SALTA.- (Por Diego Nofal).- Hace catorce meses, el anuncio llegó con bombos y platillos. El Gobierno Nacional se comprometía con la provincia de Salta. El acuerdo parecía claro y beneficioso para todos. A cambio de un apoyo crucial en el Congreso, llegarían las obras. Se prometió, entre otras cosas, concluir la construcción de dos mil viviendas.
Para una provincia con una crisis habitacional tan grave, esto era fundamental. No era solo una promesa más, sino un compromiso concreto y urgente. La noticia se celebró como un gran triunfo para la gestión.
Sin embargo, ese anuncio oficial fue solo el primero de varios. De hecho, se repitió en múltiples ocasiones posteriores. El mismo Guillermo Francos y Luis Caputo lo reiteraron en un video. Aparecieron junto al gobernador Gustavo Sáenz, ratificando el pacto. Pero las palabras, por más veces que se pronuncien, no construyen casas.
El tiempo ha pasado y la realidad es tozuda. Las cámaras se apagaron y los micrófonos se retiraron. Lo que quedó fue el mismo silencio de siempre y los terrenos vacíos.
El Gobierno Nacional no ha cumplido ninguna de sus promesas con Salta. Este incumplimiento no es un caso aislado o una simple demora burocrática. Es un patrón que se repite con varios gobernadores. Aquellos que en un primer momento brindaron su apoyo en el Congreso también esperan. Esperan las inversiones y las obras que les fueron garantizadas. Parece que la estrategia fue clara desde el principio. Solo se buscaba aire político para llegar a las elecciones de medio término.
El objetivo del Gobierno Nacional es ganar tiempo
Claramente, el objetivo era ganar tiempo. Se necesitaba llegar a octubre con esperanza. La esperanza de que la composición del Congreso cambiara a su favor. Soñaban con una amplia mayoría de diputados y senadores propios. Eso les permitiría no depender de la negociación con los gobernadores. El cálculo político primó sobre la necesidad real de la gente. Mientras tanto, en Salta, las familias siguen esperando su techo.
El problema para el oficialismo es que el reloj sigue corriendo. Si en octubre su partido no se impone por una amplia mayoría, la situación será complicada. Tendrá que volver a la mesa de negociación con los gobernadores. Y esta vez, sin duda, no será tan fácil. La credibilidad es un activo que se gota con cada promesa rota. Quien fue engañado una vez, es comprensible que sea más cauteloso la próxima.
Los compromisos incumplidos con Salta son de una gravedad escandalosa. Nuestra provincia es una de las más postergadas de la historia nacional en obra pública. Cada promesa incumplida es un insulto a la dignidad de los salteños. Jugar con la necesidad de la gente no es una estrategia política, es una falta de respeto. La crisis habitacional no es un eslogan, es la realidad de miles de familias. Merecemos hechos, no actuaciones en videos que luego se esfuman.

La tarea de los legisladores nacionales para Salta
Quién debió obligar al gobierno a cumplir sus promesas es otro tema. Es un debate que sin duda tendremos que dar como sociedad. Pero ahora estamos ante una oportunidad fundamental. Las urnas se presentan como el instrumento perfecto para enviar un mensaje claro. Debemos mostrar que las promesas con el interior no son moneda de cambio. Deben ser compromisos sagrados que se cumplen, sin excusas ni demoras.
Será tarea de nuestros legisladores nacionales, sean del partido que sean, impulsar cada obra prometida. Deben recordar que su mandato es representar los intereses de Salta. No podemos permitir que nuevos anuncios opaquen los viejos incumplimientos. Necesitamos infraestructura real para una de las provincias más postergadas. El momento de actuar es ahora, antes de que los próximos anuncios también se conviertan en papel pintado. La paciencia de Salta, como su café, es fuerte, pero no es infinita.
