre su futuro electoral inmediato. Repite sin cesar que no participa en las cruciales elecciones de octubre próximo. En esos comicios se definirán tres bancas de diputados nacionales y tres de senadores nacionales por Salta. Sin embargo, sus acciones concretas pintan un cuadro muy diferente, lleno de movimiento y evidente preocupación.
La reciente inscripción de su alianza política es una señal clara de su intención de competir. La verdadera inquietud parece surgir de la desbandada de figuras peronistas hacia la alianza que lidera el ex gobernador Juan Manuel Urtubey. Esta fuga de cuadros históricos hacia otro espacio ha generado una fisura significativa en el frente oficialista provincial.
La respuesta del mandatario no se ha hecho esperar, adoptando una estrategia de búsqueda activa de refuerzos. Esta misma semana su despacho fue escenario de encuentros reveladores. Dirigentes de otros partidos, incluso de espacios tradicionalmente opositores, fueron recibidos con los brazos abiertos. Pamela Ares, identificada con el kirchnerismo más ortodoxo, estuvo presente en esas reuniones.
Reunión de mujeres
Alba Quintar, quien había levantado banderas libertarias, también ocupó un lugar en la mesa del gobernador. La presencia de Agustina Álvarez, figura del PRO local, resultó particularmente llamativa. Álvarez hizo campaña anteriormente asegurando que jamás se vendería al oficialismo salteño. Todos ellos, representantes de corrientes diversas, parecieron sentirse cómodamente acogidos en Grand Bourg, la sede del poder provincial.
Estas maniobras políticas no son casuales ni responden a un mero gesto de apertura. Las elecciones de octubre son fundamentales para el futuro político del gobernador y su proyecto. Sáenz lo sabe, muy en el fondo, aunque prefiera no exponerse directamente al riesgo de una derrota personal. El resultado determinará su capacidad de maniobra en el complejo tablero nacional. Contar con más diputados nacionales fieles a su espacio le otorgaría un mayor poder de negociación frente al gobierno de Javier Milei. Un bloque legislativo sólido sería una herramienta invaluable para presionar por recursos o políticas favorables a Salta.
Alternativamente, un buen resultado podría darle el impulso necesario para sumarse con fuerza a la llamada «liga de gobernadores». Este grupo de cinco mandatarios ya se ha plantado frente a las políticas nacionales. Su objetivo es claro, hacerle sombra al presidente de cara a la elección presidencial de 2027.
La evidente salida a pescar dirigentes en aguas ajenas, incluso en las más turbulentas, delata un profundo nerviosismo. El oficialismo provincial, pese a sus intentos por disimularlo, atraviesa una hora de incertidumbre y debilidad interna. La pérdida de cuadros peronistas hacia Urtubey ha sido un golpe duro, una sangría que debilita su estructura tradicional.
La necesidad de Gustavo Sáenz
La necesidad imperiosa de hacer un buen papel en octubre se ha convertido en una obsesión silenciosa. No se trata solo de ganar escaños, se trata de demostrar que el liderazgo de Gustavo Sáenz sigue vigente y capaz de movilizar voluntades. El temor a un mal resultado, que evidenciaría una erosión de su base, parece pesar más que cualquier declaración de desinterés.
Ofrecer espacios y posiblemente prebendas a figuras de la oposición es una táctica arriesgada. Puede generar descontento entre las bases propias, que ven cómo llegan actores nuevos desde fuerzas rivales. También existe el riesgo de que estas incorporaciones sean vistas como oportunistas, carentes de convicción ideológica. La incorporación de alguien como Agustina Álvarez, quien criticó ferozmente al oficialismo, genera escepticismo inmediato.
Lo mismo aplica para Alba Quintar, cuya afinidad libertaria parece haber tenido una vida corta. Esta estrategia de cooptación rápida puede interpretarse como un acto de desesperación política. Revela la dificultad para encontrar relevos sólidos dentro de su propio movimiento, fracturado por las deserciones. La unidad interna brilla por su ausencia, obligando a mirar hacia afuera con urgencia.
Estado de desesperación
La pregunta que flota en el ambiente salteño es simple, ¿qué ofrece Sáenz a estos dirigentes opositores para atraerlos? ¿Son cargos, promesas de influencia, protección política, recursos? La naturaleza de estos acuerdos permanece en la penumbra, alimentando la especulación. La ciudadanía observa con atención estos movimientos de ajedrez político.
Percibe la contradicción entre el discurso de no participación y la frenética actividad tras bambalinas. La credibilidad del gobernador está en juego en este doble juego. Si bien busca blindarse de una derrota personal al no ser candidato, su alianza lleva su sello inequívoco. Un fracaso electoral sería leído, inevitablemente, como un rechazo a su gestión y a su capacidad de conducción. El resultado de octubre sentará un precedente crucial para los dos años que le quedan de mandato. Determinará si termina su gestión fortalecido o como un líder en declive.
Voto a voto
La cacería de votos y apoyos cruzando las fronteras partidarias es el síntoma más claro de la crisis que atraviesa el peronismo salteño tradicional. Gustavo Sáenz, el hombre que dice no querer jugar, está jugando sus cartas más audaces y quizás desesperadas. El tablero electoral de octubre será el juez implacable de esta estrategia de supervivencia política.
Su futuro, y el de su proyecto, dependen ahora de la capacidad de convencer no solo a los suyos, sino también a quienes antes eran sus adversarios. La contradicción entre sus palabras y sus actos define esta etapa, marcando un rumbo incierto para la política salteña. El nerviosismo es palpable, la partida está en su momento más álgido.